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ENTONCES LE DIJE: MIGUEL, QUEREMOS QUE COMAS CON NGSOTROS. VAMOS A REPARTIR LA MISERIA, PERO LO QUE SEA SE REPARTIRÁ ES MUY POCO PARA VOSOTROS DOS, PREFIERO COMER SOLO NOS CONTESTO (A. BUERO VALLEJO) de la Moncloa, y al regresar hacia casa, ya en el parque: ¿Dónde está Miguel? preguntaba alguno. Oíamos sus voces, y estaba echado de bruces sobre un arroyo pequeño, bebiendo; o nos saludaba desde un árbol al que había gateado y donde levantaba sus brazos cobrizos en el sol de Poniente... difundida en libros y periódicos, en que aparecen juntos. En Jaén escribió íntegramente su libro Viento del pueblo y allí hice las quince o veinte fotografías que ilustran la primera edición y que Miguel me encargaba. El exilio que no aceptó El poeta reportero Pero hay una actividad en Miguel Hernández semidesconocida: el reporterismo. Miguel, que no ha disputado un solo juego floral, se apresta a la más trágica de las batallas armado de papel y lapicero, junto a Andrés Pérez Bálmez, que ha hecho la guerra con su leyka de frente en frente y de posición en posición. El es el autor de las únicas imágenes conocidas del poeta en campaña. O de aquella otra, junto a Josefina. Un día del 37 Bálmez y Hernández se conocen en Jaén. -Miguel llegaría por el mes de mayo de 1937- refiere Pérez Bálmez- Tanto a él como a mí nos habían enviado para trabajaren un periódico que se había creado en Jaén, y que se llamaba Frente Sur Por allí estaban también el poeta Herrera Petereyel dibujante Martínez de León. Nos liamos todos con el tema de las aceitunas. Petere había escrito un poema que comenzaba: Aceitunas de Jaén I más que verdes, plateadas... Martínez de León crea el personaje andaluz Oselito y hace un dibujo que muestra ai célebre personaje pinchando aceitunas de un plato con un palillo y un pie que decía: La recogida de la aceituna en Jaén que hizo mucha gracia. Miguel escribe entonces su conocidísimo poema: Andaluces de Jaén I aceituneros altivos... y yo hice un montón de fotografías sobre el tema. Miguel, que era muy humano, muy sencillo, siempre estaba repitiendo las palabras viento y aire Las utilizaba para todo. Le gustaba mucho, sobre todo la 12 Este es el ya famoso retrato a lápiz de Miguel Hernández dibujado por Antonio Buero Vallejo cuando ambos se hallaban en la cárcel. primera palabra. Si tenía que reflejar el carácter de una persona, decía: Hay que ver qué viento tiene ese hombre Luego titularía dos de sus obras empleando estas palabras: Viento del pueblo y El labrador de más aire Creo que lo hacía porque ambos vocablos eran para él los más perfectos sinónimos de libertad. Por lo demás, Miguel era auténtico, campesino y estaba asombrándose siempre de todo. Era alegre en la superficie, pero en el fondo era muy serio. No solía participar en bromas o juergas. Era reservado. Necesitaba muy poco para vivir y vestía de cualquier forma. En Frente Sur Miguel Hernández desempeñaba la función de periodista, al que yo acompañaba habitualmente a hacer entrevistas. Cuando la resistencia de Pozoblanco fuimos a entrevistar al coronel Pérez Salas y nos encontramos allí con otro poeta: Pedro Garfias. Re- cuerdo esto porque ambos comenzaron a decir versos a los soldados y allí fue donde yo le hice a Miguel esa foto en la que parece que está arengando a la tropa. Luego han dicho que esta fotografía, tan reproducida, estaba hecha en el frente de Teruel, en Guadalajara o no sé dónde. Recuerdo que Miguel Hernández recibió el poema Independencia Posiblemente Bálmez se refiera al hoy conocido como 1. de Mayo de 1937 con otro título originalmente. Desde luego, las fechas coinciden. -En Jaén estuvimos sólo hasta el mes de octubre o noviembre- concluye Pérez Bálmez- Poco antes regresó Miguel a Madrid. Por el mes de junio a julio vino Josefina a reunirse con Miguel, que se pasaba la mayor parte del tiempo escribiendo sin cesar. Un día, cuando ambos estaban sentados en la azotea del periódico les hice esa foto, tan La guerra avanza hacia su fin. Se acercan los momentos más trágicos para el poeta. Quedaba, como posibilidad, el exilio que, sin duda alguna, pudo haber alcanzado dentro de las máximas seguridades, que entonces podían ofrecerse, sin salir de Madrid. He aquí el testimonio epistolar que desde Chile nos proporciona un testigo de excepción en lo que a este asunto concierne: don Germán Vergara Donoso, quien, en aquellos momentos era el encargado de Negocios en la Embajada chilena en Madrid. -En el verano de 1939 recibí en Madrid una carta de Pablo Neruda desde París, interesándose por la la situación de Miguel Hernández, su amigo, que según sus informaciones estaba preso en la capital de España. Hice algunas averiguaciones y comprobé que lo afirmado por Neruda era verdad, pero que no se había iniciado proceso ni se juntaba la persona del detenido con el poeta Miguel Hernández. Esto obligaba a actuar discretamente y así se hizo. Pocas semanas más tarde recibí en mi oficina de la Embajada de Chile, donde yo era encargado de Negocios, la visista de Antonio Aparicio, asilado en la misma Em abajada, en compañía de un muchacho muy joven a quien me presentó como Miguel Hernández. Conversamos tranquilamente y pude apreciar el limpio espíritu y la gran calidad humana de Miguel Hernández. En la conversación, Antonio Aparicio me insinuó la idea de agregar a Miguel Hernández a la lista de asilados en la Embajada. Miguel no se refirió a este punto; hacía poco tiempo que había nacido su segundo hijo y que-