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ABC f REPORTAJE fr -t. -sí kf CONVERSACIÓN CON FERNANDO RODRÍGUEZ PORRERO, EMBAJADOR DE ESPAÑA EN LISBOA Por José SALAS Y GÜIR 1O R Este corresponsal escribió en aquellos días que aunque tas relaciones hispano- portuguesas fueran muy deseables, muy lógicas e incluso necesarias, no podrían volver a ser ¡o que habían sido en otros tiempos hasta que, tanta ignominia no fuese reparada en todos los terrenos debidamente. Y poco después llegó el embajador Rodríguez- Porrero con la mirada chispeante y la sonrisa cordial. Y una ¿de las primeras cosas que me dijo fue la siguiente: -Ten por seguro que el asunto de los bienes españoles va a ser cosa primordial en mi gestión. Y, por supuesto, lo de nuestros edificios arrasados. No descansaré hasta que esté todo en orden. Puedes decírselo así a cuantos españoles te lo pregunten. Oesde entonces su existencia se convirtió en un empeño insistente y tozudo en tornó al tema. Se conocía al detalle todos y cada uno de ios casos en que aparecían españoles damnificados: desde los más importantes, en que los millones se contaban por miles, hasta los más modestos, en que sólo se ventilaban unas pobres pertenencias. -No es fácil- -solía decirme de cuando en cuando- -porque el país se ha quedado en unas condiciones económicas lamentables, prácticamente al borde de la ruina. Les va a venir muy cuesta arriba el poder pagar (aunque haya buena voluntad en ello) no sólo porque se trata de cantidades muy fuertes, sino porque, si se deciden a compensamos debidamente, quedará abierto un precedente para los demás países afectados. Y aunque nosotros somos los más dañados, los demás, en conjunto, también pueden suponer un buen montón de dinero. -Bueno, ellos se io buscaron. -No, nombre, no... Ellos pueden tener la responsabilidad de lo que ocurrió, pero nada más. Y eso lo han reconocido, lamentándolo, desde el punto y hora en que se produjeron los hechos. Pero si quieres que hablemos de eso para ponerte a escribir después, espera un poco. S hablar de cara al público sobre el futuro sólo sirve para promover malentendidos y exacerbar esperanzas que pueden entorpecer la marcha de las cosas. UNA PRUEBA DE BUENA VOLUNTAD Y ahora, mientras la etapa convulsa va quedando atrás, vuelvo a verle y atravesamos un salón camino de su despacho. Recordamos aquellos tiempos mientras nos sentamos. En 17 UN NUEVO CAMINO EN LAS RELACIONES IBÉRICAS Inminente recuperación de los bienes españoles expropiados M E recibe en un viejo palacio de Lisboa. Uno de esos viejos palacios que tatito caracterizan el encanto urbanístico de la capital portuguesa y que ya no habitan sus dueños desde que la oleada revolucionaria les alejó de sus recintos. Ei Estado portugués lo cedió a Ja Embajada de España cuando la residencia de nuestros representantes diplomáticos fue asaltada en una noche tristemente memorable. Don Fernando Rodríguez- Porrero y Chávarri me hace pasar a su despacho. Es un hombre vivaz y cordial. Uno de esos hombres a quienes cuesta trabajo imaginar con ef ceño adusto, sin esa ancha sonrisa que habita en su rostro. Rodríguez- Porrero, embajador de España en la capital portuguesa, no siente personales nostalgias del palacio de Palhava porque, cuando llegó a estas tierras para capitanear nuestra representación, aquel histórico edificio que fue un día, allá en los tiempos de Pombal, morada de unos infantes bastardos, había sido arrasado ya por una plebe enfurecida. Y no sólo aquel palacio, sino tos edificios de la Cancillería y del Consulado. Y no sólo el Consulado y la Cancillería, sino muchos bienes de los españoles que habían sido entregados por éstos a nuestros representante por temor a unos desafueros que estaban a la orden del día. EL ASUNTO DE LOS BIENES ESPAÑOLES Por aquel tiempo ios bienes españoles estaban siempre en peligro. Grandes propiedades y empresas de compatriotas nuestros habían sido ocupadas o expropiadas. Y el Sobre estas líneas, el señor Rodríguez Porrero, durante Ja entrevista. Arriba, el asalto a la Embajada de España en Lisboa, en septiembre de 1975, por grupos Incontrolados. temor alcanzó sus cimas cuando llegaron noticias de hechos parecidos en Coimbra, en Oporto, en Setúbal...