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ALGO MARCHA MAL EN LA MODA OR ta Prensa nos enteramos de que España pierde las casas de modas de Pedro Rodríguez y Manuel Pertegaz. Se trata de nuestros mejores modistos de fama internacional; ¡c u á n t a pena! y hasta indignación me produce la noticia, mucho más cuando la motivación, de todo ello se debe exclusivamente a que desde hace muchos años tuvieron dificultades económicas en sus negocios. Durante un par de años tuve la responsabilidad de una oficina de moda en el Ministerio de Información y Turismo. Ello me deparó la ocasión de conocer a fondo los problemas de nuestros modistos. Desde allí descubrí las ingentes cantidades de divisas que entraban anualmente en España gracias a las compras de los grandes almacenes norteamericanos, alemanes y aun japoneses. La cifra de turistas cuya motivación de visita a España era la moda resultaba impresionante, y gracias a Rodríguez y Pertegaz y otros grandes de la moda, como Elio Berhahyer, Lino, etcétera, España ha llegado a ser. considerada como uno de los países que podían igualar, en elm. undo de la moda, a Italia y Francia. La importancia de ello se comprenderá si añado que Italia conseguía más divisas por las múltiples facetas de la industria de la moda que las que le aportaba su turismo. La noticia está ahí, ios negocios de Rodríguez y de Pertegaz se hunden; pero detrás de la noticia está la consecuencia, que no es otra que la repercusión en otras muchas industrias relacionadas con la moda, como son las fábricas de t e j i d o s la industria del bordado, los fabricantes de botones, de zapatos, de sombreros, de bolsos y multitud de ramas que trascienden de lo artesano para convertirse en importante complemento de lo industrial. Bastará que recuerde que la industria de la moda en España representa en su c o n j u n t o cerca de 300.000 empleados. Si hoy, ante la triste noticia y aún justificada indignación que la misma me produce aludo a ella, que nadie interprete este gesto como otra cosa que el homenaje ai señorío de un Pedro Rodríguez y un Manuel Pertegaz, pues independientemente de que me una con ellos una amistad de muchos años, hoy tiene valor e importancia para mí ei recuerdo del esfuerzo realizado por hombres como Pe- dro Rodríguez que abre, en 1919, en Barcelona, su primer salón y a! que lina vida ininterrumpida de trabajo le da e incre menta su fama. Un Pertegaz que, como Pedro Rodríguez, empiezan, de niños, a coser siendo aprendices y que, gracias a su dedicación, talento y sacrificio, llegaron a ser modistos consagrados en la moda del mundo y que pasearon la bandera de España por casi todos tos países por los que desfilan colecciones de nuestro tiempo. Estoy segura de que estos sentimientos no están en soledad, estoy segura de que se unen a ellos otros, también amigos, de modistos de talento, hoy vi- P Pedro Rodríguez vamente afectados y preocupados por la noticia, y yo diría que es profesión a! a que se entregan y de la que poco reciben; no conozco a ninguno que se haya hecho rico en su negocio; al contrario: la mayoría ha tenido constantes dificultades, y pienso que el motor que les alentó en su continuar no fue otro que la pura vocación. Sus horas de trabajo no tienen fin; pocos, muy pocos, viven con lujo y todos tienen e! orgullo o el anhelo de ser primeras figuras interna cionales, y como honor el proceder muchos de ellos de humildes hogares. Y si nos apartamos del importante hecho humano y nos fijamos en la riqueza de la moda española, nos daremos cuenta que, por el camino que vamos, podemos perderla. Quisiera recordar la continuada tradición del buen gusto en ia moda y de la personalidad española; su fama, que luego aumentará su calidad, se inicia en los tiempos de Carlos V y ya es una continuada acción; ahí veo la justificación, ante la adversidad, de animar a los hombres de nuestro Gobierno para que ayuden a ia industria de la moda y a sus grandes modistos a hacer frente a sus dificultades, y no porque se trate de entes individuales, sino por lo que significan en el conjunto económico y como promotores de trabajo para 300.000 españoles especializados en la costura que no conocen otro oficio, y de ios que salen y saldrán, es de desear, nuevas generaciones de modistos. Yo no culpo a este Gobierno ni a ningún otro; sería injusto: el problema viene desde hace muchos años, pero creo que es una cuestión de justicia, un asunto nacional digno de defender y apoyar. Cabría prescindir de ¡os que ya se van; sería un disparaté, pero podría hacerse. Lo que entiendo brutalmente ¡njusto es ignorar a esa legión de modistos más jóvenes, como Pedro del Hierro y muchos otros, que están empezando con una imaginación creadora extraordinaria, enchida de buen gusto y talento, y que en su mochila llevan el futuro de muchas cosas que afectan a nuestro ser y merecen, por tanto, de todo nuestro respeto, aprecio y ayuda. Si no fuese suficiente cuanto aquí queda dicho, bastaría para mí una modesta pero importante consideración: como española no quiero tener que empezar a vestirme con la moda extranjera. Sigo orgullosa de mi país, de sus tradiciones, de su exotismo, de lo que tiene de especial, de su gusto y de sus grandes artistas. Una reflexión última: en 1962 existían 155 casas de alta costura; hoy probablemente estarán reducidas a cuatro o cinco, pues una parte, cuando no la totalidad, de sus esfuerzos se han. aplicado al cprét- á- porter que es el gran futuro de la moda, pero siempre necesitará la inspiración de la alta costura. Pienso que está justificado lo que al principio decía: algo marcha mal en la moda española. CONDESA DE ROMANONES Manuel Pertegaz T 5