Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. VIERNES, 24 DE MARZO DE 1978. PAG. 3 dentro de sí mismos en nombre de su fe y por ello tienden con frecuencia a idealizarlo en términos, por otra parte, muy generosos: voluntad de justicia, de solidaridad y de igualdad Pero quizá con ello olvidan- como el propio Pablo VI teme- las presiones de los movimientos históricos socialistas, que siguen condicionados por su ideología de origen todo socialismo, -y el español está volviendo a demostrarlo- -tiende a regresar a su ideología cbmo el criminal al lugar de su crimen o el año rante a sus tierras de infancia. Por eso- -prosigue el Papa- entre las diversas formas de expresión del socialismo, como son la aspiración generosa y la búsqueda de una sociedad más Justa, los movimientos históricos que tienen una organización y un fin político, y lapídeo logia que pretende dar una visión total y autónoma del hombre, hay que establecer distinciones que guiarán las opciones concretas Esta es la petición que en nombre de muchos cristianos formulamos hoy: haga con claridad el socialismo español esas distinciones para que ellos puedan tomar sin engaño y con seguridad esas opciones que son para muchos fundamentales. ¿Qué están queriendo decir los socialistas cuando se proclaman marxistas? ¿Qué están entendiendo por un partido de clase, qué cuando se disponen a entender y usar la lucha de clases como motor único de la historia? ¿Cuáles de los estratos del marxismo asumen plenamente y ante cuáles se distancian o actúan críticamente? ¿Su opción marxista es la apuesta por una ideología basada en el materialismo histórico y en la negación de toda trascendencia Es claro que militantes y votantes socialistas, e incluso quienes se oponen radicalmente a toda forma socialista, tienen derecho a que él Partido Socialista español termine de aclararse y deje ele usar como arma de atracción la permanente ambigüedad que hasta el presente le caracteriza. Éste doble juego de una cara reformista en las elecciones y un rostro socialdemócrata en las conferencias, frente a unas cerradas formulaciones marxistas en los manifiestos, tiene que terminar si es que estamos en una democracia. Porque la primera ley de ésta ha sido siempre el juego limpio. ESPAÑA, LOS INTELECTUALES Y LÁ POLÍTICA UNCA he comprendido, y mucho menos justificado, el tradicional menosprecio español, en ciertas áreas de la sociedad y muy concretamente en la derecha clásica, hacia los cultivadores de la inteligencia más calificada. Nunca he podido admitir ese divorcio. harto visible, entre las clases normalmente dominantes y los llamados, a veces con torpe intención de insulto, intelectuales, como si el ejercicio de la cultura, o su misma creación, fueran menesteres de segunda categoría. Con todas las excepciones y salvedades de rigor el mundo del dinero, o de cualquier otro tipo de aristocracias al uso, no solamente carecía de curiosidad para acercarse a la palabra o a la obra de verdadero valor, sino que, presa de recelos y de oscuros temores, el título de intelectual, referido a un poeta, a un dramaturgo, a un escritor o a cualquiera que de alguna manera sobresaliese o sorprendiese en ese campo dé la actividad humana, producía instintivo y visceral rechazo. (Excluyo a Ortega y Gasset, que, por el sortilegio mágico de sus reflexiones en voz alta, reunió casi siempre, en España y en América, a un coro de damas que le seguían suspensas y admiradas en sus lecciones públicas. No excluyo, como es lógico, a Unamuno, que levantaba ronchas aunque sé desgaritase gritando loas a España. N BREVERIAS CORREOS- c o t r a unánime servido d e la queja WIUUÍUD n el m a l Correos, con lo cual se rompe una tradición de eficacia y perfección que, dicho sea de paso, era la excepción a la regla de ineficacia y desorden de otras actividades del país, demasiado proclive a la alegría e irresponsabilidad en el comportamiento. Recibimos la observación de un extranjero residente en España que señala que en el año 1935 las cartas desde París bardaban dos días: esto lo dice al recibir otra, de la misma capital, que había tardado en llegar a su Doder catorce días. Y añade: Nunca llevan el matasellos de llegada, para que no se de lugar a reclamación Por otros conductos nos llega la versión de que esas irregularidades no se deben a los escalones inferiores de. Correos, sino a los superiores, por desajustes administrativos, orgánicos o de racionalización del trabajo. Pero el hecho es que Correos ya no es lo que era y que su ejemplo de escrupulosidad y bienhacer está borrado- -ojalá no para siempre- -de la lniagen nacional. Lamentable que la chapuza se extienda. El país de Lope, de Calderón, de Tirso de Molina, de Cervantes, de Gracián, de Santa Teresa, de San Juan de la Cruz y de tantos otros ingenios, parecía haber caído en un abismo. Se aplaudía en los teatros de mi mocedad a autores zafios y dicharacheros. Se leía con fruición a poetas chirles o a novelistas que ya están para siempre en 1 olvido. Y Valle- Inclán no podía estrenar. Y Baroja era un condenable a n a r q u i s t a del pensamiento. Y Machado ¿quién era Machado, los Machado? -y Juan Ramón, y Maeztu y los poetas del 27, ¿quiénes eran? todo lo mus, unos extravagantes. A cambio se nos daba quincalla. Y tan felices. ¿Y en la pintura? El país de Velázquez, de Zurbarán. de Ribera, de Goya... ¿era el mismo país de Picasso? ¡Santo cielo! La pintura que no fue pulida y repulida, dulzarrona y cursi, no podía llamarse con ese noble nombre. ¿Pablo Picasso, Joan Miró, Juan Gris y algunos otros que triunfaban clamorosamente en el extranjero y que estaban cambiando, o habían ya cambiado, la estética universal? Basura, luego de niños, broma, estafa para incautos. Aquí, en su Patria! el éxito artístico y económico estaba reservado a los que hacían corteses retratos de señoras, restituyéndolas con la maña de sus pinceles a una juventud que ellas mismas soñaran, o a los especialistas de cuadros típicos en los que, a ser posible, aparecieran muchachas vestidas con trajes regionales y otras maravillas del mismo jaez. ¡Bendito país el nuestro, asainetado y chato zarzuelero y todo lo que usted añadan, que no será poco! Aquí, en nuestra España, el poeta, el escritor, el músico, el pintor, en uña palabra, el intelectual que se saliere de los cánones establecidos y pretendiese innovar, rompiendo algunas reglas archisa- gradas, o emigraba, como tantos hicieron, o terminaba muñéndose de hambre y siendo el hazmerreír de sus convencinos y hasta de su propia familia. Cuantas veces hemos oído decir: ¡qué desgracia más grande; me ha salido un hijo intelectual! Porque lo que de veras tenía peso era ser ingeniero, o abogado del Estado, y el resto de los mortales, al montón anónimo. Aunque fuesen, en su especialidad, unos genios. Lo que contaba, y sigue contando todavía, era el empleo segurito, la nómina y cuanto más brillante, mejor. ¡Al diablo con la literatura y con las Bellas Artes! ¡Maldito para lo que sirven! Y todos- -yo siento un gran respeto hacia los ingenieros, los abogados del Estado, los compositores de zarzuelas y los pintores convencionales- absolutamente todos, completan la sociedad en que vivimos y nos son necesarios. Como son necesarios los comerciantes, y los mecánicos y todos los oficiales o aprendices de cualquier oficina. Tan honroso es lo uno como lo otro. Y tan útil. Yo diría que hasta los poetas, ¿y en qué grado! son indispensables. ¡Ay del pueblo que no tenga poetas! Pueblo muerto. La Monarquía de Alfonso XIII, Rey por muchos conceptos ejemplar, y sobre todo la dictadura de Pruno de Rivera- -contra el parecer de su hijo José Antonio, tentado medularmente por el tema- -se enajenó el favor de los inte lectuales. No fueron más afortunados, en ese sentido, los últimos, y en otros ámbitos fecundos, años de la Historia española, durante los que permanecieron en el exilio- -las más de las veces voluntario- -algunas grandes figuras a las que no se supo ténder puentes cordiales. El intelectual es por esencia alguien que está por encima de la política práctica y que posiblemente no serviría para la política ejecutiva, pero a quien la política interesa en grado sumo. Es alguien que hace de crítica, y de la libertad de expresión, un dogma de fe. Es un aparente marginado de la sociedad, pero que influye en la sociedad y que de alguna manera la condiciona y la edifica, o la destruye y la revuelve con su algarabía si se siente injustamente poster gado. Y a la postre, un pueblo es grande, es inmortal y se le respeta por ellos: por sus obras, más que por sus industrias o sus ejércitos. ¿Qué recordamos de Grecia, o dé la España del Siglo de Oro? Los intelectuales hacen la Historia. Son, por naturaleza y don recibido de lo Alto, la propia Historia de la Humanidad. Creo que me explico. Cuando dios, los intelectuales, no se sientan solos y desamparados sobre el planeta, sino sostenidos y alentados por, una sociedad reflejo del Estado, que les permita llevar una vida tranquila y no a salto de mata; cuando sepan que el cariño y la admiración de sus semejantes los arropa y avala, serán los primeros en sostener y defender a ese Estado garantizador de su supervivencia y de su libertad personal. -Emilio NIVEIRO.