Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
COLABORACIONES UBI GELLER S UPONGO que, si no le han visto ustedes en la televisión, habrán leído algo sobre él en algún periódico o algún amigo les habrá contado sus experimentos, pero, por si no lo supieran ustedes quién es Uri Geller, les diré que es un joven israelita poseedor de una energía cósmica que le ¡permite poner en marcha relojes rotos, doblar cucharas y tenedores y hasta partir toda clase de llaves. Y todo esto a cualquier distancia y sin el más pequeño contacto. Yo le he visto actuar en la pequeña pantalla, ante el nerviosismo de todos ios que le rodeaban y del propio locutor, e inmediatamente empezar a recibir llamadas telefónicas desde distintas capitales españolas de cientos de personas a quienes sus relojes estropeados habían empezado a funcionar y otras a las que se 1 es habían doblado (as cucharas o los tenedores. Yo debo confesar que, pese a 1 mi decidida vocación a creer en toda clase de fenómenos inexplicables, no pude conseguir que se doblara la cuchara que había preparado lleno de esperanza ni que ei reloj que coloqué ante la patada se pusiera en marcha, a pesar de que se trataba de un reloj que funciona perfectamente y que su parada circunstancial se debía a la falta de cuerda, pero no creo que 1 a energía cósmica supiera este detalle, aparte de que hay que pensar que sea más fácil hacer funcionar a un reloj que no tiene cuerda que a otros de los muchos que exhibieron otras personas, que les faltaba hasta la imaqu marta. Este sencillo incidente me hizo dudar de la energía del joven israelita, pero to que no dudo ni un momento es de la energía cósmica del joven Uri Geller para poner en órbita su libro Mi fantástica vida que a estas horas estará ya en manos de todos los relojeros de España. El caso es que no sé si admirar o no admirar al joven Uri Geller. Porque si esa fuerza cósmica de la que dispona es- -según dice- -involuntaria, él no es entonces más que un mandao O sea, un vehículo entre esa fuerza cósmica que le envía Dios sabe quién y el propietario del reloj o de la cuchara, y en ese caso no hay por qué admirarle. Ahora bien: si la fuerza no es tan cósmica como parece y parte del mismo Uri Geller, no tendré más remedio que rendirme a la evidencia por haber conseguido su propósito. Otra de las razones que me empujan a ponerle en- tela de juicio es la de que ya que se tiene la ocasión de ser intermediario de una fuerza tan poderosa, no la haya empleado hasta ahora en consecuciones más importantes y la esté malgastando en doblar cucharas y tenedores, que es algo que no conduce a nada. Y, por último, el señor Uri Geller asegura que estas facultades que él está exhibiendo provienen de una fuerza oculta en un sector de nuestro cerebro que no utilizamos, pero que con el tiempo todo ei mundo podrá disponer de ella. Y yo pregunto: ¿y qué falta nos hace despertar esa fuerza cósmica que tenemos dormida en nuestro cerebro? ¿Para acabar con todas las cucharas del mundo? ¿Para que los relojeros tengan que suicidar- se? ¿Para que tengamos que inventar- un nuevo tipo de llave irrompible? Menos mal que yo sé que a mí ya no hay quien me despierte ninguna fuerza nueva, por- que bastante trabajo les doy a los que quieren despertarme de mi modesta fuerza vieja. TONO ISIDORO SÁNCHEZ TOVES C ANSADO del duro bregar, que no vencido, recientemente nos dejó Isidoro Sánchez Toves. De sus excelencias como hombre de leyes, plumas más autorizadas lo harán mejor que (a mía. Yo soy, quizá, uno de los pocos humanistas que quedan en este asqueroso mundo de 1975. Lo digo sin jactancia de ninguna clase, pues, en ios tiempos que corren, tener curiosidad por todo, ser especialista en ideas generales, es una tragedia que, además, promueve e! desprecio de Jos pedisecuos de Ja masa y técnica, de los adoradores de la barbarie de la especiaJización. Isidoro fue un hombre humano, valga la redundancia, y no olvidemos nunca que el hombie está hecho a imagen V semejanza remota de Dios, con quien el gran canonista Sánchez Toves disertará de omnia f scibMe en el cielo. Isidoro estará allí con su viejo amigo don Miguel de Onamuno, del que soportó sus sublimes monólogos monocordés siendo estudiante en su Salamanca natal en los años 30. El gran cascarrabias de don Miguel, con Isidoro, el gran equilibrado, el gran conciliador. Conciliador de temperamento, ni pre ni posconciliar del discutido Vaticano- H. Isidoro, amigo de grandes, cual el principe de la Iglesia Enrique y Tarancórt, y de chicos, cual taxistas, limpiabotas y camareros; y de hombres de letras, como García Pavón. Isidoro, habilísimo negociador frente a las feroces abogadas laboristas que a veces recuerdan a las llamadas tiorras por el señor Unamuno y Jugo. Isidoro, nacido en Salamanca en 1917) que- -como dice Cervantes- -hechiza la voluntad de cuantos han gustado de su apacible vivienda, de su áurea arenisca tornasolada, de sus platerescas fachadas, tan caras a quien esto escribe. Isidoro, varón de dolores, sin hiél, que llevó con resignación cristianísima sus muchos achaques, padecidos desde la juventud, y su terrible y acérrima dolencia postrera. Isidoro, corazón generoso, amigo impar, conversador ameno, paciente soportador del pelmazo, que dejó fama de caballero sin miedo y sin tacha en una actividad profesional tan ardua y dada a polemizar como es la abogacía. ¡Y cuánto saber jurídico el de Sánchez Toves! Eso me admiraba, pues llegó a amar el Derecho, cosa que yo no logré, pues su aridez esplendente y muy excelsa no caló mi intelecto, disperso y algo perplejo. La abogacía española perdió a uno de sus mejores profesionales, y iodos los que le tratamos estamos en alguna forma huérfanos desde su muerte. Hasta luego, Isidoro, hasta siempre. ¡Que Dios permita que dentro de muchos, muchos años, sin ponerle tasa a la misericordia divina, nos bebamos unos tintos celestiales en matritenses tascas y unos ardientes cafeses en un Gijón paradigmático! Estoy seguro de que allá habrá tertulias y de que, como todos seremos beatísimos, hasta recibiremos con alegría al magnífico pelmazo que nos endilgue la Crítica de la razón pura en octavas reales, o un ensayito sobre Cervantes y el Quijote algo castrista (de don Ámérico) ¡Qué tristes nos dejas a todos, Isidoro Sánchez! Intercede para que Dios no abandone de su mano a tu amigo. Alfonso DE FIGUEROA Y MELGAR