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COLABORACIONES S ENTIR la imperiosa necesidad de corroborar ¡públicamente que los poderes extrasensoí teles de Itai Geller son, tal como éJ mismo postula, atributo de la raza humana toda, e incluso arribar al convencimiento, aún más extraño, de que también de dtohos poderes son copartícipes todos los animales qu pueblan nuestro planeta y, sobre todas las cosas, demostrar te certidumbre de hecho, es tarea que me he visto exhortado a cumplimentar. Oomo advertencia pre! l ¡ni! írvar he de ¡recabar en la consideraoión de que el ser humano no es sino un animal... hoy devenido inteligente. La dilucidación del caso- -por perentoriedad de la ciencia- -ha convertido, por añadidura, ios frenéticos trabajos, técnicos en tal cantidad de resultados (pruebas videntes, comprensibles) dasifioables según la paleoantropología y íos diversos sistemas de mediciones con que cuenta la estratigrafía, que es obviamente prescindible (a afusión de los motivos por Jos que no ha habido más remedio qu reconocer aquí el origen del homo sapiens Y ¡maníiénese tal concepto en e ¡mundo entero, a excapción de ¡muy ipocas fNosoíías, en cuyas líneas vanguardistas no es muy arriesgado presumir el alineamiento de fanáticos antropocentristas, aquejados de migraña mental (léase oscurantistas) los cuales, gracias a DIOS (nótense bien las cuatro mayúsculas) no abundan ya en la última parte del siglo actual; ai menos de forma activa o perniciosa. Bajo esta premisa (concepto de origen) pues, y siempre en base al objetivismo frío con que quiero plantear ta cuestión Urj Geiler, véome en Ja necesidad primeramente de aludir- ¡no sin ciertas y modestas intenciones propedéuticas- -Ja importancia de los poderes extrasensoréates del mundo animal, que es un mundo contiguo al nuestro y del cual ha nacido la forma actual hutmana. Que los animales no son inteligentes ni racionales- -aunque a la relatividad de tal postulado se enfrente ia rigurosidad de extremismos oposic ionistas e imposioionistas- -es de lógica; incluso es una creencia general. No mtegan aquí tampoco, parte de quienes a dicha creencia agrúpanse, que los animales son capaces de realizar determinadas funciones cuya única explicación tiene como base la mediación instintiva. De alergia anímica a ios poderes extrasensoriales conceptúo yo la enfermedad que padecen quienes así afirman; porque, no siendo causa de otro poder, sino de ios instintos, la facultad que poseen algunos animales para- -por ejemplo- -desplazarse a miles de kilómetros (aves migratorias) y volver en época posterior al fijo tugar que abandonaron; y también convencidos de que tai gestión sería imposible de llevar a feliz término por el hombre- -a menos que contara con ciertos dispositivos, como brújulas, cartas de ruta, etc. sería lícito y totalmente honrado prestar más preciado don a los instintos que a ta inteligencia y razón humanas. De que Kant no pensaría igual, firmemente convencido estoy: ¡por mucha importancia que se dé a los instintos, jamás con la inteligencia y la razón podrán ser com- parados. De lo. que se sigue que no son tales instintos protagonistas fielmente representativos o ejecutores de los fenómenos que se oteervan ero ios animales (como presupuesto, insisto, exclusivo de ios instintos propiamente dichos) Un buitre- -pongo otro caso- -revolotea tejos de su Jugar de descanso, sobre un sitio, bajo el que posteriormente, aparecerá su presa herida. ¡Como si ios instintos fuesen capaces sustancialmente de detectar el futuro! Otro caso: abandonar I ¡monte que va a ser objeto de un voteán, por ejemplo, es EL MITO URI GELLER Mantenga, pues, el científico, ei f a n tástico, el escéptico, cerrada la ventana de su duda: Uri Geller es un animal devenido inteligente; un homo sapiens que padece un atavismo... maniobra que s ven- impelidos a realizar los animales que allí se encuentran; pero si el naturalista que estudiara el oaso prestara ta debida atención, sacaría las conclusiones siguientes: como más importante, que los animales de menor poder físico (medios más reducidos de (ocomoción) son más instintivos que los de mayor ¡posibilidades desptazativas. De entre todos, a ia hora de la huida, son Jos inferiores- -en este aspecto- -ios que, al detectar la irreversibilidad de la catástrofe, comienzan a desfilar en un orden perfecto- -de menor a mayor capacidad de autonomía- soslayando así los peligros futuros con que son amenazados por la catástrofe. Y parec ríate también a 1 estudioso, a po p que se preocupara de ello, justo como si la Naturaleza hubiese dotado a tos animales de instintos que están en proporción a las necesidades de su vivencia; lo que, de hecho, no dejaría de sorprenderte. ¿Sería imposible que el técnico que tal observara solamente por una vez especulara con la interrogante de si ei futuro puede verse por mediación de los instintos, y, en este caso, cómo surge ia posibilidad de que una hormiga Jo capte antes que un animal doméstico, como por ejemplo un perro? Me TÍO yo dé tantos fetos (eruditos) como escépticos que, o b en no creen en las capacidades de percepción extrasensori- al (en la fuerza abstracta que da en algún caso esta facultad) que hoy, a escala pequeñísima, protagoniza Uri Geller, o, por ei contrario, en tos que, creyendo en esa fenomenología- -artística- -de que hace gala, sienten nerviosismo ante la perspectiva de sus posibilidades. Estos te llaman único de la Naturaleza poderoso mental- -y aquí en parte no se equivooart- prestidigitador sin ¡trampa, anormal y, en suma, oaso excepcional (cuestiones todas que no saben cómo explicar... ¡Como si Kiss Maerth no hubiera hablado ni escrito nada! Hacer depender estas posibilidades extrasensc- riales de Ja parte del cerebro (noventa ¡por ciento) que no funciona- -o que, al menos, compréndese insuficientemente cómo lo hace para dar así una respuesta algo más satisfactoria del hecho, ¿no parece más oportuno? La estupidez es madre de mi interrogante que sigue: ¡por qué, de una vez por todas, no se separan con infranqueable barrera la inteligencia y ta razón de los poderes extrasensoriales- -éstos de Jas leyes físicas- -y ¡los instintos, dejándolos evolucionar a cada cual por su lado como sujetos independientemente constituidos? ¿No son, acaso, los instintos una forma de conocimiento subconsciente transmitido por herencia? La aparición de los instintos presupone ei hecho de que determinada raza atvjmal iha realizado un trabajo de forma consciente y por un período de ¡tiempo suficientemente largo para que estas actividades hayan sido posteriormente realizadas de forma inconsciente y automática (O. K. Maerth) ¡Cuántas veces, ¡pues, se ha de repetir que n ¡hecho futuro no puede ser detectado por tos ¡tnsíiníos? Por e je mp ¡o: ¿por qué no volvieron Jas aves migratorias- -como debería ser: esclavas de sus instintos- -cuando ha ocurrido la primera o segunda guerra mundial? ¿O somos tan pueriles como para creer que ios instintos han sido Jos detectores de la catástrofe ocurrida a muchos miles de kilómetros de distancia? He aquí ía cuestión: debido precisamente a las ¡posibilidades para la percepción extrasensorial- -que abarca muchas facetas: ¡poder mental, ¡conocimiento del ¡pasado, futuro, telepatía, etc. -que todos Jos animales poseen, independientemente del grado de inteligencia que hayan alcanzado en el marco de su evolución natural- como bien dice Kiss Maerth -y- ¡atención! siempre rigiéndose por sus necesidades las aves migratorias- -cuyos poderes extrasensoriales no conocemos, como tampoco Jos de la mayoría de los animales- obviamente, no volvieron; tos buitres perciben el futuro, y también los animales que abandonan los futuros lugares catastróficos; los elefantes se retiran a lugares desconocidos cuando van a morir, etc. etc. Matenga, pues, el científico, el fantástico, el escéptico, cerrada a toda duda la ventana de su duda: Uri Geller ss un animal devenido inteOigente; un homo sapiens que padece un atavismo, un atavismo que es su ventaja y una ventaja que es similar a la de miles de personas que ocupan nuestros continentes, inferior a la de otros que han llegado incluso a hacer milagros y, por supuesto, no comparable en absoluto con el poderío extrasensorial que lucieron otros seres, por ejemplo profetas que, incluso en alguno de los casos, fundaron religiones. Compuesta de Homibres- Dioses seda la Humanidad toda si esos poderes atávicos aparecieran en la proporción en que tos perdimos- -y juzgando lo que podríamos hacer con ellos por nuestra inteligencia- Pero el hombre quedó enfermó tras el crimen (pecado) original y, desde entonces, se asusta ante una llama, él, que podría encender y alimentar con la fuerza de su mente una gran hoguera. (Pirámides. Secretos Isla de Pascua, etc. etc. Fernando GARCÍA ESQUIVA