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Escultura de Clavo. (Qalería Felipe Santullano. CRITICA DE EXPOSICIONES Por A. M. CAMPOY CLAVO, BR! SANTIAGO DE SANTIAGO, E. XARGAY, ALFONSO, CELSO LAGAR, SILIUTO, ENRIQUE SOPEÑA, FRANCESC VILASIS. OTRAS EXPOSICIONES STA empeñado Clavo en una tarea de restauración tan exigente como inaplazable: la de devolver a la escultura Iz materia más noble de su l e n g u a j e liberándola de los vehículos zarrapastrosos que Ja confundían so pretexto de tales expertmentalismos: mármoles de Carrara, ágatas, basaltos, bronces puros... Clavo necesita de estos matsriales para corroborarse como ei pulcro inventor de formas que es, los solicita incuestionablemente e! aire lirnpio en que habitan los volúmenes humanizados p o r sus manos. Pues eso son ante todo Jas esculturas de Clavo: volúmenes ritmados entre el aire y la luz, puros volúmenes primero, y en el acto mismo de serlo quietas o nerviosas criaturas, algunas de las cuales esquematizan muy en la sensibilidad de nuestro tiempo algún arquetipo renacentista. Otras veces varía alrededor de la danza grave y airosa del torero. Siempre con las formas primigenias de fa mujer. Energía y refinamiento: he ahí su secreto revelado en cada obra de piedra o bronce, acompañadas de una deliciosa colección de dibujos en l o s q u e la espontaneidad Brinkmann: Composición (Galería Rayuela. E acentúa todavía más la sabidufabulosa de su pintura. (Galería pueriles (como en Klee) o patéría. (Galería FeUpe Santullano. ticamente humanitarias, como en Rayuela. el caso de Egon Schiele. De cuaiBRINKMANN SANTIAGO DE SANTIAGO quier manera, la desinteriorización de su mundo será sobre toAlgo, mucho tal vez, de gerEstas obras de pequeño fordo una ocasión, ya que no pre- mánica tiene esta pintura de sunm a t o, mínimas, convertida en texto, para desarrollar la técnica tuoso lenguaje y arcano sentido puede que simbólico, quizá automático; no se sabe bien, pues lo que en ella prima y seduce es la dicción pictórica posiblemente más fastuosa de toda la pintura española contemporánea. Esta riquísima materia, tan suave al tacto, no puede entroncarse fácilmente con la materia tradicional de nuestros pintores a partir de Velázquez (con la excepción de algún retratista y costumbrista del XIX) y por eso parece retrotraerse a la impávida y como esmaltada dicción de los alemanes, trepándose así al árbol genealógico del pintor. Es tan seductora intrínsecamente esta pintura que empieza y acaba protagonizando el cuadro, como ocurre en Cossío, si bien Brinkmann no desea avecindar sus figuraciones en el mundo de imágenes acostumbradas, ni siquiera en el surrealizado mundo de unas criptografías religiosas (como en el Bosco) sabiamente Sinfonía d Santiago de Santiago. (Club 24.