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ABO, DOMINGO 28 DE ENERO BE 1977. PAG. 32. Z- T iterarlo LA TERCERA VIDA H E preguntado a un amigo escritor cuántos años de su vida estaría dispuesto a dar por ser autor ds las Coplas efe Jorge Manrique. Mi amigo no ha vacilado un segundo: Todos me ha dicho. Luego e ha detenido un momento pensativo, para añadir: Bueno, mis hijos son aún muy pequeños Pero, por mí, no me importaría morirme ahora mismo Mi amigo, naturalmente, no está loco. Pero ha gustado ese vertiginoso veneno de escribir, uno de los pocos venenos que vale la pena beber en esta vida. El verdadero escritor lo sabe bien. Ha empezado a hacer versos (o cuentos, o teatro) como por juego. Ha experimentado luego esa pasión, c a s i sensual, de ver leídas sus cosas. Se ha sentido naciendo en otras mentes; ha experimentado que seres desconocidos para é! son un poco hijos suyos. Y un día se ha dado cuenta de que su obra está devorando su vida, que obra y vida se van haciendo una sola cosa. Y ha descubierto que entrar en la posteridad empieza a parecerle tan importante, más quizá, que sus años terrenales. Hace pocas semanas se celebraron lo quinientos años de las Coplas que Jorge Manrique dedicara a la muerte de au padre, el maestro don Rodrigo. Apenas dos años después de escribirla m u r i ó también I poeta. No fue un hombre feliz, pero fue un ser inexplicablemente vivo. Tanto que v i v e aún. Tanto que sigue engendrando lectores. Jorge Manrique al cantar la tercera vida conquistada por su padre- -la de la fama en este mundo- -la conquistaba él mismo. El resto de su obra creadora está ahí; y es interesante; y probablemente es injusto el que haya quedado ensombrecida por sus coplas. Sus versos amarosos son, probablemente, ios me brillantes del primer renacimiento español. Pero han tenido que ceder el puesto de la fama a esa catedral de belleza y humanismo que las coplas son. Por ellas vive Jorge Manrique. Vive en cuantos hoy le siguen leyendo. Porque hay que reivindicar para la poesía (y para la novela y para el teatro) un valor mucho más alto que el de agradar, mayor incluso que si de un simple placer de belleza. Un gran poema no sólo nos agrada o conmueve; nos engendra, nos hace hijos suyos; deja una semilla de vida en nuestras almas. Hablar por ello de una tercera vida no es usar una metáfora. Una fama que se quedara en la admiración o en el aplauso ¿de qué serviría? Pero vivir en otro, plantarse en su sima, es algo por! o que bien vale ia pana ¡uchar, por ¡o que paco sería renunciar a unos cuantos años de vida, ¿Qué se hizo de! Rey Don Juan. preguntaba Manrique. Y él mismo respondía en sos versos a nuestra pregunta de hoy- -quinientos años tras su muerte- Hoy sabemos nosotros qué se h i z o de Jorge Manrique: Sigue vivo. Sigue vivo en aquello de. Recuerde el alma, dormida avive el seso y despierte ¡eñtrevistai CUADROS, DESD -Te diré que don Jorge Manrique soy yo. E nació en Patencia, yo tamH bién; se crió en la sierra del Segura, como yo; estuvo prisionero en Baeza, igual que yo, que estuve interno en un colegio, muy similar a una prisión; se casó con una mujer con los mismos apellidos que la mía El poeta Juan José Cuadros, que es el que habla, y me asombra con sus primeras Palabras, ademas de tener esta sene de concomitancias c o n el? ran maestro, es un ferviente conocedor y ení tusiasta de la persona de J o r g e Manrique, de su obra y de ese monumento de la literatura castellana que son las coplas Como tal, Juan José Cuadros intervendrá dentro de u n o s días, en ia serie de actos que se van a celebrar en Falencia con moi Juan José Cuadros tivo del V centenario de las copias q- ue Jorge Manrique dedicó a la muerte de su padre. Jua- n José Cuadros analizara la producción literaria de España y otros países en la época renacentista. -Efectivamente, situaré a don Jorge Manrique en su tiempo internacional: España, Francia, Países Bajos, Italia, para detenerme después, más exhaustivamente, en la copla dieciséis y siguientes y afirmar ue Manrique fue el primer poeta renacentista español A pesar de sus resabias medievales, tienen las Coplas un aire de renacimiento tan grande que, reo, son la primera rosa que florece en el Renacimiento español. Me cuenta Juan José Cuadros que siempre le ha interesado la figura de Jorge Manrique pero más como persona que como poeta. Todavía más como persona dice Fue una gran frustración toda la vida de don Jorge: éS debía haber muerto luchando contra los moros pero no fue así; padeció una madrastra, no fue feliz en su matrimonio... Quizá por todo ello tuviera esa idea de la muerte. ¿Expresan las Coplas la visión castellana de la muerte en aquella época? -En las Coplas hay una fe de creencia, de convencimiento, tan grande que la muerte no- es más iue un paso hacia otra vida mejor. La muerte dialoga con el Maestre don Rodrigo y esta visión no se ha vuelto a repetir más en la historia de la literatura española Sin duda esta visión ha pasado Nos i igue gustando, la comprendemos pero no seríamos capaces nunca de mostrarnos así ante ella. La diferencia fundamental en el tratamiento de la muerte que han tenido, por e. iemplo. García Lorca, Miguel Hernández y el mismo Alberti, es que, mientras para Manrique la muerte era, por su fe de conciencia, un paso para alcanzad otra vida mejor, en los poetas posteriores a pesar de la fe, la muerte se ha hecho inexorable y nos molesta o nos duele si se trata de una persona querida. ¿Se podría hablar de una escuela manriqueña? -Jorge Manrique es inimitable Cerró con su elegía todas las elegías que con ese tono se pueden hacer. No, no hay escuela manriqueña. No ia puede haber porque su obra es perfecta, está completamente acabada. Y Manrique está ahí, solo, en lo más alto de la poesía española y no hay ni guien pretenda llegar a su lado. Juan José Cuad- ros es autor de varios líteos de poemas, todos ellos en esa línea cié cereairse a las personas, mai cada ya desde Navanunca su primer! ita y a sus costumbres, sus paisajes, como en E 1 asedio Recado de buen amar y Memoria del camino galardonado con el premio González de Lama. Porque, por eneima de todo, le guste la gente, la buena gente, eomo él dice, dasfitnataria de todos sus poemas Esta poesía íntima, entrañable, de Juan José Cuadros, vagabundo de la poesía como le llama Jiménez Martos, va a estar presente de nuevo en su último libro, de próxima publicación- -Se llama Vuelta al sur porque vuelvo a la sierra del Segura, donde pasé tantos años, a la busca del tiempo perdido y no encontrado. Yo al menos no he sido capaz de encontrarlo y tiene el libro ese tono elegiaco por todo lo perdido en el tiempo eiue nunca casi nunca, se recupera. Blanca BER. ÁSATE GUI HAN DICHO DE LAS COPLAS: 9 LONGFELLOW: Son unmodelo en su línea, así por 10 solemne y bello de su concepción, como por el noble reposo, dignidad y majestad de estilo, aue guarda perfecta armoaía con el fondo. MENENEDSEZ PELAYO: Estas Coplas, arrancando del dolor individual, se levantan a la consideración del dolor humano en toda su amplitud y trascendencia. AZORIN: Jorge Manrique es un escalofrío ligero que nos sobrecoge un momento y nos hace pensar. Jorge Manrique es una ráfaga que lleva nuestro espíritu allá, hacia una lontananza ideal. AMERICO C A S T R O Jorge Manrique va más allá aún en la intención de la excepcional poesías nos ofrece una visión tripartita del mundo: la de la vida terrenal, la de la vida perdurable y la de la vida heroica. A. VALBCENA PRAT: Las Coplas merecen su perdurable fama. Se trata, en su concisión, flexibilidad y armonía de una obra perfecta y cimera en la lírica universal. M. DE MONTOUU: Señalan uno de los polos entre los cuales gira la evolución general de la poesía castellana, la cual pasa de un absoluto derramamiento por el mundo externo a una absoluta reconcentración en el mundo interno; del más franco realismo al idealismo ascético. G DÍAZ PLAJA: El Renacimiento m a d r u g a aquí, precisamente, en estos versos de Jorge Manrique, un nuevo tipo humano, que se sabe hijo ae su esfuerzo y de sus obras, lucha por su potente voluntad de gloria. 9 F. C. SAINZ DE ROBLES: La alteza de pensamiento, expresada con desusado brío, con vivísimos colores, con verdad tajante, ha logrado que estas Coplas, sobrepujando el género común elegiaco, adquieran ese tinte de eternidad que únicamente alcanza lo sublime. contemplando cómo se pas la vida, cómo se vieite la muerte tan callando. J. L MARTIN DESCALZO