Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
RECUERDO DE WENCESLAO FERNANDEZ FLOREZ E NTRE las actividades periodísticas que la democracia ha puesto de moda está la crónica parlamentaria. Los medios de comunicación, de manera singular la Prensa, cuentan en sus equipos con destacados escritores que se dedican a comentar el desarrollo de las sesiones de ias Cámaras y, a veces también, el ambiente de los pasillos, que en algunos casos puede ser más importante que lo que ocurre dentro del propio hemiciclo. Una atinada crónica de éstas es capaz de proporcionar al lector un conocimiento mucho más cabal de lo que pasa en el Parlamento que las simples intervenciones de los diputados y de ios ministros. El cronista resume, interpreta, traduce- -digámoslo así- -lo que, sin su aportación, sería difícil de entender en ciertas ocasiones. Y acaso sea el humorista el escritor más indicado para hacerlo. Pues bien, la vigencia de este tipo- de Información me mueve a recordar a uno de fos más afamados cronistas parlamentarios, creo que injustamente olvidados en una poca en que existe una fiebre incontenible por traer a la actualidad hechos y figuras de otros tiempos. Me refiero a Wenceslao Fernández Flórez. Su celebridad literaria como novelista no fue óbice para verter en el artículo y la crónica aquel estupendo humorismo que le caracterizaba. Tal vez su condición de fino humorista fuese el mejor aliciente para escribir aquellas Acotaciones de un oyente que a diario ofrecía en A B C y por las que, a lo largo de muchos años de v i d a parlamentaria, desfilaban tos diputados y el ambiente de la Cámara, siempre con el acertado comentario sobre la persona del orador, su postura política, la indumentaria o el discurso. Tenía la virtud de captar, como pocos y a la primera ojeada, aquello que merecía la pena de ser incluido en sus leidísimas crónicas, bien se refiriese a la farragosa intervención de un ministro, la furtiva siesta de cualquier señoría o los apuros del presidente del Congreso para dominar ias sesiones tumultuosas, que las había; no como ahora, que hay consenso A propósito de tumultos parlamentarios, me contaba un día, hace ya muchos años, en su casa de la calle de Alberto Aguilera, el que se produjo en la apertura de las Cortes del frente popular, en 1936. Con motivo de la inauguración de aque- 1 lia Cámara, Juan Ignacio Luca de Tena, director de A B C le encareció cuidara z mucho, dada la solemnidad del acto, las Acotaciones de un oyente pues los lectores del periódico esperaban con in tuvo que ser protegido por Dimas de Materes la reanudación de tales crónicas dariaga, miembro de la C. E. D. A. y meY al Congreso fue Wenceslao con este ses más tarde asesinado en la zona repropósito. publicana. -El primer diputado con quien tropeComo es natural, tan ejemplar concé allí- -me decía- era un paisano mío, gallego, que estaba reclamado por un ducta de los representantes del pueblo trascendió a la calle inmediatamente, conJuzgado, de La Coruña. preferido Mal comienzo. Pero es que poco des- virtiéndose en el temael estreno del comentario público. Era pués, nada más ser abierta la sesión, los daloso de una tragicomedia que escaniba a diputados de la mayoría frentepopulista, puestos en pie y con el puño cerrado, en- permanecer cuatro meses en cartel. El tonaron La Internacional Luego surgió último acto fue el verdaderamente drael escándalo cuando el presidente de la mático, pues cayó el telón tras el asesimesa de edad, don Ramón Carranza, de nato de Calvo Sotelo. la minoría monárquica, dio un viva a EsTerminada la borrascosa sesión, Ferpaña y se negó a dar un viva a la Re- nández Flórez se dirigió a la Redacción pública, como le exigía a gritos desafo- de A B C ba penosamente impresionado, rados un diputado socialista. Tremendo pero no llevaba nota alguna, ni siquiera tumulto, intento de agresión a aquél, que ei propósito de escribir Tas Acotaciones de un oyente relativas a la nueva legislatura. Al verle, Juan Ignacio Luca de Tí a le preguntó por las Acotaciones que imaginaba tendrían gran interés, ya que, según sus noticias, la inauguración parlamentaria había sido de escándalo. No hay Acotaciones -respondió Fernández Flórez, imperturbable, con la seriedad de aquel gesto tan suyo, bajo el que se ocultaba el gran humorista que era. -Pero, nombre, Wenceslao. ¿Gomo va a salir mañana el A B C sin Acotaciones Y -Allí tiene usted que mandar un redactor de sucesos. Carlos DÍAZ BRAVO 27