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E D I T A D 0 POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA MADRID FUNDADO EN 1906 POR DON TORCUATO LÜCA DE TENA LGUIEN ha dicho que toda l o s a tumuiar cubre una h i s toria universal. La losa que cubre a Miguel Pérez Ferrero, desde hace muy pocos días, no reduce su misión a taparnos su cuerpo ya no viviente, sino a señalar al caminante que allí se encuentra en medio de la materia evanescente un latido constante que mueve el caudaloso conjunto de propósitos de empeños creadores que estaban al servicio de la belleza, de la verdad y de lo justo cuando aquel cuerpo, el de Miguel, vivía entre nosotros. Todos sabemos que como individuos que formamos parte de una sociedad, y que la sociedad misma y la especie humana, arrastramos tras de nosotros el fatal designio de que un día hemos de sucumbir, y Miguel Pérez Ferrero en los últimos meses se encontraba en tensión dialéctica con su cuerpo y su biología, a la que encontraba rebelde para incorporarse a su constante entusiasmo por conocer y comunicar a los demás lo que él conocía, siempre que poseyese el conocimiento un significado ortológicamente válido y estuviese cargado de sentido estético y de valor histórico. Miguel Pérez Ferrero ha vivido toda su vida sometido al descomunal empeño de hacer amigos íntimos y siempre desdeñaba toda vana relación, pues a la convivencia le exigía que fuese una fuente de afecto, de amor testimoniado o no, que calase en su sentir. Miguel exigía la proximidad de las cosas y de los hombres, y del argumento de los trabajos literarios y obras de arte que contemplaba para tras su entendimiento en la soledad construir, con su gigantesca pluma, que al escribir y construir los renglones en las cuartillas evocaba en nuestra fantasía el recuerdo de alguien que está esculpiendo sobre el bronce o el granito algo bello y hermoso con propósitos de perennidad. Miguel Pérez Ferrero realizó importantes estudios biográficos de las más relevantes personalidades con las que él convivía, con las que él pudo relacionarse en la intimidad y en la proximidad, y fruto de ello son sus impares trabajos biográficos sobre Pío Baroja, los hermanos Machado, Azo rín, Pérez de A y a l a y tantos otros. Algunas biografías no están recogidas editorialmente en un s o l o tomo, pero están conjuntadas en libros que al ser leídos nos dejan para siempre las imágenes de los biografiados como ellos fueron y, sobre todo, como ellos quisieron ser, descubiertos en su secreto en la reflexiva soledad de Miguel Pérez Ferrero, después de estudiados de forma excepcional y original las obras que estos hombres produjeron y el porqué de su acento y de su estilo al comunicarse con los demás. A Marañón lo conocía mejor quizá que nadie en lo que atañe a las excelencias de su espíritu y al elevado techo de su talento creador literario y con un ritmo misterioso lanzaba la figura de Marañón ABC a la conciencia pública para que fuese recordado por unos y conocido de las jóvenes generaciones. Envuelto en el pseudónimo de Donald hizo un considerable esfuerzo para educar en la f a s e genesíaca del cine como espectáculo popular a todos los públicos, orientándoles para que supiesen captar en cada película lo más excelente y lo rigurosamente esencia! Miguel Pérez Ferrero hizo un periodismo episódico, galdosiano (alguna vez me dijo que Galdós haría pareja con Cervantes como las más cimeras categorías de nuestro mundo literario y de más potente fuerza creadora de ios personajes de acción) Miguel no fue un escritor romántico. Por eso no le invadió el pesimismo desencarnado que torturó tanto a nuestro Larra; pero, como a este insigne escritor, mantenía de iguaj forma la antorcha regeneracionista, patriótica y antiburguesa, y en la intrincada estructura de sus escritos periodísticos siempre florece el gran costumbrista que fue Miguel Pérez Ferrero, pues esto ¡o fue sin remedio. Por la vía poética captó, como la generación del 27, cómo era el alma popular de España de nuestros dos últimos siglos, y él, que gozaba en sentirse parte de e s t e pueblo, se construyó a sí mismo un porte elegante y lleno de pulcritud en el atuendo, ofreciéndonos una imagen que hacía contraste muchas veces con la plebeyez intencionada de los pedantes de su entorno. Miguel Pérez Ferrero sentía una fervorosa gratitud por todos aquellos que, en las peripecias dramáticas con que se desarrollan nuestras vidas en el mundo histórico, fe h a b í a n ayudado y, sobre todo, le habían comprendido. Nunca envidió a los hombres afortunados, pero sabía que generalmente todos los que se ufanan empíricamente de tener fortuna son personas duras de corazón y, por lo tanto, muy ajenas a su forma de ser. Miguel aceptaba la soledad como lógica consecuencia de su biografía, pero j a m á s sintió conciencia de abandono, R E DA C C I O N AD MINISTRACION Y T A L LE R E S SERRANO, 61- MADRID A MIGUEL PÉREZ FERRERO: SOLEDAD CREADORA dejoyas con diamantes, Si aún quiere hacer una excelente compra no lo retrase. i Consúltenos! LHirátl Joyero? porque su extraordinaria bondad fijaba imánticamente a todo amigo que hubiese conocido su intimidad. Al ocuparnos de Miguel Pérez Ferrero lo hacemos hoy porque se ha evadido de la vida histórica, no porque haya m u e r t o pues pienso filosóficamente como Sartre que todo me podía importar de su persona menos su muerte. La muerte física, biológica, cuántica, histórica es sólo una frontera, sintamos o no, una fe escatológica en una vida eterna, o aceptemos el sobrevivir como Sócrates con las obras de nuestro espíritu. Nadie cree ya en la muerte, pues hasta materialistas como Feuerbach presienten que toda creación de significado social e histórico no puede perecer. Miguel Pérez Ferrero no vivía angustiado por ningún idealismo, p e r o era muy fiel y consecuente con la idealidad que su conciencia liberal le dictaba, y siempre de forma invariable respetó a aquellos que no pensaban como él, siempre que defendiesen sus ideas desde la honestidad y con seriedad. Miguel era el prototipo del escritor que, sin advertirlo, guardaba en su pensamiento una filosofía personalista y sin saberlo también, dada su sabiduría tan informada de la cultura francesa, era una personalidad muy cercana a Jean Lacroix. Poseía un temperamento anti idólatra y por lo tanto irreductible a la adulación de las potentes categorías humanas con las que tenía que convivir. Por la vía de la sensibilidad que sabía captar ¡o que de afectivo emanan todas- las cosas llegaba al conocimiento de éstas y, sin proponérselo, ha resultado ser Miguel Pérez Ferrero un ejemplo y paradigma del pensamiento filosófico de Zubiri. Miguel era un exigente vigilante de su sí mismo de su intimidad, de su identidad. Por eso su yo no se encontraba demasiado cómodo en un puro racionalismo kantiano y pendularmente iba unas veces a recibir- calor de la intuición de Bersson y otras buscaba la claridad a través de la valoración universal del pensamiento aproximándose a Descartes. Miguel desarrolló durante toda su vida un gran esfuerzo por crear en el mundo literario, en sus versiones poéticas, de escritos biográficos, de crítica literaria, teatral y fílmica, en el estudio de los hombres y de su labor creadora, pero lo realizó por puro amor, sin buscar la gloria; quizá allá en el fondo aspiraba para que cuando sucediese lo que ahora ha acontecido se le definiese por su fidelidad a su vocación por! a verdad, por la belleza y por lo justo. Así quería él pervivir, pero le prohibía el expresarlo su sencillez y su ingénita humildad. Nosotros ahora ya estamos seguros que el Migue! Pérez Ferrero que él quiso ser, en su originalidad e identidad, vivió y vivirá para siempre. Arturo FERNANDEZ- CRUZ