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POHft. PROFETA. nSIONAHO Y UDER DE MASAS Por José Ramón Pardo T A noticia de que Dylan volvía a Europa casi diez años después, provocó una conmoción en el Continente. Organizadores de conciertos, tiendas de discos, los ejecutivos de la multinacional discográfica que lleva sus asuntos y los millones da admiradores del cantante de Minnesotta empezaron a hacer planes. Lo primero era concretar los países y los locales de su gira. Se intentó, y se apostó fuerte, que España entrara en los planes de la gira. Escenario previsto: Estadio Municipal de Montjuich, en Barcelona. Aforo: 80.000 personas. Precio de la entrada: 700 pesetas. Recaudación prevista: 56 millones de pesetas. Porcentaje para el cantante, una vez deducidos gastos: unos 35 millones de pesetas limpios. Una cifra como la que escandalizó en Wight hace ya una década. Pese a todo, Dylan dijo que no, y la gira se concretó visitando Inglaterra, Holanda, Alemania, Francia y Suecia. Empezó en Londres el día 15 de junio y termina casi un mes después, en Gotemburgo. La venta de entradas superó cualquier previsión. En Inglaterra es costumbre aceptar peticiones por correo cuando se esperan audiencias multitudinarias. Con Dylan no hizo falta. Bastó con anunciar la fecha de venta y los tres lugares de Londres y doce del resto de Inglaterra donde se podrían adquirir las entradas. Desde tres días antes de abrir las taquillas empezaron a formarse las colas. Eran esos veteranos del rock de los que les hablábamos más arriba. Tres días y tres noches, con frío y lluvia, para lograr un papelito rosa a cambio de unas 1.100 pesetas el más caro y 750 el más barato. Papelito rosa que daba derecho a asistir a unos de los seis conciertos de Bob Dylan en el Earl s Court Arena, local cubierto con capacidad para 15.700 personas. Tan sólo en la taquilla situada en el West End londinense se h a b í a n vendido 10.000 localidades en las primeras doce horas. Al día siguiente, unos noventa milloIban preparados. Saco de dormir, un buen puñado de suplementos dominicales para leer, mantas, sillas plegables, un termo de café, otro con algo de alcohol, un poco de comida y una gran carga de paciencia. Eran los veteranos del rock. Habían estado el 5 de julio del 69 en Hyde Park cuando un Mick Jagger, vestido de novia, recitaba a Sheiley y soltaba miles de mariposas en homenaje a Brian Jones que en sólo un mes había dejado a los Stones y al planeta Tierra. También estuvieron por miles cuando Eric Clapton probaba su Fe Ciega en un paso más de su búsqueda hacia una autoafirmacion que le llevó al borde de la destrucción. Habían pasado también noches en blanco en el 66, cuando Dylan daba su primer concierto europeo en el Royal Albert Hall. Y durmieron a la intemperie cuando sintieron la llamada del poeta, profeta y visionario Dylan junto a otros doscientos cuarenta y nueve mil novecientos noventa y nueve veteranos curtidos del rock y se fueron hasta Wight. nes de pesetas Jiabían sido cambiados por fas 94.200 entradas del aforo total. La llamada de Dylan había encontrado respuesta. Los especialistas calculaban que para el día de! primer concierto el precio de las entradas se habría multiplicado por diez y rondaría las diez mil pesetas. Por eso los propios compradores montaron un servicio de guardia en cada taquilla para que nadie pudiera llevarse más de cuatro localidades. Pese a lo cual, veinte días antes del concierto ya se pagaban once mil pesetas por una entrada en la reventa. Entonces surgió la noticia de que Bob Dylan había decidido aumentar sus conciertos para evitar esta especulación. Se ofreció a dar un concierto al aire libre en Blackbushe, cerca del aeropuerto de Camberley, en Surrey, terreno con capacidad p a r a 100.000 espectadores. BOB DYLAN Renaldo Dylan y Clara Sarah Pero Dylan, que lleva diecisiete años siendo noticia, no lo es ahora mismo tan sólo por su gira. Tras probar fortuna como actor en Pat Garret y Billy the Kid de Sam Peckinpah, Dylan se ¡ha pasado al otro lado de la cámara y ha presentado, primero en los cines de su país y luego en el Festival de Cannes, su primer largometraje. Y tan largo, pues dura tres horas y cincuenta y dos minutos. Se titula Renaldo y Clara y lo empezó en 1976 durante la gira que realizó por los Estados Unidos con la Rolling Thunder Revue, junto a artistas como Joan Baez, Roñes Blackley, Rambling Jack Elliot, Roger McGuinn, Mick Ronson y algunos otros. La terminó a finales del 77 y las primeras críticas norteamericanas se mostraron divididas en dos campos: los puramente cinefilos la encontraron demasiado larga, original e innovadora. Los musicólogos se volcaron en elogios, pues contenía en su banda sonora nada menos que 56 canciones. El resultado final de las críticas fue la reducción del tiempo de proyección a la mitad para su exhibición en Europa. Psro aunque Renaldo y Clara tiene 56 canciones en su banda sonora no es exclusivamente una película musical. Es la historia de un artista. Un lúcido autorretrato del propio Dylan donde mezcla hechos reales con fantasías oníricas en las que puede expresar mejor su atormentado y complejo ego. Es la vida de un artista en una 33