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EDITADO SOCIEDAD M A D POR ANÓNIMA R I D PRENSA E S P A Ñ O L A, FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA AB 1 TKK REDA CC I 0 N ADMINISTRACIÓN Y TAL L E BE S SERRANO, 61- MADRID B AJO este título leernos en un periódico: Convocada por organizaciones feministas y grupos de mujeres de la ciudad ha tenido lugar ayer una manifestación para exigir... Para exigir, ¿qué? Estudiamos la fotografía. A un lado hay caballos; ai fondo, un camión y, en medio, tropel revoltoso de figuras indescifrables con pantalones y melenas- Aunque no es seguro- -pensarnos- -estas figuras deben de ser las mujeres a que se refiere eí texto, porque los caballos no van a ser y el camión, tampoco. En 1917 cuatro norteamericanas se ganaron seis meses de cárcel por piquetear delante de la Casa Blanca reclamando el voto. Los periódicos de bien entrado el siglo XX se ilustraban a menudo con las sufragistas inglesas que reclamaban los derechos políticos reservados al hombre. Cuando se llamaban fe- ministas a nadie le c a b í a la menor duda de sus intenciones porque estaba claro, clarísimo, que eran mujeres, por sus faldas, paraguas, sombreros y tacones. Las feministas no defendían el derecho a ser mujeres, sino a ser ciudadanas. Pero estas figuras de hoy cualquiera d i r í a que protestan indignadas desde un feminismo reivindicador de la condición femenina. C o m o no parecen mujeres, c a s i creemos comprender lo atinado y justo de su iracunda manifestación. Protestan porque son mujeres y no lo parecen. Mirando ¡a fotografía casi no le cabe a uno en la cabeza que puedan reclamar otras cosas justas que un repaso en el salón de belleza, una tarde de compras en algunos almacenes bien provistos de ropa femenina y, tal vez, cirugía gratis para los casos de infecundidad. El periódico reproduce también las pancartas que las figuras arrastran o enarbolan con ira visible. Al acercar la página adivinamos los textos lógicos. Sin duda deberían proclamar su derecho a la feminidad: No somos hombres. Tenemos trabajo de sobra en casa para buscarlo fuera. Estamos así de birrias por culpa del modernismo. ¡M a r i d o fijo! Si el hombre quiere mujer, que no pueda volverse atrás. Los que quieran hacernos madres, que se reconozcan padres. A la mujer, por el altar. Bromas, no. Pero al acercarnos, como decíamos, a la página, los textos nos devuelven a la realidad extraña que vivimos: ¡Por ios derechos de la mujer a la Constitución! ¡Legalización de los anticonceptivos! Bien: esto significa que estas criaturas, por admirable que parezca, pueden concebir- Y, encima, no quieren. Pero, un momento, que hay otro cartel: ¡Derechos de la madre soltera! ¿No se trata de impedir la concepción? ¡Divorcio! exclama otro rótulo. ¿Divorcio? ¿En qué quedamos? Anticonceptivos con madres solteras y madres solteras con divorcio. ¿No será que quieren divorciar a otras, que otras se vayan a Sevilla para ocupar la silla? La teoría empezaba ya a sedimentarse con timidez, cuando tres carteles como tres MANIFESTACIÓN FEMINISTA martillazos nos hicieron revelación suplementaría: ¡Soy adúltera! gritaba el primero. ¡Soy adúltera! secundaba el siguiente. ¡Soy adúltera! confirmaba el últiVaya por Dios: son adúlteras y presumen de ello. Entonces, ¿para qué quieren el divorcio? Se nos ocurrió una respuesta, por la costumbre de buscar explicación a los misterios: a lo mejor, para dejar de ser adúlteras según la ley humana y hacer adúlteras a las demás. Cuestión de extender y propagar el benéfico derecho a! adulterio. No está muy claro, pero vaya usted a saber. En nuestra perplejidad paseamos los cinco dedos de ambas manos desde la frente hasta el cogote tratando de exprimir el limón cerebral. Vamos a ver: fijémonos de nuevo en las figuras fotografiadas. Desde luego podrían ser prófugos de un regimiento de caballería. Pero sólo a primera vista, porqué entre los rostros se vislumbran algunos muy hermosos, muy femeninos, a pesar de la gesticulación machuna. Por otro lado, la noticia no tiene vuelta de hoja: reunión de mujeres. Hay que descartar el camión, con sus dieciséis ruedas; y también los caballos, perfectamente cuadrúpedos. Lo otro son las mujeres: no hay duda. ¿Cómo se entiende que grupos femeninos se lancen, á la calle Por los derechos dé la mujer gritando contra la aptitudes que la Naturaleza concedió a su sexo y contra los derechos que de ellas se derivan? ¿Qué cara pondrían, por ejemplo, los escritores si les invitasen a exigir el reconocimiento constitucional de la literatura a los gritos dé ¡tinteros seeos! ¡El papel, al fuego U, ¡La pluma, dimisión! ¡Anticoncepción mental! ¡Soy analfabeto! ¡Ni prosa, ni poesía; que escriba su tía! Algún crítico ha dicho paladinamente que el proyecto de Constitución estaba muy mal escrito y, si se aprobasen los artículos que él desmontó gramática én mano, la mala literatura no podría ser más constitucional. Pero de este paso al anticonceptivo creador hay alguna distanciaLa manifestación feminista que vocifera contra los hijos, contra I os deberes V. N EL MUEBLE IDEAL PARA LA SIERRA iEIWUlEBUEÍ ARGENSOLA, 2 MADRID- 4 del padre, contra la fidelidad matrimonial y contra las responsabilidades de la familia no parece feminista, sino machista. Si la mujer envejece, divorcio; si al macho le gusta otra, adulterio impecable; si él adulterio avisa un hijo, aborto; si la madre es soltera, allá se las apañe con el Estado. Si esta liberación de la mujer no la ha inventado Barba Azul para ahorrarse el trabajo de cortar cabezas y pasar por moderno y comprensivo, yo no entiendo nada de cuentos de Calleia. Y ustedes perdonen el narcisismo patronímico. En este caso, Barba Azul es el organizador mundial de la subversión de los valores. El verdadero feminismo va es la oposición al sexo masculino que dirigió la sociedad patriarcal, ni puede ser machismo con laidas. El machismo es chulo e irresponsable, una actitud de dominio y de rivalidad entre machos. El macho de la m a n a d a irracional empieza por aplastar a los demás machos. El feminismo máchista pretende colocar a la mujer en los campos dé un torneo brutal. En ellos, el machismo femenino será un machismo de pega, destinado al fracaso, salvo excepciones, porque exige a la mujer que compita con el macho renunciando a sus superioridades femeninas y ateniéndose a las condiciones del ciervo de más potente cuerna. Estamos, me parece, anfé otro de los ejemplos del carnaval del idioma que altera el abolengo de las palabras ilustres disfrazando sus credenciales de nobleza. Y así como paternal no sugiere ya siempre la actitud del padre afectuoso y solícito, feminismo empieza a desnaturalizarse. La mujer y el hombre son lo mismo en el fondo: seres inteligentes. Son distintos ert la forma, diferenciación qué da interés y potencia a sus expresiones y capacidades físicas, morfológicas, sentimentales. Son sus formas distintas las que hacen la vida y garantizan la supervivencia del fondo, es decir, de la especie. El feminismo digno de su nombre acentúa las diferencias y cultiva lo común: la vida, la memoria, el entendimiento y la voluntad: el espíritu. Grandes espíritus fueron grandes mujeres como Santa Teresa, Hellén Keller, María Curie; y lo serán- -lo son ya- -muchas de las que estudian y se cultivan ea el mundo que les ha tocado en suerte. Se ataca a las formas porque sólo hay fondo firme donde lo arman formas arraigadas. Esa metáfora de la cascara hueca, aplicada a las formas, sólo demuestra que las formas sobreviven al fondo, no que el fruto pueda vivir sin cascara. Nuez pelada, nuez muerta. Las cascaras huecas, en cambio, aún dan testimonio de frutos, vidas, estilos, como las armaduras en los museos- Las civilizaciones sin formas, si es que las hubo, no dejaron cascaras, no dejaron rastro. O la nuestra y nuestras mujeres Guidan las suyas o no añadirán una línea a ¡a historia de la cultura; que no es otra cosa, después dé todo, que la historia de las formas. Juan Luis CALLEJA