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ABC. JUEVES, 11 DE SEPTIEMBRE BE 1875, PAG. 58. Como en días anteriores, publica- concentré en ellos como de costumbre, al mos a continuación un nuevo capítulo tiempo que sugería a los telespectadores de ie la apasionante vida del polémico todo el país que se concentrasen también en relojes, llaves o lo que tuvieran a mano joven israelL El pasaje que transcri- sus sus casas. en bimos ha sido entresacado del libro de Uri Geller ¿Mi fantástica vida i LA ANGUSTIA DEL FRACASO Publicado Por Ediciones Grijalbo. Durante el rato que estuve intentándolo, nada les sucedió a los relojes del estudio. En el estudio de la televisión danesa, en Mi sorpresa era considerable, porque desde Copenhague, se hallarían presentes durante luego alguno de los cinco relojes debería hala emisión del programa tres jurados. Uno berse puesto en marcha. Fue un momento era el presidente del gremio de relojeros; embarazoso, ya, que, al parecer, mi fracaso otro, un psicólogo; al tercero me lo presen- era complete. JVÍe sentí muy incómodo. Retaron come hombre de negocios, pero pos- sulta espantoso permanecer sentado frente teriormente me enteré de que se trataba de a una cámara de televisión sabiendo que un hábil mago danés llamado Leo Lelie. millones de personas contemplan el fracaso Lo que ignoraba, y no supe hasta tiem- de uno. Tuve mejor suerte con los metales q. ue po después, era que Leslie habia elaborado una serie de meticulosos preparativos cuya presentaron, porque esta energía es ajena a finalidad consistía en Intentar aniquilarme. los compuestos químicos o al niquelado. No Como primera providencia, se había agenciado de. un preparado químico denominado bicloruro de mercurio, que se supone reblandece los metales. Su idea consistía en doblar una llave durante el programa utilizando esa sustancia química, de forma que pudiese competir con el modo en que yo curvaba las llaves al concentrarme sobre ellas. CINCO RELOJES ARREGLADOS Además, se había puesto de acuerdo con el director para que una de las cámaras estuviese constantemente enfocada sobre mis manos, sin apartarse de ellas. una sola fracción de segundo. No contento con eso, consiguió que el experto en relojería aportara cinco despertadores arreglados de forma que les fuera absolutamente imposible ponerse en marcha. En uno de ellos habían colocado una pieza de cemento, otro estaba empapado de aceite, el tercero se hallaba bloqueado por un sujetapapeles... Leslie tenía también dispuestos varios clavos y llaves previamente sometidos a un baño de níquel, para que, si yo empleaba algún compuesto químico- -cosa que nunca hago- los objetos resistieran su acción. Efectuó, asimismo, otros preparativos, de nin- ¡guno de los cuales tenía yo la menor noticia. A mi llegada supe también que el programa iba a incluir un abierto y franco debate sobre el tema del sexo, cuestión en la que no deseaba intervenir para nada... No es que esté en contra del sexo, pero la materia no tenía nada que ver con el tipo de demostración que me aprestaba a realizar y probablemente le restaría valor. Accedieron a disociar de mi actuación aquella parte del programa. Debo reconocer que la tentación era muy fuerte para mí, puesto que me desafiaban a que me concentrase en el sostén de una de las muchachas del estudio, suj eto mediante broches metálicos. La joven era preciosa y de formas esculturales. Werner Schmid se apresuró a vetar la idea y me recordó que la travesura podía resultar nociva para mi imagen. Lo que no es óbice para que a menudo me pregunte qué habría ocurrido si hubiese hecho aquello estando en antena. Los daneses son muy liberales v el experimento habría resultado interesante. De acuerdo con el guión, yo iba a aparecer, -junto con los integrantes del jurado, en dos espacios del espectáculo. Entre uno y otro había un intervalo. Empezó el programa y me trajeron los relojes estropeados, que no pude poner en funcionamiento. Naturalmente, no sabía nada de las manipulaciones a que Leslie los habia sometido. Me lojero y Leslie explicaron al auditorio lo que habían hecho y lo que sucedió durante el intermedio. Los miembros del jurado manifestaron a los telespectadores que tenían el absoluto convencimiento de que mis consecuciones no eran resultado de ningún truco de magia o ilusionismo y que todos nosotros habíamos pasado un buen rato con las demostraciones. Mientras tanto, seguían las llamadas telefónicas de domicilios situados en todos los puntos de Dinamarca. De modo que. a pesar de las artimañas empleadas cen los relojes, el programa obtuvo un éxito tan formidable como el alcanzado en otros países. Leo Leslie me contó que había probado el bicloruro de mercurio para, doblar llaves, cucharas y otros objetos metálicos, pero que el compuesto químico, se manifestó totalmente incapaz de producir el mismo tipo de efecto de torsión, por lo que ya antes de que el f ÜÉ i- í y t y L. obstante, me sentía decepcionadísinio, al. ignorar qué pudo ocurrir, qué pudo fallar en el caso de los relojes. En el intermedio, mientras se transmitía otra parte del programa, pasé a un estudio contiguo acompañado de los miembros del jurado. Allí solos, efectúe algunas demostraciones ante ellos y empezaron a perder su escepticismo. Entretanto, los empleados de la televisión me comunicaron que la centralita estaba siendo inundada de llamadas telefónicas informaciones de lances idéntiticos a los ocurridos en Inglaterra, Noruega y demás países de la gira, aun cuando los relojes no hubieran empezado a funcionar de nuevo. Al igual que en ocasiones anteriores, la centralita no daba abasto para atender todas las llamadas. Comencé a sentirme un poco más animado y entonces Leo Leslie me confesó lo que habían hecho para intentar sabotearme. UN ALUVIÓN DE LLAMADAS Con anterioridad, en Austria, unos cuantos incrédulos habían tratado también de bloquearme. Pero cuando- me dijeron que habían empleado algunas tretas para inmovilizar las piezas de los relojes, apliqué un esfuerzo y concentración suplementarios, y, pese a todo, algunos de ellos se pusieron en marcha. Le dije a Leslie que debió informarme de lo- que hizo, pero qué ya era demasiado tarde para intentar nada, porque en el segundo espacio del programa sólo disponíamos de escasos minutos. Cuando volvimos a entrar es atena, el psicólogo, el reprograma entrase en antena desecharon la idea de utilizarlo. Daba resultado, aunque sólo parcialmente, aplicado al aluminio, ¿pero cuántas llaves estaban hechas de aluminio? Me dijo también que mis manos no estuvieron en ningún instante fuera del radio de acción de la cámara de televisión, especialmente enfocada sobre ellas. Leo Leslie referiría más adelante esta experiencia en un libro. A pesar de ser mago, se convirtió en uno de- mis más ardientes defensores. Los. periódicos daneses se mostraron tan pródigos en su información como los de los demás países. Reseñaron con gran lujo de detalles los extraños sucesos acaecidos a lo. largo y ancho de Dinamarca, y en uno de ellos, el Berlingske Tidente se decía: Los desconfiados y escépticcos empiezan ya a darse por vencidos. Se ha demostrado con toda claridad que Uri Geller posee capacidades que pueden calificarse como la mayor revolución de la historia del hom- bre. Ante palabras semejantes, tendría que haberme sentido plenamente satisfecho, pero dudaba mucho de que los desconfiados y escépticos se dieran por vencidos tan fácilmente. Por otra parte, nunca olvido que esas fuerzas o energías, en realidad no me pertenecen; no son más que una especie de préstamo energético que las potencias cósmicas remiten utilizándome como intermediario. (Del libro de Uri Geller Mi fantástica vida publicado por Ed. Grijalbo. (Foto: Europa Press.