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ABC. MIÉRCOLES, 18 PE SEPTIEMBRE DE 19 5. PAG. 60. LA FANTÁSTICA VIDA DE URI GELLER UNA HISTORIA DE CIENCIAFICCIÓN 2 Ayer ofrecimos en estas páginas m anecdotario de la vida de Uri Geller, entresacado del, libr o Mi fantástica vida publicado por Ediciones Grijaíbo. Hoy insertamos nuevos pasajes de la obra, que continuar eraos puTblicandó en máximos días No hay modo ele contar esta Historia sin que parezca ciencia- ficción. En ese sentido, no me es posible hacer nada. -Porque incluso a mí me cuesta tanto trabajo creerlo que- he meditado mucho tiempo acerca de si debía o- no incluirlo en este libro. Y. sin embargo, lo que sucedió, sucedió. Los lugares y mom. entos implicados son auténticos, daros, indubitables. El problema principal k constituye la imposibilidad física de que ocurriese! o que ocurrió, en cuanto a distancia y tiempo y en cuanto a las leyes de la Física, tal como las conocemos. Por último, llegué a la conclusión de que. como quiera que tanto yo como las demás personas relacionadas con el lance conocemos la verdad, la historia debería contarse. Todos mis amigos y compañeros han revisado el suceso conjuntamente conmigo, reconstruyendo todos los detalles, Y, salvo- diferencias de criterio de menor cuantía, esto es lo que pasó el viernes 9 de noviembre de 1973: Hacia las cuatro de la tarde abandoné el apartamento donde vivía, en el Eeast Side de la parte central de Manhattan, para ir a comprar unos prismáticos para mi amigo el doctor Lotus Shenkman. Encontré unos que me gustaron, los adquirí y después me encaminé al edificio de apartamentos de María y Byron Janis, situado también en el East Side. María tiene un estudio en el sótano del inmueble, y Shipi estaba ayudándola a enmarcar algunas pinturas destinadas a una exposición que estaba preparando. TRASLACIÓN EN EL TIEMPO Llegué al estudio alrededor de las cuatro y media. Charlamos un rato los tres y luego María y yo subimos a su apartamento, pues quería saludar a Byron. S hipi se quedó trabajando en el sótano. A menudo, Byron, María y yo nos enzarzábamos en prolongadas conversaciones y aquella tarde estábamos entablando una interesante discusión cuando me di cuenta de que se me hacía tarde. Tenía una cita con una muchacha de Israel, con la que iba a encontrarme en el hotel Bütmore a las seis y media. Eran ya casi las cinco y media y deseaba acercarme a Bloomingdale s para comprar un regalo y volver corriendo a casa, a fin de ducharme y cambiarme de ropa antes de acudir a la cita. No estaba seguro de la hora que cerraban en Bloomingdale s, así que me despedí de Byron y María y me encaminé gj establecimiento, que está en la esquina ¿e la Cuarenta y nueve y Lexington Avenue, a unas cuantas manzanas de mi apartamento. Bloomingdale s estaba de bote en bote, por lo que rae d i r i g í a HatnmanchergtiiéeírHiier s, tCKkflfía más p r ó x i m o a mi jffewiameHto. í t o i entonces entre las cinco y medí y tes seis de la tarde, pero desconozco k hora exacta. entreten tai poco en Hammacherksrajner 5 y tóego consulté mi reloj y tÜ cuewía de f eran casi las seis. Tereigiresar I apartamento, cambiar- me y después ir al Biltmore. A menudo, para hacer ejercicio, cuando voy de un lado para otro en Nueva York, aprieto el paso un poco y, puesto que no deseaba llegar tarde, entonces empecé a andar deprisa también, cuando estaba a cosa de una manzana del apartamento, que se encontraba al este de la Segunda Avenida y casi hacia la Quinta Avenida. En aquel momento eran las seis Y unos pocos minutos. Andrija se hallaba en su residencia de Ossining, a más de cincuenta kilómetros, a una hora de distancia desde Manhattan, de puerta a puerta, por tren o por carretera... ban en su piso, después de que Shipi abandonase el edificio. Recuerdo con claridad que me acercaba a la marquesina del inmueble contiguo al nuestro. Recuerdo que casi llegaba ya a esa marquesina. Recuerdo que entonces tuve la sensación de que retrocedía un par de pasos. Ignoro si realmente lo hice o no, pero sí sé que tuve esa impresión. Después me pareció que me aspiraban hacia arriba. En mi cuerpo no hubo ninguna sensación. Cerré los ojos y, creo los abrí de nuevo casi inmediatamente. A TRAVÉS DE UNA VENTANA Al hacerlo me vi impulsado por el aire, a cosa de treinta centímetros de una galería cerrada, por encima de una lila y a punto de atravesar la persiana de la galería, a unos tres metros del suelo. Me preparé ante el inminente impacto, dirigó el hombro izquierdo hacia la persiana y adelanté las manos. Atravesé violentamente la persiana y fui a aterrizar sobre ana mesa redonda, con superficie de cristal. El cristal era grueso y pesado. Las manos le tocaron primero y, como consecuencia del choque, se deslizó, se estrelló contra e! suelo y se rompió. Mi rodilla tropezó con el armazón de madera y la mesa se. volcó. Caí contra el piso de la galería. Estuve consciente durante todo el lance, aunque me aturdió un poco el choque con la mesa y el suelo. Me dolió la rodilla v no me atreví a moverme, no fuera caso que me hubiese roto algún hueso. Pero lo que más me sorprendió fue reconocer el porche y la mesa, porque los había visto muchas veces. Aquella era la galería cubierta de la casa de Andrija en Ossining... no era posible el error. En cuestión de segundos me había trasladado del East Side, de Manhattan, al porche de Ossining, atravesando violentamente la persiana. La única sensación que experimenté fue el franqueo de la persiana y el choque contra la mesa y el suelo. Como pude llamé a Andrija a gritos, pero no obtuve respuesta inmediata. Recuerdo que tenía frío y estaba sediento. Seguía sin atreverme a hacer movimiento alguno. Posteriormente. Andrija añadió varios datos. Sólo había visto algo así como la mitad de las noticias del telediario de las seis. Hacia las seis y cuarto oyó un estruendo, como si algo hubiera golpeado la parte lateral de la casa. Saltó automáticamente de la cama (su dormitorio está en el primer piso, en el mismo lado del edificio en que se encuentra la galería) y empezó a investigar por toda la casa. Puesto que la tarde era ventosa pensó que quizá el aire derribó un árbol, lanzándolo contra la residencia. Corrió de una habitación a otra y revisó las tres plantas, pero sin ver nada fuera de lo normal. Entonces salió por la puerta delantera y se dirigió al. porche, por fuera. La parte cerrada por las persianas está a unos cuantos palmos de la entrada. Aunque no pudo ver nada en la oscuridad, me oyó llamarle. Para llegar a la parte de la galería circundada por las persianas tuvo que entrar de nuevo en la casa v atravesar el comedor y el estudio. Accionó el interruptor de la luz y abrió la puerta que daba a la galería. Dijo que me vio tendido en el suelo, hecho un ovillo, junto al destrozado cristal de k mesa. Alzó la mirada y observó que la persiana tenía un boquete enorme, abierto por encima del nivel de su cabeza. Comprobó que yo Ikvaba un paquete, el cual contenia los prismáticos que poco antes compré en Nueva York. dpél lifo o de Uri Geller, Mi fantástica vida publicado por Ed. Grijafbo. Foto: T. Naranjo. a veces, en horas punta, el trayecto dura más. Me dijo después que a aquella hora estaba tendido en la cama, viendo el telediario de las seis y haciendo tiempo para ir a la estación a recoger a Solvéis, cuyo tren llegaría a las siete y cuatro minutos. De modo que muy pocos minutos después de las seis yo me disponía a apretar el paso a una manzana de distancia del apartamento. Andrija miraba la televisión, en Os- sining, a más de una hora de Manhattan. Solvéis: iba camino de Ossining. adonde llegaría al cabo de una hora, aproximadamente. Yasha y Werner ños esperaban a Shipi y a mí en la sección del apartamento destinada a oficina. María y Byron continua- EMPRESA IMPORTADORA DE MAQUINARIA NECESITA TÉCNICO COMERCIAL con amplios conocimientos de tornos y de Inglés. Se valorarán nociones de control numérico y experiencia en la venta de maquinaria. Interesados enviar curriculum vifcae y pretensiones al apartado 910, MADRID ÍM- 1 T 1.01 S)