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LOS GRANDES DE LA FOTOGRAFÍA ESPAÑOLA CAMPUA José L Campúa (José Demaría López) fue el verdadero creador del reporterismo gráfico en España Por José Altabella OSÉ L. Campúa fue el verdadero creador del reporterismo gráfico en España. Desde m o d e s t o aprendiz de barbería, en Jerez de ¡la Frontera, llegó a ser el as de los periodistas gráficos en nuestro país. Fue una de las figuras que animaron con su competencia y laboriosidad las publicaciones periodísticas de ila Editorial Prensa Gráfica, de Madrid. Nació Campúa en Jerez, en 1870. Siendo muchacho, y para ayudar a su familia, se colocó a los trece años en una barbería. Habría de recordar, ya en pleno triunfo, que así ganó su primera peseta, afeitando en la cárcel y en el hospital. Por entonces, Diego González Ragel abrió una galería fotográfica en la calle Larga, 15, y en ella entró el aprendiz de fígaro. Sólo estuvo escasos meses, porque, en el año 1893, Manuel Compañy, a la sazón popular fotógrafo de autores y artistas, le trajo contratado a Madrid para trabajar en una de las galerías que poseía, en la calle de Fuencarral, 29. (Otra sucursal estaba fen la calle de la Visitación, 1. Pronto fue nombrado jefe de, estudio. Más tarde, cuando Compañy adquirió la galería Greco- -anteriormente regen t a d a por Otero- que estaba en la calle ide Alcalá, 19, Campüa pasó a ella como encargado de la misma. Era entonces- -nos cuenta El Caballero Audaz, describiéndole en un reportaje- -un hombre que frisaba los veintiocho o treinta años. Mediano de estatura, bien proporcionado, el rostro moreno, cetrino; los ojos, extraños, verdes, brillantes, expresivos, como los de Onofrof. Muy dinámico, muy resuelto de ademanes y palabras, Y más adelante completando I retrato, añade que a él le causaba admiración y envidia el magnífico bigote negro, a la horgoñona de largas y sedosas guias, que se atusaba con 1 í J gentil ademán, y el maravilloso chaqué con trencilla, que vestía con impecable elegancia para recibir a la clientela... Y remata dicha descripción etopéyica con este juicio: Campúa era un perfecto galantuomo Atendía a la clientela femenina con una galantería exquisita, encantándola y sugestionándola con sus observaciones, con sus elogios de artista, con tal discreción y tino que ni el más celoso acompañante podía mostrarse resentido. UN ERROR DE IMPRENTA Pronto acreditó Campúa la citada galería con su dinamismo, resolución, gusto artístico y simpatía personal. Ganaba a la sazón 25 pesetas diarias. Uno ¡de sus ayudantes fue José María Carretero, quien popularizó años después el seudónimo de ¡Ei Caballero Audaz en sus célebres entrevistas y en sus novelas. Allí nació una amistad entre ambos que había de du- rar toda la vida. Campúa empezó a volar en seguida con sus propias alas y su nombre se impuso rápidamente con un prestigio profesional indiscutible. Su ¡nombre, hemos dicho. Pero esto merece una aclaración. El se llamaba realmente José Demaría López. Creyó que sus apellidos no eran demasiado comerciales, en una época en que casi todos usaban seudónimos, y pensó elegir como sobrenombre el nombre de una ciudad cualquiera. Capua, por ejemplo, se dijo. En la imprenta donde encargó la propaganda se equivocaron ¡y le interpolaron una eme a aquella ciudad, donde cuenta la leyenda que Aníbal se durmió en sus delicias. Aceptando el nuevo nombre que le brindaba la errata casual tipográfica, a partir de ientonces empezó a firmar Campúa. A principios de Siglo entró como redactor artístico en el semanario Nuevo Mundo, que hacía unos diez años fundara José del Perojo. En abril de 1905, Campúa ingresó en la Asociación de Ja Prensa de Madrid, entidad corporativa en la que, al paso de los años, llegó a ser miembro de su Junta directiva repetidas veces. Por esa época, después de su jornada de trabajo habitual, muy intensa, acudía a una academia nocturna para ampliar su instrucción. Se dedicó con afán al estudio de los idiomas, y en dos años logró imponerse en ellos, conversando correctamente en francés y en inglés. La campaña de Marruecos de 1909 le sirvió para acreditarse como consumado corresponsal de guerra. Sus fotografías se voceaban por los vendedores de periódicos, porque sabían que la mercancía subía de valor: El Gráfico con fotografías de Campúa. ¡Lea Mundo Gráfico con las informaciones de Campúa en Melilla! Así, una semana y otra, el corazón de España latía agitado a cada noticia que venía del otro lado del Estrecho. Eran los días dramáticos del Barranco del Lobo. Iba Campúa con las tropas españolas, entre nubes de pólvora y fogonazos de fusiles, recogiendo en su máquina fotos, unas fotos vibrantes, estampas de horror y bravura, de valor y de muerte. Audaz y temerario, no reconocía cortapisas para cumplir con su deber. El semanario que publicaba sus informaciones era arrebatado de la mano de los vendedores según la frase estereotipada de la época. Y llegó a alcanzar una cifra de tirada jamás igualada hasta su tiempo por n i n g ú n periódico español: 266.000 ejemplares. LLEGO ANTES QUE LAS TROPAS Veinte años van desde ei bigote negro, a la borgoñona, que lucía Campúa antes de la primera Gran Guerra y el rostro perfectamente rasurado de los años de su madurez. En una ocasión la artillería había desalojado a los moros del poblado de Zeluán y las tropas españolas iniciaban el avance. No es para descrita la sorpresa del jefe que man-