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L A palabra- libertad manejada y esgrimida sin cersar desde el siglo XVIII por poetas, novelistas, políticos, sociólogos y politicólogos, no sólo tía ido aclarando y enriqueciendo determinados aspectos de su antiguo significado, sino que ha vivificado con ellos la general convivencia humana. Ahora bien, preciso es reconocer que, at enfocar absorbentemente determinados aspee- tos, se han ido orillando y hasta menospreciando otros sobre lo que precisamente fijaron con preferencia su atención ios antiguos pensadores y poetas que de este rico y vivificador vocablo se ocuparon. Para vedo bastaría asomarse simplemente a ta literatura española, que tan aguda sensibilidad manifiesta ante ta libertad. La cumbre de esta literatura tal vez esté en Cervantes, que en su propia carne y espíritu sintió la desdicha del cautiverio a cuerpo y alma peligroso y quien, por tanto, una y otra vez cantará Ja libertad y presentará ei gozoso y libre bregar de sueltos picaros, piratas, gitanos y aventureros, así como el de la inmortal pareja manchega. Ahora bien, el sentido y significado de la palabra libertad no se agotaba para él en este suelto caminar por anchas tierras y mares ni sn si desatado hablar y actuar aventureros: y así, sobre todo en su teatro, reiteradamente presentará en cerradas mazmorras y en cercadas ciudades, héroes plenamente libres a pesar de las cadenas y los muros; Cervantes, como su admirador Queyedo, fundamentalmente exalta aquella íntima libertad da ánimo de que ya hablaron los estoicos y, sobre todo, los escritores cristianos; aquella libertad interior que hace posible que en cuerpo atado esté espíritu desatado y sobre la que escribía fray Luis de Granada en su Guía de pecadores Falsa libertad es la de aquellos que, teniendo el cuerpo libre, tienen el ánimo cautivo y sujeto a la tiranía de sus pecados y pasiones... Más verdadera es la de aquellos que tienen el ánimo libré de todos estos tiranos, como quiera que esté ef cuerpo, ora suelto, ora cautivo, cual era del Apóstol San Pablo, que estando preso en una cadena, con el espíritu volaba por ei cielo, y con sus cartas y doctrina libertaba al mundo. Con ello, en forma alguna estamos afirmando que hoy tengamos que atender exclusivamente a esta individualidad y heroica libertad del espíritu, menospreciando y desatendiendo las libertades externas de mover- se, expresarse, laborar, reunirse, etcétera. Estas libertades concretas y tangibles son positivas conquistas individuales y sociales de tos siglos, que han de celarse cuidadosamente y acrecentarse en lo posible. Pero to que no aceptamos es que se dirijan los esfuerzos humanos a la obtención de esas positivas y fecundas libertades de forma tan incondicional y absorbente que se deje olvidada esa otra libertad de ánimo que es la que precisamente depende sólo ds nosotros y sin la que no se puede vivir dignamente. En relación con ello recuérdese cómo Larra decía ya en 1814: Desde que tenemos una racional libertad de imprenta, apenas hay cosa racional que podamos racionalmente escribir. Y recuérdese cómo reíriéndose también a la tan traída y llevada libertad de imprenta preguntaba Antonio Machado: ¿De qué nos servirá ta libre expresión de un pensamiento esclavo? Bien está, y es necesario, tener la boca libre de mordazas y suertes y fibras pies y manos; pero sólo será Ubre y sólo hablará y actuará libremente aquel que tenga el alma libre de odio, de rencor, de venganza, de envidia, de lujuria, de miedo, etcétera. Sólo será hombre Ubre el que posea aquella libertad de espíritu tan preciada y deseada, donde- -según Santa Teresa- -se halla toda la felicidad que en esta vida se puede Sólo será libre, al decir también de la Santa de Avila, quien más que de los materiales encerramientos y ataduras opresivas se Ubre de aquellos otros atamientos y sujeciones de! espirito y de ia razón que son los que verdaderamente atan el alma para no crecer Y ios que no dejan vivir, ya que como ella misma dice: Vida es vivir de manera- que no se tema la muerte ni todos los sucesos de esta vida. Desatender esta libertad de espíritu puede llevar a actitudes abiertamente opuestas y perjudiciales a (a misma libertad, en cuyo nombre se piden o toman las mal llamadas libertades y a atrepellar bárbaramente tos más elementales derechos que ios demás también tienen a vivir libre y dignamente. El novelista Gatdos, gran observador del vivhr español de su época, escribía refiriéndose a te libertad- tan desaforadamente proClamada por unos y te Cuando por todas partes resuenan cantos a la libertad y a las libertades oreo no está de más recontar que si bueno es estar libres, mucho mejor es ser libres; f oea sólo poseyendo libertad de espíritu podremos vivir fecundamente y dejar vivir a los demás las libertades a que tenemos derecho. Nuestro país no es liberal ni sabe to que es libertad... Puede asegurarse que ia libertad no ha llegado todavía a él más que como un susurro. Es algo que ha hecho ligera impresión en sus oídos, pero que no ha penetrado en su entendimiento, ni menos en su conciencia. No se frene idea de o que es el respeto mutuo, ni se comprende que para establecer la libertad facuno? es preciso que los pueblos se acostumbren a dos esclavitudes: a ta de las leyes y a ta del trabajo. A excepción de tres docenas de personas, los españoles que más gritan pidiendo libertad entienden que ésta consiste en hacer cada cual su santo gusto y en burlarse de la autoridad. En una palabra, que cada español al pedir libertad reclama la suya importándole poco la del prójimo. La idea de libertad, entrando súbitamente aquí a principios de siglo, nos dio fórmulas, discursos, modificó algunas inteligencias; pero, ¡ay! los corazones siguen perteneciendo al absolutismo que los crió. Estas palabras del gran escritor canario, afortunadamente no pueden aplicarse a ia España actúa ds forma tan plena como a la España decimonónica. Sin embargo hay que reconocer que de una manera alarmante va creciendo el numero de quienes con coacciones y violencias de todo tipo- -incluidas fingidas mansedumbres circunstanciales- -atrepellan el derecho, que cada cual tiene a ser como Dios te hizo. Y muchos son también los que confunden el vivir libre con hacer lo que les da la gana Una gana que bien poco tiene que ver con ta voluntad clara y firme, hija de la verdad, que es quien nos hace libres. En conclusión. Bien está exaltar la libertad y fas libertades. Pero cuando por todas partes resuenan cantos a te libertad y a las libertades creo no está de más recordar que si bueno es estar ubres, mucho mejor es: ser libres; y que sólo poseyendo libertad de espíritu podremos vivir fecundamente y dejar vivir a tos demás las libertades a que, como hombres, tenemos derecho. Alberto NAVARRO GONZAtEZ