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MIS ULTIMAS CONVERSACIONES CONALFWXffl Entrevista con Julián Cortés- Cavanillas Por Pilar URBANO CON ALFONSO XIII EN EL HOTEL MEURICE (PARÍS) -Era e! 20 de julio de 1933, por la mañana. Exactamente a las doce y dos minutos. Iba a ver a Don Alfonso Xlí! por segunda vez. El Rey tenía esa exquisita virtud de las almas grandes: ia puntualidad. No le gustaba hacerse esperar. -ios Reyes no deben hacerse esperar nunca, Julián... -Como decía Lope de Vega, está i peligro en la tardanza (Julián recoge a ironía en vuelo, sonríe y sigue su relato) -Yo estaba aguardándole en el pequeño hall del hotel Meurice, que comunica con la caite de Mortt- Thafcor, Don Alfonso se presentó solo ante mí. Me dio la mano, me invitó a sentarme, abrió una sencilla pitillera de plata y me ofreció un cigarrillo. Todo con elegancia y rapidez. Tanta que incluso hubo de encendérmelo él mismo. No me dio tiempo a sacar mis cerillas. Como si adivinase la pregunta que me harían en España ai regresar, me dijo: ¿Cómo me encuentras? ¿Más viejo? ¿Más gordo? -Y, ¿cómo estaba el Rey? ¿Cómo era el Rey? -En aquel entonces Don Alfonso estaba más grueso que al marchar de España. Pero aún tenía el rostro afilado. Más tarde, en el año 40, le encontré con ese aspecto de hinchazón cardiaca tan característico... Aquel verano de! 33 le vi joven todavía, en la plenitud de la mejor edad. Vestía un traje gris claro. En otra de las audiencias llevaba un elegante traje de pelo de camello, claro, y perfectamente cortado, que, según me comentó, se ¡o habían hecho en la India. Por cierto, vestía ese traje cuando nos hicimos esta foto. (Cortés- Cavaníllas me indica un retrato ya deslucido, de mala calidad. Aparecen junios e! Rey y él, en un jardín o en un ¡paseo. -Hacía un so espléndido- -sigue dtciéndome- Era en Fontainebleau. luego te cuento de aquel día y las confidencias que me hizo el Rey. LA VOZ DE ALFONSO XIII Su Majestad el Rey Don Alfonso Xlii en el Club de Tenis de Fontainebleau. decía; incluso la expresión de su mirada, su imponente sonrisa que ganaba, que cautivaba. Tenía una forma de hablar nada sotenmé, muy simpática, nada enfático. Y usaba un castellano esmaltado dé giros castizos, lleno de agudezas. Con un vocabulario rico, preciso, nada pedante; con brillantez de imágenes y agilidad de ocurrentes comparaciones... Si estar can él era un honor, oírle era un placer. Te lo aseguro. ¿Tomabas notas en esos encuentras? -No. Si acaso algún detalle. A! acabar cada audiencia, yo, en vez de irme a almorzar o cenar, me precipitaba sobre ias cuartillas para desarrollarlo todo con mayor fidelidad. En alguna ocasión sí que le tomé, casi al dictado, porque el Rey hablaba despacio y, ya te digo, con precisión. Le pregunté así, por la directa que cómo te trataba Francia, -mejor dicho, la Francia oficial. Y con toda sinceridad me respondió: ¡Así, asi... Pero en Italia a ío meter He estado en mayo a ganar el jubileo con las Infantas. Y bueno, Roma y todos los españoles que estaban allí con motivo del Año Santo me han hecho manifestaciones de entusiasmo que no olvidaré fácilmente. Me aclamaron incluso delante del Santo Padre. Y no te cuento lo que fue en San Juan de Letrán: se apretujaron tos peregrinos para cantar, con delirio, la Marcha Rea! Abrazos, besos... pocas veces me he sentido tan cerca de España como aquel día. INCIDENTE CON PÍO XI Por cierto, en esa ocasión me contó ei Rey un incidente sucedido en Roma con En Francia me ha recibido... así, así; pero, en Italia, ja to meter! Es preciso demostrar que si soy oficialmente el Rey Católico, también lo soy, y no menos, íntima y privadamente. hablaba Don Alfonso XIH? Me han dicho que tenía voz nasa! gangosa, ¿era así? -Realmente tenía la voz algo nasal, pero resultaba agradable de escuchar. No era su voz lo importante; era io que decía, cómo ¡o