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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA M A D R I D R E DA CC I ON ADMINÍSTRACIjON Y T A L LE R E S SERRANO, 61- MADRID A la hora de decidir sobre la educación del entonces Príncipe Juan Carlos, ella se mostró siempre favorable a su instalación en España. Su fe en la institución y el empeño de evitar al paiséna nueva convulsión histórica, la aconsejaron una última gestión política efe la que pocos saben. Me refirió el caso q u i e n lo había conocido a través del relato oral del duque de Alba, que hospedó a lá señora en el palacio dé Liria M producirte su emocionante visita a Madrid, en febrero de 4968. Durante la ceremonia del bautizo éh La Zarzuela- -ella era madrinade su bisnieto, el Príncipe Felipe- doña Victoria se las arregló para celebrar una entrevista a solas con el entonces omnipotente Jefe del Estado, invitado a la fiesta. Ante Ja augusta anciana, el Caudillo volvía a ser el joven coronel a quien ella- -junto con Don Alfonso -honró en un lejano día de 1923, apadrinando sus bodas. Entonces, cop su sosiego de gran dama. Doña Victoria se limitó a decir: General, ésta es la última vez que nos veremos en la Tierra... Usted, que ha consagrado su vida a España, es preciso que cierre su obra restaurando la Monarquía. Ya son tres, general (la Reina aludía a las tres generaciones: su hijo, su nieto, su bisnieto, presentes en La Zarzuela) Designe usted al sucesor. Franco se conmovió profundamente, y prometió a la Reina, con lágrimas en los ojos, decidir en breve plazo. FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA E L pasado mes de abril se cump I i er o n ocho años de la muerte de Ja Reina Victoria Eugenia, Victoria: de una tierra elegante de Cortés Cavanülas le dedicó un recuerdo potros y nueva de navios llegue para gentil desde estas mismas páginas. Y nosotros con laureles y olivos la hora en su articulo señalaba dos cosas que antigua de gloria; y con héroes del aire, quisiera yo recoger aquí: la necesidad, del mar y de la tierra, fina Reina a cada vez más urgente, de una buena sobre seas biografía de la Reina, y- -en consecuen- caballo mármolcorcel de guerra, Victoria! al viento, ¡la cia- -lo borroso de su perfil auténti- un día, co; incluso entre los subditos que la Luego, su figura se hizo maironil, y conocieron como Soberana, admirada por sus rasgos se endurecieron. Pero Seguía su hermosura, pero desconocida en su suspendiendo el ánimo dé Jos que la miprudente tacto político, en su clara inraban, como un prodigio de majestadl teligencia. Sólo así alcancé a verla- -quizá primer Que yo sepa, dos libros se han escrito recuerdo de mi infancias- cuando la vipara trazar la semblanza de la esposa de sita de los Reyes a Tetuán, en 1927: Se Alfonso XIII: el de Evelyn Graham, The destacaba en el séquito, pese a la senQueen of Spaln (Hutchinson Co. Lon- cillez del indumento, como los antiguos doh, s. f. ¿1928? y el de Marino Gómez- iconos perfilados sobre aislador fondo Santos, La Reina Victoria Eugenia de de oro. cerca (Afrodisio Aguado. Madrid, 1964) Sí; se la admiraba por hermosa, pero Uno y otro se quedan en la superficie del no se la quería. Alguna vez ha relatado personaje, aunque en el segundo se ha- cómo llevó esa espina en el corazón a yan recogido- -ya muy tamizados por el su largo destierro. En realidad era muy tiempo- algunos recuerdos interesantes poco lo que de ella sabían sus difíciles referidos personalmente por la Reina. subditos. Pero tos que la conocieron de Nunca despertó Doña Victoria, pese cerca, los que alcanzaron a percibir su a la dignidad intachable de su conducta lealtad a unos ideales políticos que lleprivada y pública, entusiasmos ni ar- vaba en su sangre de princesa británica, dientes simpatías entre sus subditos, si coincidieron en hacerle justicia. Admise excluye el inicial deslumbramiento raba su sensatez política Santiago Alba; provocado por su belleza extraordinaria, y Sánchez Guerra, cuando, lastimado por en el momento de Jas nuocias reales, la Dictadura, decidió romper con el Moy por la trágica anécdota del atentado narca, envió- -en homenaje democráque tiñó de sangre las Uses de plata de tico -un ramo de rosas a la Reina, pe su regio manto de desposada. Siempre ella ha dicho Alcalá Zamora en sus reapareció distanciante y fría, pese a que cién publicadas Memorias Sin duda, su tajante íntimo era, por el contrario, por su educación inglesa, no ocultaba sumamente llano y cordial. Por añadidu- el desagrado hacia el régimen dictatora, lo que fue para ella fuente de dolor rial, ni, aún dentro de éste, para la perinsondable- -la hemofilia de sus hijos sona que su Alfonso y Gonzalo- -se volvió también discreción lo había encarnado. De se en materia política algo como un argumento popular contra Doña Victoria. Fatal Ena la llamaría Unamu- transparenta en las confidencias de Doña no en un poema espléndido, escrito allá Victoria a Gómez- Santos: A veces, hacia 1933, en el evocador palacio san- guiada de mi intuición femenina le dije de éste o tanderino de la Magdalena- quizá el (al Rey) Yo no me fiaría rincón español más amado por la Reina. aquél. Si no me había atendido, al paso del tiempo solía decirme el pobre Rey: Todos admiraban su belleza. Los que En el fondo tenías razón. Y yo Je resla conocieron en los primeros años de pondía: ¡Ya te lo diie! su matrimonio, nimbado el rost ro de Pero fue Juego, en Jos largos años de ángel por espléndida cabellera de oro, exilio, en la época en que como primera maravillosamente ataviada la arrogante dame de Europa -según el piropo figura- -eran los días de la elegancia de la revista Life -encarnaba la traeduardiana, que mezclaba con gracia no dición del último reinado y el eslabón superada luego Ja evocación del primer de escrita Imperio y el sello barroco de los cua- y lacontinuidad entre la historia cuando que aún había de escribirse, dros de Gainsborough- no olvidaron demostró, con la misma prudencia que nunca aquella visión que parecía hecha siempre, su independencia de nácares. Todavía asombrada al co- la caracterizó su sentido de la realidad. mienzo de los años veinte, cuando la de criterio y retrató Sotomayor: quizá con el mismo soberbio traje de Corte con que pudo admirarla en una recepción oficial Salvador de Madariaga, según nos ha referido en sus Memorias Fue cosa de ver, noble y digna, y memorable sobre todo porque la Reina Victoria Eugenia, en traje de tela de oro, y collar de diamantes, desempeñó su regio papel con una belleza tal como no la he visto antes ni después, ni en la vida ni en la escena, Goya 27- Madrid pantalla o tabla. Era el tiempo en que un joven poeta, que se llamaba Rafael BRILLANTES- ESMERALDAS Sánchez- Mazas, al contemplarla en SU uniforme de coronel de Caballería, monJOYAS ESPECIALES- ALHAJAS OCASIÓN tando con ga rbo un soberbio, caballo PLATA ANTIGUA Y MODERNA blanco, coronada la cabeza por morrión de piel y alba pluma, escribía: LA REINA VICTORIA EUGENIA No había planteado Doña Victoria la Restauración como problem a sino como una realidad histórica: como un derecho superior a las contingencias de partido. La Monarquía, en 1874, había cerrado una caótica situación conflictiva; el hundimiento del régimen monárquico había dado paso a una nueva situación de crisis, manifiesta en el fracaso de Ja segunda experiencia republicana y, sobre todo, en la guerra civil y sus prolongadas secuelas. La Monarquía debía cerrar nuevamente ese largo paréntesis. Porque la reconciliación definitiv? sólo era posible a través de la Instítuci ¡n milenaria y mediante las figuras que la encarnaban, fundidas en un solo designio de servicio al país; de tal manera unidas en la ¡dea de su misión histórica que, de hecho, olvidado todo personalismo, constituían una sola opción: la de tender un puente entre las dos Españas que la República y la guerra civil habían separado un día. Lo señalaría Don Juan Carlos en unas resonantes declaraciones meses después: Creo que en nuestra época es mejor hablar de deberes que de derechos. Las situaciones personales no pueden considerarse como privilegio, sino como servicio. Yo, en consecuenda, no quiero plantearme una cuestión de derechos, sino sencillamente ser útil a lo que mejor convenga a mi Patria. Contando con ello- -con el sacrificio personal en nombre de la Patria y de la propia Institución que la slmboíiza- -era necesario, a tiempo, abrir el camino más idóneo en Ja concreta circunstancia histórica de 1968. Y fue ese el último e impagable servicio a Es paña de la Reina Victoria Eugenia. Carlos SECO SERRANO