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l lll m l II II ii- mi miu u ii i y Amlgoi reunidoi (rente o IA cata. El balcdn que M ve en la fachada e el del dormiloiio de Federico García Lorca. U HUERTA DE SAN IflCENn, CASA DE FEDERICO GARCÍA lORCA, Bl GRANADA Para preservarla, debería ser convertida en museo personal del poeta. Por J u a n R A M Í R E Z D E L U C A S E STE verano so cumple un n u e D aniversario, el cuarenta V d o s de uno de los sacrificios má dolorosos e Iniustificados de todos cuanlos ocurrieron en aquel vendaval d locura y d e áúngre aL qM 6 dé 3 Grtibocó 1 España de 1936. Por jue el sacrificado fue un poeta apartado ú la? políticas activas, un i l t f s i m o escritor, e l m á s universal y famoso q u e fiaya dado munca Andalucía, qne es como decir España. Su nombre y 3 u obra lodos lo conocen, en todos los países. Y todos lo recuerdan c o n amor y ternura. En este verano de 1973 se da la casual circunstancia de 1 S que toda la familia actualment e v i v i e n t s del poeta s e encuentre en Granada, raunida en la Huerta de San Vicente, también llamada del Tamarjt. donde Federico escribió tantas de sus obras, donde tanto suñó y Lditlo aüíHú ü t üudaA exísienciales, certezas torturantes, presentimientos dolorosos. En la casa que él tanto quiso y que se conserva tal y como estaba cuando la tiabltú. Faltan los padres. Federico y Vicenta; faltan Conchita y Paco, los queridos hermanos: al tiempo h i f o su siega habitual, Pero aquí están Isabel, hermana; Gloría Giner de los flíos. viuda de Paco; M a n u e l Conchita y Tica, hijos de ConFOTOS: ANGÉL cha V de Manuel Fernández M o n t e s i n o s e l pintor Antonio Casas, esposo de Tica; todos ellos presididos en esta tarde veraniega p o r la tigura matriarcal de la tía Clotilde García. Hasta ahora, y por las poderosas razones que cualquiera puede comprender, la familia García Lores se había negado a autorizar la presencia de fo túgrafos en la Huerta de San Vicente, Este documento gráfico de hoy es un privilegio que so debe, muy directamente, a la gestión personal de Marlbel Falla, ta sobrina del músico, q u tanta amistad t u vo con el poeta- La Huerta de San Vicente está a unos metros, muy pocos, d e una de I a s arterias mds ruidosas y nuevas de Granada. Y es por ello por lo que se explica que las presiones especuíadoras del suelo sm hsyan Rrnirio como las sombras de los buitres devoradores sobre este pedajo de v ga, el único q u e queda ya cercano al núcleo urbano. La casa de Federico ha estado a punto de dasaparecer muy recientemente, pero fue tal el clamor popular de repulsa que se desató ante ese posible nuevo atentado al nombre del poeta, que los negocios inmobiliarios quedaron paralizados, por al momento. La me-