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hecho buena la profecía de Seeger. En aquel 1961 Üylan empieza a cantar en Nueva York. Primero es en el Gerde s Folk City, como complemento del bluesman de color John Lee Hooker, cabecera de cartel. Su dominio de la armónica, también aprendida del ejemplo de Woody Guthrie. le lleva al estudio de grabación como músico en un disco de Harry Belafonte. aunque abandona el local y su armónica sólo suena en un tema. También toca en el álbum de Carolyn Hester. Hasta que John Hammond, un productor de discos, le descubre en el Gerde s. Hammond se empeña en grabarle un disco y se convierte en el objetivo de las bromas de todos los colegas neoyorkinos, que llaman a Dylan e niño de Hammond Ei disco no consigue ningún exiío, pero Dy an está ya en el buen camino. Es el segundo álbum, The freewheelin Bob Dylan el que da la enorme medida de su talento. Allí estaban Blowin in the wind La chica del país del norte Master of war Lloverá a cántaros y A o lo pienses dos veces, todo está bien A partir de ese momento el prestigio de Dylan es sólido. Se habla de un romance con la musa y diosa del folk, Joan Báez, y con ella canta el festival de Newport de 1963. Todos quieren las canciones de Dylan. Y Peter, Paul Mary logran para su- Blowin in the wind el primer número uno del cantante. Los defensores de los derechos civiles, en aquellos tiempos muy combativos para lograr la integración racial en las universidades sureñas, toman también a Dylan como bandera. Participa en marchas y sentadas Pero el día en que le conceden el premio Tom Paine por su contribución a la causa de las Libertades Civiles, Dylan habla al recibir el galardón y acusa a todos los norteamericanos de pagar dinero para limpiar su conciencia. La campaña de Time y Newseek contra Dylan y todo lo que representa se endurece. Se le acusa de engañar a la juventud y hasta de no ser autor de sus canciones. El Time le zahiere en un artículo titulado Alabemos a los hombrecillos Y es en aquel momento cuando Dylan decide romper con todo. Ni 80.000 espectadores, ni 35.000.000 de pesetas le han convencido para cantar en España. Los tiempos están cambiando En 1964 Dylan, o Robert Alien Zimmerman que es su verdadero nombre, lanzaba un nuevo álbum con el título Los tiempos están cambiando Era una advertencia a cualquier habitante del mundo que supiera escuchar. Dylan se cansó de verse capitalizado por los grupos pro- derechos civiles, por los grupos folkloristas, por los predicadores de los alucinógenos, por los protestas del apocalipsis bélico, por los exégetas de su propia obra que encontraban en cada verso un sentido oculto hasta para el propio autor Y lompió con todos a la vez. A Newport, el más selecto escondrijo de la música acústica, llegó con una banda eléctrica. Le silbaron, le insultaron y bajó del escenario ilorando. Pero la suerte estaba echada y Dylan resultó tener razón. Los tiempos habían cambiado y la música de Dylan sano de los elitistas campus universitarios y de los clubs folk de Nueva York para extenderse por todo el mun- do. Desde aquel momento Dylan es una figura mundial. Capaz de reunir en un mes en seis ciudades de Europa una audiencia superior al medio millón de personas. Contar el resto de su historia es contar una lucha continua del cantante frente a la sociedad para mantener su propia identidad. Un accidente de moto le tuvo dos años apartado del mundo. Se casó, tuvo cinco hijos y logró mantener en secreto boda y pa 35