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ROBERT BOYD, ROMÁNTICO Y MÁRTIR EN ESPAÑA N Londres, el 23 de ñero de 1830, la Junta Directiva del Alzamiento, presidida por el general Torrijos, adoptaba (a siguiente resolución: Hemos oído con admiración y alegría ta generosa oferta que don Roberto Boyd nos ha hecho, por medio del general Torrijos, de cuatro mil libras y de su persona para contribuir a la libertad de nuestra Patria. Nosotros la aceptamos y nos comprometemos y obligamos a hacer cuanto sea dable paca que recobre nuestra amada Patria la libertad; y a menos que alguna evidente imposibilidad nos lo impida, hemos determinado no cesar en nuestros esfuerzos hasta que consigamos nuestros deseos y los de usted, para cuya causa arriesga voluntariamente su persona e intereses. Más adelante, el propio Robert Boyd, que había entregado a ta Junta toda su fortuna- producto de una creciente herencia- sin reservarse un chelín suponiendo que la cantidad de cuatro mil libras no alcanzaría a sufragar los gastos preparatorios de la arriesgada empesa que se intentaba acometer, se comprometió a entregar en él plazo de uno o dos meses quinientas libras más. Era Robert Boyd un apuesto e impulsivo joven de veintitrés años, hijo del tesorero del condado de Derby, que acababa de regresar de Oriente, donde había prestado sus servicios como teniente en un regimiento del Ejército de la india. El joven Boyd, de sentimientos románticos y generosos, no se encontraba satisfecho con su vida de guarnición en la lejana india. Perseguía el riesgo y la aventura por una oausa justa. Anteriormente, como su compatriota Lord Byron, había luchado contra el turco por la libertad de Grecia, y en su inquietud buscaba nuevas emprestáis y más laureles. La ocasión se (a brindó su primo John Sterl m, intimo amigo y colaborador de Torrijos, y fundador del grupo de jóvenes intelectuales de Cambridge, que por estar constituido por doce miembros recibió el nombre de los Apóstoles Fue quien sin mucho esforzarse convenció a Boyd de que E ¿a noble causa de Torrijos era digna de ser seguida hasta sus últimas consecuencias. La conspiración del general Torrijos no obedecía sólo a su propia voluntad. Los emigrados españoles en Londres, después de largos anos de exilio, pedían un retorno a ta Patria, aunque para ello tuvieran que luchar y parecer. El historiador Garlyle nos tes describe tristes y pensativos paseando como leones de Numtdia enjaulados por las aceras de Euston Square. Por otra parte, -en aquellos días existia un cierto optimismo entre ellos. Los esfuerzos de los gobiernos absolutistas europeos por mantener sus tradicionales sistemas políticos iban siendo impotentes para contener la avalancha liberal. En España, ios soldados franceses que invadieron la Península en 1823, habrán abandonado el territorio nacional y en ello veían los liberales una nueva oportunidad para rebelarse. Y en Francia, tantas veces pulso de Europa, las jornadas de ta evolución de julio habían dado al traste con el trono del absolutista Carlos X, instalando en el solio de San Luis al rey ciudadano Luis Felipe de Orleáns. Esta serie de acontecimientos animaron a Torrijos y a sus compañeros a llevar a cabo su malograda conspiración. Con ta desinteresada aportación de Boyd adquirieron una vieja embarcación de ta Ftoyal Narvy El plan era llegar con ella hasta Gibraltar con una tniputacián de cincuenta hombres armados, para desde allí y con ta ayuda de tíos agentes del interior hacer triunfar en ta Península un alzamiento liberal. Pero cuando el 29 de julio te 1830 la ¡fragata Mary -este era el nombre de la embarcación- -estaba levando anclas en el Támesis, ta Policía, a ruegos del ministro deil Gobierno de Madrid en Londres, secuestró y detuvo I navio de los conjurados. Sin embargo, este contratiempo no arredró los ánimos de los conspiradores y al día siguiente Torrijos, acompañado por Boyd y por el teniente coronel José Agustín Gutiérrez, salieron para Parts- -donde el célebre general Lafayette les garantizaría más medios Durante ios catorce meses de la estancia del grupc de Torrijos en Gibraltar, el joven Boyd fue el brazo derecho del general español. Sus servicios y los de sus compatriotas- -también Apóstoles de Cambridge -Treneh y Kemble fueron esenciales para ¡poder burlar la estrecha vigilancia de las autoridades británicas y de los agentes del gobernador de Málaga. y apoyo económico- -y, finalmente, se embarcaron en Marsella el 5 de septiembre de 1830. Durante los catorce meses de la estancia del grupo de Torrijos en Grbrattar, el joven Boyd fue I brazo derecho del general español. Sus servicios y los de sus compatriotas- -también Apóstoles de Cambridge -Tienen y Kemble fueron esenciales para poder burlar la estrecha vigilancia de las autoridades británicas y de los agentes del gobernador de Málaga. Robert Boyd participó en los frustrados asaltos contra Algectras y La Línea, y su audacia y valor, en más de una ocasión, salivaron- al intrépido Torrijos. Su lealtad a la causa por la que estaba dispuesto a morir era inquebrantable. Sin embargo, Tremen y Kemble, descorazonados por los sucesivos fracasos de los conspiradores, decidieron volver a Inglaterra. La desdichada expedición del coronel Manzanares a la serranía de Ronda- -que costó ta vida al audaz militar- -parecía que iba a hacer renunciar a Torrijos de sus proyectos, pero es entonces, en el verano de 1831, cuando empieza a recibir la correspondencia de un tal Víriato- -traidor, pero indudablemente persona muy allegada al general liberal- que le instiga a dar el definitivo asalto y le engaña, asegurándote que la guarnición de Málaga estaba dispuesta a secundar la sublevación. Torrijos cayó an la trampa. El 30 de noviembre, en dos embarcaciones, los conspiradores, y con ellos Boyd, zarparon de Gibraltar para desembarcar en ta costa malagueña, donde fueron acosados y hechos prisioneros por las tropas del gobernador, el general González Moreno. A los 53 prisioneros se tes aplicó el cruel decreto del primero de octubre de 1830: serían fusilados sin previo juicio. De nada sirvieron las recomendaciones, demandas de piedad y protestas de míster Mark, cónsul británico en Málaga. La noche del 10 al 11 da diciembre la pasaron los prisioneros en el refectorio del convento del Carmen, en Málaga. Torrijos esperaba que la condición de subdito británico de Boyd le salvaría la vida, pero éste desconfía y se prepara a bien morir. Fie) a sus creencias religiosas rechaza la ayuda espiritual del padre Bardales para encomendarse a su Dios: al de todos los cristianos. A su hermano Witliam, allá en Inglaterra, escribe: Me siento tranquilo y resignado. Muero por lo que más quiero: mis ideales, y te aseguro que me enfrentaré a la muerte como un gentteman y como un scídado. Al cónsul inglés le mandó 160 libras, tos restos de su fortuna, y le encomendó que una parte de esta cantidad fuera repartida entre los soldados que formaran el piquete de ejecución. Míster Mark, diez minutos cantes del fusilamiento, intentó una nueva gestión para salvar ta vida de Boyd, pero todo fue en vano. El joven británico fue fusilado en el segundo turno de ejecuciones, junto a sus amigos españoles: Torrijos, el teniente coronel López Pinto, el diputado Ploies Calderón y los ex ministros Fernandez Golfín y Pardio, a las diez de la mañana del domingo 11 de diciembre de 1831. Robert Boyd fue otra víctima da las dos Esparras ultras e intransigentes. Murió por una España tolerante, justa y que fuera Patria paira todos tos españoles de buena voluntafd. El mismo, predijo su fin al contestar a aquellos que te rogaban desistir de su aventura hispánica: Vuestros argumentos son convincentes sólo para los qu se contentan con vegetar día a día y año tras año, hasta que tes llegue el momento de deslizarse en sus tumbas; nadie tes recordará y su única historia serán los epitafios en sus sepulcros. Yo, triunfe o perezca, habré ganado un glorioso nombre o una tumba temprana. Su joven vida fue segada a los veinticuatro años en tierras malagueñas y el nombre de Robert Boyd es ya parte de la historia de nuestro heroico sufrir. Mariano GONZALEZ- ARNAO