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FIRMAS EN ABC Y A M QUE ME IMPORTA va de chascarrillo. El alto dirigente de una empresa, hombre indiferente, murió ante la indiferencia general. Un subordinado le cuchicheó al chófer det coche fúnebre: Dése prisa, amigo, rapidito, y así acabamos antes. A ciento veinte por hora el coche chocó, y detrás toda la comitiva. De donde resultó que el muerto tuvo muertecitos. El humor negro del chascarrillo viene a cuento de asunto muy delicado: la indiferencia. Todos estamos de acuerdo en el decálogo de los pecados mortales. Pasan los siglos, nacen y mueren tas civilizaciones, rueda la Historia, y ¡os pecados mortales del hombre son siempre ios mismos: sobre ellos no se mueve ni una hoja. De Moisés para acá no ha habido jamás hombre ni mujer alguna que pueda jactarse de haber inventado un pecado mortal nuevo. Tal es la eterna monotonía del alma humana, totalmente incapaz de inventar un nuevo desafuero. Pero... respecto a los pecados veniales ya es otro cantar. Todos sabemos que el pecado mortal implica la ruptura con Dios, nuestra separación de Dios, en un acto consciente y deliberado. Y todos estamos de acuerdo que en el pecado venial tal ruptura no se produce. (Por eso llamamos benditas a las almas del Purgatorio, aunque se hayan portado relativamente mal. Pues bien, he aquí que respecto a tos pecados veniales la cuestión es dificilísima, pues escapando éstos del Decálogo surgen, florecen y prol iferan como la hierba del campo, y su variedad es tan asombrosa y su sustancia tan diversa que llega un momento de verdadera confusión por la imposibilidad de catalogarlos. Y ahí sí; ahí sí e! alma humana hace de las suyas en un derroche fastuoso de originalidad. Y dialogar, proponer, interesarnos. La actitud negativa y nihilista del a mi, qué me importa es suicida e inmoral. Sí me importa. Mi obligación en asumir mi más alta y total responsabilidad, de tal modo y manera como si de mí dependieran los destinos del mundo. Con temor y respeto hacia mi propio voto, yo soy la célula gobernadora del próximo éxito o fracaso. De lo expuesto se deduce que la indiferencia- -en lo político, en lo social, en lo religioso, o simplemente en lo económico- -es hoy un pecado venial imperdonable. Pero hablemos claro: la línea divisoria entre venial y mortal es muy abstracta y confusa. Nuestra propia religión no la especifica muy claramente en su práctica, aunque sí en su esencia. Y respecto a la indiferencia nos atrevemos a sugerir su gravedad. Indiferencia es todo lo contrario de Amor. Y mal puede ser un pecadiüo sin importancia el ampararnos y refugiarnos en nuestro egoísmo, al socaire de que nosotros- -tan pobres, tan insignificantes- ni pinchamos ni cortamos No es cierto. Tú, yo, el otro, la otra, este, aquel, y el de más allá- -todos a una- somos los jefes de nuestra felicidad. Por lo tanto, nos importa mucho y somos tos responsables de realizarla. Isabel SUAREZ DE DEZA RAMÓN CABANILLAS EN SU CENTENARIO E L 10 de noviembre de 1959, mediada la tarde, el hogar de la familia Cabanillas, en Cambados, hervía de gente angustiada y silenciosa, llegada de todos los- pueblos de Galicia. Deudos, amigos, admiradores. De vez en vez, un tímido responso. Y un sollozo. Yo también oré por su limpia alma de cristiano viejo; recé la Salve gallega, la Salve de San Pedro de Mezonzo. El poeta yacía en una sencilla caja de pino de Tragove, amortajado con el sayal franciscano; visibles, nada más, los sarmientos de sus manos y la vejez aguda de su rostro tallado por la muerte. Por la mañana, Francisco Asorey, el escultor de la Raza, le había vaciado la mascarilla al poeta de ¡a Raza. Luego lo acompañamos por las rúas de su amada villa, flanqueadas de nobles casas blasonadas con. las armas de los Valladares: Pardo, Figueroa, Troncoso, Castro... Y los Marino de Lobeira, con sus sirenas de inocente sensualidad cinceladas por eróticos canteros del país. Y con la sola voz de la liturgia funeral dejamos su cuerpo en la paz del camposanto de Fefiñanes. Ramón Cabaniüas Enriquez había nacido en Cambados- probé, fidaigo e soñador como él le cantó- -el día 3 de junio de 1876. Dejó inconclusa la carrera eclesiástica, fue funcionario municipal, emigró a Cuba... En La Habana, inspiración de saudades, escribió su primer poemario: No desterro al que siguieron Vento mareiro y, ya repatriado, Da térra asobailada De nuevo respirando ¡a atmósfera de su alma surgieron ds su estro las sagas de A noite esíreiecida O sonó do Rei Artur O cabaleiro de Santo Grial y A espada Escalibor leyendas y milagros del mundo celta. Años antes, la Real Academia Gallega lo había elegido académico de número. Su ingreso en la Corporación se celebró en Mondariz, el 31 de agosto de 1920, y a su discurso, sobre A saudade nos poetas galegos contestó e! presidente de la Academia, don Eladio Rodríguez González, otro excelso poeta. Años después lo llamó a su seno, como representante de las Letras gallegas, la Real Academia Española, en la que entró el 1 de enero de 1945. Disertó acerca de Un somero recuerdo de la vida y la obra de Eduardo Pondal y fue académico contestante su ilustre conterráneo don Juan Armada y Losadat marqués de Figueroa. Siguieron nuevas obras: tres poemas escénicos: A man de Santiña Macías o namorado y 0 Mariscal éste en colaboración con Antonio Villar Ponte y hecho ópera luego, y estrenada en Madrid por el gran músico coruñés Eduardo Rodríguez Losada. Y más libros de poemas: Caminos no tempo Versos de alleas térras e de tempos idos paráfrasis gallegas de los más altos poetas de la Europa clásica a la contemporánea; Samas Samos el poeta de la historia f la mística del monasterio hundido entre las montañas de Lugo, versos que es esencial releer y sentir en su mismo espíritu inspirador: entre el rumor de los salmos benedictinos y el gracioso murmurio de la fuente de las Nereidas. Tenía, y fundía en un solo estro, el clamor celta de Pondal, la rebeldía viril de Curros y la ternura lírica de Rosalía. Fue como un puente entre los poetas gallegos del último tercio del XIX y los de la promoción de 1927. Muy pronto, en su juventud, era ya El poeta de la Raza A él, que cantó las leyendas, los mitos y las sagas de otros pueblos celtas: Irlanda, Escocia y Bretaña, podría llamársele, también, El bardo de la Celtitud Nada, pues, más justo y preciso- -así lo acordó Ja Real Academia Gallega- -que consagrarle el Día das Letras galegas -17 de mayo- -este año en que se cumple el primer centenario de su advenimiento a Galicia. José Luis BUGALLAL Todos los días se estrenan pecados veniales nuevos. Recién salidos del horno se exhiben y pavonean con el mayor descaro, a sabiendas de que no van a incurrir en cadena perpetua. Y por lo genera! son muy aficionados a! diminutivo titulándose pecadillos Este casi inocente infantilismo de picardía ligera nunca llega a graves consecuencias, aunque en verdad resta el apetito de la virtud, así como un vermut demasiado fuerte nos amengua las ganas de comer. Respecto a ellos vamos a referirnos a uno especialísimo que bautizaremos con un extraño título: Y a mí, qué me importa Bajo tal rubro se esconde la sonrisa de una perversa dama: la indiferencia. No podemos negar el viejo cuño ni la elegante alcurnia de dicha señora. Pero parece ser que en nuestros días está aprovechando las circunstancias para reintegrarse a la moda actual. Claro está que las circunstancias la favorecen demasiado: las violencias, los atropellos e injusticias, las guerras frías, y templadas, los secuestros, los atentados, las persecuciones políticas, ¡as torturas vergonzantes, la inflación, Sas huelgas, el desequilibrio de todos los mercados... Todo ese tremendo panorama universal incita al hombre común- -simple, tranquilo y cotidiano- -a pensar que él es incapaz de resolverlo ni de atenuarlo. Y entonces adopta ese ademán tristemente filosófico del encogimiento de hombros. Es decir, se inclina ai oído del chófer fúnebre para decirle: Amigo, si este mundo está podrido y hay que enterrarlo, acelere usted y así acabamos antes. No. Decididamente, no. Tai actitud es pecado. Los hombros no están para encogerlos, sino para ponerlos. Aunque nuestra opinión sea tan humilde, tan oscura y tan inservible como un cero a la izquierda, aunque no movamos ni un milímetro de la rueda del mundo, nuestra obligación es hablar, actuar, discutir,