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ABC. DOMINGO 15 BE MAYO DE 1977. PAG- 2 ABC DIRECTOR: José IAJÍS CEBKIAN EONESUBWRECIOBES Miguel TORSES GIL ék REAL Santiago Á R B O S B A L L E S T E R E D A C C I Ó N ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 6 1 M A D R I D APARTADO 4 3 TELEFONOS. -Reduelan yTilEéras: 2251710 y 2759408. Adminiítracián: 2255020 I Editor: PRENSA ESPAÑOLA A, ü ü Sobre todo, España so XIII se marché del país en un desesperado intento de evitar el enfremamiento civil que, fatalmente, habría de producirse, apenas cinco años después. Por amor a España, Don Juan de Sorbón ha sido con- ciencia diligente de la vocación democrática española, de su responsabilidad, papel y destino histórico; garantía cierta de esperanza y faro que tantos españoles que amaban ¡a Monarquía y creían en su función integradora, divisaron inequívocamente durante los últimos cuarenta años. Por amor a España, el Rey Don Juan Carlos se sometió a cuantos sacrificios le. exigió cumplir con el compromiso cierto que tenia para con el país donde quiso vivir, educarse y fundar una familia: el de constituirse en e! primer servidor público de ios supremos intereses dei pueblo español. Por España. Todo por España. Ayer, el pueblo esparto! volvió a ser uno, a tener el decidido propósito de serlo, con la legitimación de un presente apasionante, de cara a un futuro I teño de esperanzas, donde no debe de haber obstáculos insuperables. La Historia recomponía ayer una trayectoria quebrada por una serie de acontecimientos que están en la memoria de todos, y que no pudieron doblar, por la voluntad y el sacrificio de muchos españoles, la línea maestra de su inequívoco rumbo. Don Juan de Borbón ha asistido a la plasmación pragmática de los principios inspiradores de la Monarquía de cuyo legado era depositario. España camina hacía e! logro de una Constitución política que saidrá de unas Cortes elegidas democráticamente, con el voto y el consenso de los españoles; reconociendo los derechos inherentes a la persona humana y dando garantía de las libertades políticas correspondientes, asumiendo con derechura fas diversidades regionales y yendo hacia una más justa distribución de la riqueza. Para Don Juan, ia España por cuyos derechos dinásticos le encomendase velar su egregio padre, está haciéndose realidad día a día, dibujando con trazo firme lo que quiere ser, sabedora de que la Monarquía es, sin ningún género de duda, instrumento de paz y de concordia. Su decisión, con ser un gesto histórico impregnado de generosidad y de renuncia personal, no es por elio sino prueba inequívoca de la confianza que le merece, por encima de ¡rrenunciables consideraciones y vínculos personales, la gestión del Rey, ia firmeza de su mano y el rumbo que con él ha tomado ia nave del Estado. Por España, Don Juan de Borbón ha declinado sus derechos dinásticos, ha concluido su abnegada y desprendida misión. Y por España, consciente de sus obligaciones para con la Patria, el Rey ha aceptado todas las altas responsabilidades que la Corona conlleva y que de ella se derivan. La Monarquía ha asumido siempre la tradición, y este caso no es ni puede ser una excepción. Pero la Institución no ha funcionado jamás como un cuerpo cerrado. Cada generación debe acrecentar su herencia. El Rey Don Juan Carlos ha recibido la suya consciente de que el único gesto válido de respuesta estriba en ofrecer algún día, a España y a su sucesor, una herencia acrecida por los logras y las metas alcanzadas. Y esta es una tarea dei Rey y de cuantos procuramos una convivencia ordenada, pacífica y fecunda bajo la Corona. Porque la Monarquía sigue siendo de todos y para todos. Quince minutos trascendentales en el Palacio de ia Zarzuela: dos discursos en que se fundían las razones de Estado con ios afectos irrenunciables de la sangre, y ei país ha visto cerrarse un paréntesis. El que, como recordase con controlada emoción el Conde de Barcelona, se abriese ei 14 de abril de Í 931, con otro mensaje- -el da Su P 1 a sstad el Rey Alfonso Xill- -donde también se mezclaban oenerosamenie razonas políticas y motivos de pern- arienie amor patrio. En aquella fecha, el Rsy Alfonso XIII renunció conscientemente ai ejercicic del Peder, queriendo ser causa de unidad y entendimiento. Ayer, tras cuarenta y seis años en los que España buscó estremecedoramente el encuentro consigo misma, el paréntesis se cerró con las palabras de Don Juran de Borbón, un español impar e insigne que ha sabido de Sos sinsabores y amarguras del deber, sin tener jamás las ventajas y satisfacciones que, en compensación, pudieran derivarse del ejercicio del Peder. Tres fueron las figuras protagonistas del acto histórico de la Zarzuela, de la cesión de los derechos históricos de la Monarquía española por el Conde de Barcelona al Rey Don Juan Carlos. Con ambos, Don Alfonso X íí, y con los tres un denominador común que sirve tanto al Rey que renunció a serlo para ver de no dividir a tos españoles, como al Príncipe, hijo de Rey y padre de Rey, que mantuvo siempre visible ia antorcha preciosa de! a unidad, y al Rey que reinstaura en su persona la Monarquía en el país, sabiendo que sólo así podrá lograrse, con la unidad oficia! una unidad auténtica y efectiva. En las tres figuras un mismo afán: el amor a España. Por amor a España, ei Rey Don Alfon- sulta necesario; pero no es suficiente. La actual violencia en las Vascongadas desestabiliza profundamente nuestro proceso de normalización política, pero lesiona, con profundidad no menor, un patrimonio común de todos los españoles. Hiere algo que trasciende a la. propia necesidad de que las elecciones se ¿Qué terapia, qué procedimiento, q é celebren. respuesta política resultan posibles, razonables, aconsejables ante el vioíentí 2) En una consideración estrictamensámo turbión de odio levantado en las te jurídica del asunto, es imposible adprovincias vascongadas? Por mucho que mitir que la violencia engendrada y pinos cueste decirlo, por más que a noslotada por una minoría intente legitimarotros mismos nos duela la severidad de se a sí misma como propósito, instruun juicio así, rió nos queda por expremento y medio para que la Ley, el Desar otro razonamiento que el contenido recho, el Estado se plieguen, sin más, a en lo que s i g u e lo demandado: inmediata excarcelación de quienes son reos de delitos de sangre; 1) En una consideración meramente algunos de ellos con penas de muerte cronológica del problema, éste, el de k conmutadas por el ejercicio del derecho intoxicación de violencia a que el puede gracia. Esa Ley, ese Derecho y ese blo vasco se encuentra sometido, rebasa las meras consideraciones sobre el pro- Estado forman parte del patrimonio común de todos los españoles, al que más ceso electoral. No basta con llegar a las arriba aludimos; de todos los españoles, elecciones, ni tampoco, con el pacífico y normal desenlace de ellas. Todo ello re- insistimos, d aquellos de Euskalerría, y PAÍS VASCO; UN PROBLEMA QUE ATAÑE A TOÓOS LOS ESPAROLES de los que naeieron y viven en cualquiera otra parte, en cualquiera otra de las diversas Españas. 3) El dolor y la preocupación ante todo lo que no ha dejado de ocurrir en las Vascongadas es un fuero pasivo en el que estamos participando la mayoría inmensa de los españoles. No es un problema, ni un drama ni- -a veces- -una tragedia de sólo nuestros vascos. Es una cuestión que desgarra lo más íntimoi del ser de cualquier español. 4) La minoría activista que en las Vascongadas se adueña de la calle y acude en su desafío hasta las propias sedes y cuarteles de las Fuerzas de Orden Público, no puede alzarse con la representación del mayoritario y democrático sentir de los demás. En la encuesta política que hoy publicamos en nuestras páginas, aparece expresivamente perfilado el volumen de opinión que representan quienes, en esa y en otras regiones, aspiran a ran desenlace secesionis-