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ABC. MARTES 28 DE OCTUBRE DE 1975. PAG. 3. ABC DIRECTOR: JOS ¿Luis CEBRIAN BONE SUBDIRECTORES Miguel TOREES GIL del REAL Santiago A R B O S B A L L E S T E R E D A C C I Ó N ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 6 1 M A D R I D APARTADO 43. TELEFONOS. -Redacción y Talleres: 2251710 y 2759408. Administración: 2255020 I Editor: PRENSA ESPAÑOLA, S. A. EN LARGA Y TENSA ESPERA Sigue condolido el país, en larga y tensa espera, todas las vicisitudes de la gravísima enfermedad de Franco. Hacia él, hacia su personalidad extraordinaria y su significación histórica impar, irrepetible, se ha movilizado un natural consenso masivo de afecto, reconocimiento, respeto y adhesión. España entera le acompaña en su dramático trance y el corazón popular se contrae- y se dilata, se desalienta y se esperanza a tenor del signo de cada parte médico. Y mantiene la comunidad nacional, en todos sus estamentos y todos sus estratos, la serena calma- ejemplar de una ciudadanía consciente, preparados los ánimos para la noticia peor; pero tranquilizados, al tiempo, por la continuidad que garantiza la sucesión en la real persona del Príncipe Don Tuan Carlos. Se está cumpliendo satisfactoriamente, como prometió el anuncio ministerial, el deber de una información puntual y suficiente a todo el país. Los periódicos, atentos a su función informativa, realizan el esfuerzo enorme de varias ediciones diarias; las emisoras de radio transmiten con notable frecuencia los partes médicos; televisión ofrece también, superando limitaciones técnicas, información continuada. Y la abundancia informativa, como era de esperar y por ello se demandaba desde el primer momento, ha contenido la avalancha de los rumores y ha cortado las raíces de los bulos, de las noticias inverosímiles v de las cabalas tendenciosas. Se sabe, día a día, hora a hora, lo que ocurre, y el conocimiento cierto, respaldado por la garantía de las fuentes oficiales, contribuye decisivamente a que se mantenga y reafirme la tranquilidad popular, la serenidad dé los espíritus. En esta ejemplar actitud cívica debe mantenerse el pais; debemos mantenernos todos, aunque se prolongue la tensa expectación en qué vivimos ahora los días. Unidos y orientados, sin nervios ni vacilaciones, hacia la normal y pacifica continuación de la vida nacional. El crítico paréntesis a b i e r t o por la grave enfermedad de Franco puede cerrarse en cualquier momento. Deber común es superarlo con la máxima serenidad. Ningún desenlace puede abocarnos a una situación diferente de la prevista y definida en el mecanismo sucesorio de las Leyes Fundamentales. En torno a la figura del Príncipe Don Juan Carlos, firmemente respaldados y asentados existen y están a punto los organismos constitucionales a quienes corresponde aplicar y cumplir la previsión sucesoria cuando ésta se cumpla. El futuro no es una incógnita. Según las Leyes Fundamentales, cabe, en los momentos actuales de enfermedad del Jefe del Estado, que se proceda a la aplicación del artículo 11 de la Ley Orgánica de) Estado, a cuyo tenor, en caso de enfermedad de aquél, asumirá sus funciones el heredero d la Corona, es decir, el Príncipe Don Juan Carlos de Bortón. Es ésta una situación interina o transitoria que dura tanto como la causa que la origina: la enfermedad del Generalísimo. Obedece esta previsión legal a la necesidad de subvenir al cumplimiento de las funciones propias del Jefe del Estado en situación en Jas que, por razones físicas, está imposibilitado para ello En principio, ninguna situación, concebida en la ley como transitoria o interina, es bueno que se prolongue en demasía. Pero cabe sopesar la conveniencia de tener cubierta la Jefatura del Estado con una cabeza en plenitud de rendimiento, máxime por las enormes responsabilidades inherentes a tan alta magistratura, puestas aún más patentemente de manifiesto por los problemas que el país tiene pendientes y cuyo encauzamiento v solución apenas sí admiten demoras. No es imposible, de otra parte, que el Generalísimo hiciera uso de sus facultades de cesión o transmisión de poderes a Don Juan Carlos. Ello cabe perfectamente dentro de las potestades que tiene atribuidas en virtud de los artículos 17 y 7 de las leyes de 30 de enero de 1938 y 8 de agosto de 1939, respectivamente, conocidas por lo común bajo el nombre de leyes de prerrogativas Si, según las mismas, es al Jefe del Estado a quien corresponde la suprema potestad de dictar normas jurídicas de carácter general, bien puede, por voluntad propia, atendiendo a su estado de salud, las previsiones de su evolución. y en función de la necesidad de cubrir la primera Magistratura d e 1 Estado, transmitir, de forma fehaciente, al hoy Príncipe de España los poderes inherentes a la realeza con las facultades y características que la figura del Rey tiene consagradas en nuestras Leyes Fundamntales. muy concretamente en las Leyes Orgánicas del Estado y de Sucesión Existe también una tercera posibilidad nacida de luctuoso suceso del fallecimiento del Generalísimo. Es entonces, y sólo entonces, cuando entraría en vigor lo previsto en el articulo séptimo de la Ley de Sucesión: acaecido el ANÁLISIS JURÍDICO DE LAS POSIBILIDADES DE LA SUCESIÓN fallecimiento, el Consejo de Regencia- -compuesto por el presidente de las Cortes, el teniente general más antiguo en activo y el prelado de mayor jerarquía y antigüedad, consejero del Reino- -asume, en nombre del sucesor, los poderes; convoca a las Cortes y al Consejo del Reino, quienes reciben el juramento del sucesor de respetar las Leyes Fundamentales y lealtad a los principios que informan el Movimiento Nacional, y. sin más trámites, le proclaman Rey. La celebración del Pleno de las Cortes habrá de tener lugar en el plazo máximo de ocho días desde que se produzca la vacante en la Jefatura del Es lo (artículo primero de la ley 28 1972. de 14 de julio) Cabe, por último- -y quede hecha la cita como simple posibilidad prevista en la ley- la incapacitación del Jefe del Estado, sujeta a las formalidades prescritas en el artículo 14 de la Ley de Sucesión. Resumiendo, pues, y excluida esta última posibilidad, las alternativas q u e parecen apuntarse, en orden a un futuro inmediato, son las tres siguientes, citadas sin preferencias p o r nuestra parte: A) Asunción interina de la Jefatura del Estado por el Príncipe de España durante el tiempo que dure la enfermedad del Caudillo o se efectúe la transmisión de poderes. B) Cesión de poderes por el Generalísimo y proclamación del Príncipe Don Juan Carlos como Rey de España. O Asunción de la Realeza, como consecuencia del fallecimiento del Jefe del Estado, tras un plazo máximo de ocho días contados desde el óbito y previo juramento del Rey ante las Cortes vceadas al efecto. ALFOMBRAS PERSAS LEGITIMAS í ANTIGUAS ymCtüALES ADQUIRIDAS HACE MAS DE VEINTE AÑOS PRECIOS DE EXCEPCIÓN S E R R A N O á; t M A D RI I EDIFICIO OFICINAS Cerca Viso VENDEMOS 3.000 m con aparcamiento 233 9318 Las repercusiones que él advenimiento del Príncipe Don Juan Carlos como Rey tiene en el Gobierno de la nación, es tema que también ha preocupado a amplios sectores en España v en el extranjero. A nuestro juicio, el artículo 15 de la Ley Orgánica del Estado no obliga a que él Presidente del Gobierno cese por fallecimiento del Jefe del Estado o por la transmisión de poderes del Caudillo y subsiguiente proclamación de Den Juan Carlos como Rey de España. En efecto, dicho artículo 15 establece taxativamente que el presidente j e 1 Gobierno cesará en su cargo: A) P o r expirar el término de su mandato. B) A petición propia, una vez aceptada su dimisión por el Jefe del Estado, oído el Consejo del Reino. C) Por decisión del Jefe del Estado de acuerdo con el Consejo del Reino. D) A propuesta del Consejo del Reino, por incapacidad apreciadla por los dos tercios de sus miembros. Estando vigente el mandato de cinco años del actual presidente del Gobierno, no es, en principio, obligado el cese del mismo. Lo que sí parece, en cambio, forzoso es que, a tenor del artículo 19 de la misma ley, juren el presidente y los demás miembros del Gabinete fidelidad al nuevo Jefe del Estado. Y. por supuesto, nada excluye la posibilidad de una dimisión, que sería efectiva una vez aceptada por el Rey. oído el Consejo del Reino. Para el nombramiento de nuevo presidente del Gobierno habrían de seguirse, en su caso, los conocidos trámites de propuesta en terna por parte del Consejo del Reino y designación ulterior de cualquiera de los propuestos por. el Rey. Corresponde, por último, al Rey el nombramiento de los miembros del Gabinete, a propuesta del nuevo presidente del Gobierno.