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damental fue uno de los triunfos supremos de la tecnología. Sin embargo, esta hazaña será efímera; antes de que hayan transcurrido los próximos cien años, nuestra difícil victoria sobre el espacio habrá sido perdida irremisiblemente. En los viajes del Apolo, por primera vez en la Historia, los hombres se alejaron de la Tierra a más de un segundo- luz. La demora de dos segundos y medio en las comunicaciones de ida y vuelta no resultó problemática pero sólo fue por la naturaleza espectacular de los mensajes y por la disciplina de quienes hablaban. Es dudoso que una persona corriente tenga el autocontrol necesario para hablar tranquilamente con alguien que está en la Luna.
es donde estaban exactamente las naves lunares hace sólo treinta años.
DISTANCIAS INCREÍBLES NOS SEPARARAN
UNA CONVERSACIÓN CON MARTE
Más allá de la Luna, por supuesto, será imposible. Nunca seremos capaces de conversar con amigos en Marte, aunque podamos intercambiar fácilmente cualquier información con ellos. El mensaje tardará por lo menos tres minutos en llegar allá, y otros tres minutos para recibir una respuesta. Quien considere que esto nunca tendrá mucha importancia práctica está adoptando un punto de vista muy estrecho. Se ha demostrado que durante el próximo siglo podríamos ocupar todo el sistema solar. Disponemos de tos recursos energéticos y materiales precisos; y nos motivan! o desconocido y nuestra probabilidad de supervivencia, que, por cierto, dependerá de la velocidad con que saquemos nuestros huevos de esta frágil cesta planetaria. Parece lógico suponer que poblaciones numerosas vivirán lejos de la Tierra, a r inutos- luz y a horas- luz de nosotros, aun cuando sólo coionicemos el sistema solar. Sin embargó, el abogado dé las colonias espaciales Freeman Dyson ha argumentado que los planetas no son importantes, y que el verdadero campo de acción estará en la nube de cometas situada más allá de Plutón, a un día- luz o más de la Tierra. Mirahdo aún más lejos, se comprende ahora que no hay obstáculos científicos fundamentales ni siquiera para los viajes interestelares. Aunque el premio Nobel doctor Edward Purcell señaló una vez que las naves estelares deberían permaneceren los depósitos de cereales, como les correspondía, ahí precisamente
La velocidad finita de la luz dividirá, inevitablemente, a la raza humana en comunidades dispersas, separadas por el espacio y el tiempo. Nos identificaremos con nuestros remotos antepasados, que vivían en un mundo de distancias inmensas y a menudo insuperables, puesto que avanzamos hacia un universo más vasto que todos sus sueños. Pero no se trata de un universo vacio. La galaxia debe ser una Babel de conversaciones, y poder oír a nuestros vecinos es sólo cuestión de tiempo. Ellos ya saben de nosotros, porque nuestra esfera de señales radiales detectables atraviesa distancias de años- luz. Quizá mas importante aún sea el hecho de que varias cápsulas de unespesor de microsegundos, de pulsaciones de rayos X, están ya a una distancia de más de diez años- luz de la Tierra. Cualesquiera que sean los problemas que surjan, ¡a búsqueda de señales extraterrestres proseguirá. Algunos científicos temen que no tenga éxito; otros temen que si lo tenga. Quizá ya haya triunfado, pero todavía no lo sabemos. Si pasan décadas y siglos sin indicación de que haya vida inteligente en otros sitios del Universo, los efectos a largo plazo sobre la filosofía humana serán profundos; quizá desastrosos. Es mejor tener vecinos que no nos agraden que estar absolutamente solos. Porque esa soledad cósmica puede conducir a una conclusión absolutamente deprimente: que la inteligencia señala un callejón sin salida evolutivo. No, realmente yo no lo creo. Aun cuando los computadores sean accidentes evolutivos, ahora pueden generar sus propios programas, y establecer sus propios objetivos. Ahora podemos decir que la finalidad de la vida humana es el proceso de datos. Ya he mencionado el sorprendente hecho de que los hombres pueden sobrevivir más tiempo sin agua que sin información. El verdadero valor de los instrumentos que hemos considerado es, pues, que tienen la posibilidad de enriquecer y alargar la vida, dándonos más datos para procesar, hasta llegar a la cantidad máxima de señales por segundo que nuestro cerebro puede absorber.
Arthur C. CLARKE
Los sistemas de impresión de alta velocidad y el teléfono con pantalla de visión (abajo) que son ya una realidad, disminuyen de forma espectacular el tiempo de la comunicación hablada y escrita.
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