Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
blación en progresión constante en todas las partes del mundo, nos parece estar viendo más y más gente en continuo movimiento, más y más automóviles, más y más autobuses y aviones, mayores embotellamientos de tráfico, más intensa contaminación dea ambiente, desolación y muerte, hasta que todo silo nos conduzca al caos. Si, en efecto, ¡la población sigue aumentando continuamente las insaciables exigencias de un número cada vez mayor de habitantes por un número paralelo de aumentos y servicios podrán realmente sobrecargar y destruir nuestra civilización tecnológica. Si, por el contrario, se modera y detiene y, por último, se hace retroceder el alud demográfico, puede muy bien ocurrir que no volvamos a tropezar con problemas que no seamos capaces de resolver y que veamos a los transportes, particularmente, encaminados a un futuro asaz halagüeño. Diversificar las fuentes energéticas La solución que suele ofrecerse para evitar la contamínaión dei ambiente por las emanaciones provenientes de los motores automovilísticos, es el uso de vehículos movidos por electricidad, que resultarían relativamente silenciosos y limpios. Sin embargo, mientras sigamos obteniendo nuestra energía de combustibles fósiles, carbón y petróleo, automóvil eléctrico no I es una solución. Lo único que se consigue es cambiar la causa de la contaminación de una parte a otra. En vez de quemar cada coche su propio combustible, la electricidad para los coches eléctricos provendrá de va- rias centrales eléctricas que deberán quemar combustible para producir fuerza eléctrica. El coche eléctrico podrá ser conveniente para suprimir la contaminación ambiental con los elementos nocivos que suelen llenar el aire de las grandes ciudades, pero ¡la cantidad total de contaminantes que de todos modos llegarían a la atmósfera mediante ia adopción de la alternativa antes mencionada sería la misma y, a ia larga, el aire continuaría viciándose cada vez más en todas partes Lo que hace falta es alguna fuente de energía que no sea los combustibles fósiles de que dependemos en ia actualidad y que, en todo caso, son de una duración intranquiíizadoramente temporal. Si podemos aprender a fabricar electricidad de Ja energía solar, ya sea cubriendo alguna de la superficie desértica de la Tierra con elementos de pila solar, o ya montando en el espacio una estación recolectora de energía, habremos reducido al mínimo el problema de la contaminación. Tampoco tenemos que depender de ia energía solar como fuente única. S; i logramos desarrollar la energía de fusión nucilear controlada (que no debe confundirse con la energía de fusión que estamos utilizando en la actualidad) podremos contar con otro suministro ilimitado de electricidad proveniente de una fuente relativamente libre de contaminación. Sin embargo, no cabe esperar un transporte eléctrico an todos los órdenes. Es difícil imaginarse aviones movidos por electriidad, por ejemplo. Siempre existirán ocasiones en que sea conveniente utilizar el combustible líquido; ahora bien, ¿de dónde saldrá el combustible líquido del futuro cuando se haya agotado el petróleo? Se podría obtsner dsl carbón a lgún combustible de este tipo, pero será má lógico emplear electricidad barata producida por la fuerza solar o la fuerza de fusión. Esta electricidad podría utilizarse para dividir agua en hidrógeno y oxígeno. El hidrógeno podría entonces combinarse con anhídrido carbónico para formar alcoholes e hidrocarburos simples. Estos son combustibles líquidos que, en motores, pueden mezclarse con oxígeno para producir energía al formarse el agua y el anhídrido carbónico. Se empieza con agua y anhídrido carbónico y se termina con agua y anhídrido carbónico. Por otra parte, el combustible formado de este modo constará únicamsnte de carbono, hidrógeno y un ocasiona 1! átomo de oxígeno. La contaminación con que tenemos que lidiar hoy reposa en impurezas del carbón y del petróleo que contienen otras clases de átomos: nitrógeno y azufre, por ejemplo. Tendremos así indefinidas cantidades de combustible no contaminante para los motores de combustión interna del futuro y veremos transitar por nuestras carreteras tanto vehículos accionados por combustible como cochas eléctricos. Ordenadores en vez de semáforos Si resolvemos los problemas de la energía y la contaminación, ¿qué ocurrirá con ilas congestiones provocadas por él tráfico ds vehículos y los accidentes debidos a ese tráfico? Sobre el particular podamos esperar la ayuda proveniente del aumento de la automatización. En años futuros contaremos con semáforos capaces de escudriñar las proximidades de una intersección y detectar la densidad dei tráfico. Según sea ésta ajustarán su tiempo de duración. hombre común, esto es, el hombre medio, permanecía en su lugar de origen. Habría que esperar hasta ef advenimiento de la Revolución Industrial, con los buques movidos a vapor, las locomotoras y, sobre todo, el automóvil y el aeroplano, para que el ¿hombre común pudiera considerar al planeta entero como su propio predio; para que ese hombre empezara a moverse a discreción de un Jado a otro, no importa a qué distancia, en cuestión de horas. Y- henos aquí gozando de franca movilidad, aunque con los inconvenientes de las congestiones de vehículos, del ruido ensordecedor de los motores, mientras convertimos la tiefra en una complicada red de carreteras y nos envenenamos progresivamente con las emanaciones del combustible quemado por! a interminable procesión de automóviles que las transitan, combustible que, al ritmo actual de consumo, habremos agotado en cuestión de entre treinta y cincuenta años, reduciéndonos a la inmovilidad. Vislumbrando un futuro de po-