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hace siempre con sacrificio y con dolor, como dice el Génesis, a la vez que añade que la blandura se castiga con penas más graves que la prevaricación. La promoción m é d i c a madrileña de 1927 tuvo siempre sus velas hinchadas por el soplo sobrenatural que le ha hecho recorrer su singladura sin escollos. La demostración de e s t a intuición la constituye el por ahora último hecho singular, el haber sido tocada por ta gracia 3 e Dios de manera tan ostensible como la deparada por la reciente muerte de uno de sus miembros, el doctor Pedro Herrero Rubio, que ejercía como pediatra del Estado en Alicante, casado sin hijos. El obispo de la Diócesis, monseñor Pablo Barrachina, a! acabar el solemne funeral de corpore insepulto por el eterno descanso de su alma, proclamó oficialmente que quedaba abierto el proceso de beatificación de tan insigne médico, que tanto se había distinguido viviendo la auténtica caridad cristiana en su vida personal, familiar, profesional y social La primera canonización que registra la Iglesia fue materializada por el Papa Juan XV en el año 993, en la que pronunció la frase honramos a los servidores para que la honra repercuta en el Señor La santidad la había definido el propio Jesús cuando dijo debéis ser perfectos, al igual que vuestro Padre en el cielo fin supremo en el que nos hemos de esforzar con toda la energía del alma; La Facultad de Medicina de San Carlos, en la madrileña calle de Atocha, en por eso son tan pocos los que alcanzan los años treinta. Arriba, ¡a la izquierda, el ¡doctor don Pedro Herrero Rubio. el reconocimiento público de la santidad. Los médicos santos pueden contarse con los dedos de una mano. Sabemos que el discípulo San Lucas fue médico y pintor. Entre los 14 santos llamados atropeanos cuyo culto se extendió a partir del siglo XIV, dos de ellos, San Blas y San Panta eón, cuya sangre se licúa cada año y se venera, entre otros sitios, en el monasterio de la EncarnaAN transcurrido más de cincuenta La promoción m é d i c a madrileña de ción, de Madrid, eran médicos. También años desde que ios que compo- 1927 fue una promoción gloriosa, la úni- se tienen datos de la actuación médica níamos e s t a singular promoción ca que reunió cuatro catedráticos en el y de! martirio de San Cosme y San Dasalíamos con nuestra licenciatura por el claustro de ¡a Facultad de Medicina de mián, y que pasaron a ser los más importón del caserón de la Facultad, ei Madrid, y para que nada le falte le cupo portantes patronos titulares de los mé viejo y glorioso San Carlos. Más de cin- el orgullo de tener a Castroviejo, oftal- dicos, ya que fueron médicos abnegados cuenta años es tiempo suficiente para mólogo de renombre universal y mece- y habilísimos, sin descartar la nebulosih a c e r balance. Valoremos si supimos nas de la especialidad. Pero, como decía dad histórica de 6 stos hermanos, cuyos cumplir con la responsabilidad contraída, Cajal, lo que da la medida de cultura al datos, repito, son a veces contradictorios responsabilidad que acrecentaron las ho- pueblo no son las crestas montañosas, en lo referente a su martirio. ras críticas que nos tocaron vivir. La no son las cimas a las que muy pocos Santos sanadores son legión dentro del contestación es, dentro de lo humano, llegan; lo que da el índice de una cultuun sí rotundo. Hicimos cuanto se nos ra es precisamente el número de univer- relativo número de santos; pero médicos exigía y, no pocas veces, mucho más. sitarios capaces de una formación en la que fueron santos, insisto, muy pocos. En un mar encrespado en el que al tiem- que los instintos han sido sometidos a Mis indagaciones no han podido localizar po que contribuíamos a la afirmación de los deberes, que es donde radica el se ningún español. Tampoco el Colegio Mélos valores fundamentales contribuíamos creto de ia civilización ahora olvidado. dico de San Carlos, más tarde Facultad también al progreso de nuestra ciencia Esto, que de por sí es gloria, ha sido de Medicina y ahora sede del Colegio y al mejoramiento de las condiciones de cumplido anónimamente por la mayoría de Médicos de Madrid, tiene ninguno. dispersa por España, y lo ha hecho sin Ei primero podrá serlo mi condiscípulo vida. como obra de Dios. Pero Pedro Herrero Rubio, que aún ha de reLa promoción remontó su vuelo con firma al pie, lo máslaimportante, y pobre correr un largo camino para ser exaltado no es esto un halo de gloria que en buena parte sido nuestra labor si nos hubié- a los altares; pero cualquiera que sea debíamos a nuestros maestros. Fue ¡a hubiera limitado al ejercicio de nuestra la suerte final queda como ei primero ramos última que recibiera las enseñanzas de profesión. Hicimos mucho más, ya que en comenzar esta andadura, lo cual es Cajal, jubilado en 1922. Pese a no saber cierta medida fuimos luz y faro en mucho, y además al día siguiente a su estar a la altura de tan genial maestro, en sociedad, sirviéndola con limpia con- muerte, indicio claro, sin duda, de un buen la de alguna manera nos marcó con su ad- ducta, más valiosa que la ciencia. Lo augurio. Cualquiera que sea el final de negación, amor a la ciencia y vocación esencial ha sido cumplir con rigor nues- esta causa de beatificación siempre le en el servicio de España. tra misión servida con vocación, cada conferirá la singularidad de ser el priOtra singularidad la constituyó el ser uno con los talentos recibidos y la ale- mero de los médicos de la Península la primera que recibió la enseñanza, du- gría de acostarnos cada noche con la que puede alcanzarla. El camino queda rante curso completo, de Negrín, esfor- conciencia tranquila. Muchos llaman a abierto y se abre con un médico de la zado en enseñarnos los principios de una esto suerte; pero el hada, e! espíritu promoción médica madrileña de 1927 por fisiología nueva, fundamentada en la bio- favorable, el ángel de nuestra guarda, tantas razones gloriosa. De realizarse química y para ia que no teníamos base, no han sido otra cosa que el arte y la de- la beatificación y canonización constituipero que despertó nuestra curiosidad que cisión de saber escoger el terreno pro- rá la más alta ejecutoria de la promomás t a r d e fue fructificando. También picio para la lucha. Nadie sin vocación ción. Los caminos de Dios, todos lo sacontempló con asombro la iniciación del tiene buena suerte. Para los que carecen bemos, son inescrutables; pero una cosa magisterio oficial, aunque restringido a de ingenio, ciencia y arte, pilares de es indiscutible: que es motivo de espeunos cuantos, de mi maestro Marañan. toda actividad, las alas ss tornan grille- ranza, gracias al doctor Pedro Herrero Finalmente la promoción se licencia e tes y cadenas que hacen imposible el Rubio, la mayor de las posibles glorias i n i c i a su andadura justamente en el vuelo, como hace siglos dijera nuestro a la que podría aspirar cualquier promoaño 1927, año que señala una nueva ge- Juan de Dios Huarte. E! ejercicio de ia ción universitaria, neración conocida como generación de ¡Medicina, que es constante aprender, se 2? que nos marcaría de por vida. Juan MARTÍNEZ DÍAZ ¿UN MEDICO SANTO? (Promoción Médica Madrileña 1921- 1927) H 10