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ABC. DOMINGO 12 DE ENERO BE 1975. EDICIÓN BE LA MAÑANA. PAG. 50. LOS TROMPIS La Modesta nace en la calle de Calatrava y allá vive hasta cumplir ios cuarenta. Cuando está en vena de cdat. tesarse, suele decir: Todavía no me explico cómo cerré los ojos y roe casé con el Ricardo. Porque hay que fastidiarse con el Ricardo. Efectivamente, es preciso t e n e r los ojos b i e n cerrados pa tragarle. Más feo que Picio. Más retaco que el enano de la venta. Más tonto que Pichóte. Más vago que el tío de la lista. Más borracho que Garibaldi ehupaesponjas. No hay por dónde cogerle, cerno no sea con pinzas, porque, además, es más guarro que un estercolero. Y por si fuera poco todo esto, el tío sinvergüenza me tomó las vueltas y hacía de mí lo que le daba la gana. Yo vivía a mis anchas en mi trozo de barrio de la Latina, que va desde la Puerta Toledo a la plaza de la Cebada. Apenas si me llegaba, muy de tarde en tarde, a la Puerta del Sol. Todo lo demás de Madrid, pa mí, como si fuera la Cochinchina. Y va el Ricardito y no sé cómo me engatusa y se casa conmigo, y si él como hombre era una facha, una, como mujer, facha y media. De ahí que llegara a los cuarenta soltera y sin compromiso. Nos reunimos el hambre con las ganas de comer. Nos vino Dios a ver con una señora, muy beata ella, que frecuentaba mucho la iglesia de la Paloma, y le propuso a mi madre, conocida de ella por las novenas y demás cosas eclesiásticas, que nos fuéramos de porteros al barrio de Salamanca, a una casa de la calle de Claudio Coello, y allá nos fuimos... Me lo puede usted creer. Me creía estar fuera de Madrid. Aquellas calles no me sonaban a madrileñas, aquel aire me chocaba como si no fuera, el mismo de los barrios bajos. Pero lo que más me traía a nial traer no se lo puede usted imaginar. El cocido no me sabía a cocido. Mi padre aseguraba que a mí y a mis hermanos, como todos los niños de Madrid de hace años, nos destetaban a fuerza de trompis... ¿Que no sabe usted lo que son trompis? Pero, criatura de Dios, ¿usted, dónde ha nacido? ¿En Madrid? Me va usted a permitir que lo ponga en duda. Un verdadero hijo de Madrid, en cuanto aprendía a leer, leía garbanzos, pero decía trompis... Yo he sido una fanática del cocido. Aunque- sea presumir, a mí no se me ha encallao un sólo garbanzo en toda mi vida y he sacao unos cocidos que, cuando en Madrid se comían en los más principales palacios, una vez me encargaron que guisara uno para Su Alteza Real La Chata con perdón, ya sabe usted quién digo, la Infanta Isabel, que tenía de i n v i t a o s a unos ingleses de mucho compromiso y, a pesar de ser ingleses, se chuparon los dedos como si hubieran nacido en la calle de la Comadre. A la Modesta, en dándole carrete, se tiraba horas y horas, habla que te habla de los trompis, porque nunca decía garbanzos, le parecía un vocablo. demasiado finolis. Tenía una idea especial del cocido. Sostenía que participaba de lo aristocrático y de lo popular. Algo le sacaba de quicio: el atribuir las excelencias del cocido madrileño a las propiedades del agua del Lozoya. Lo negaba en absoluto. Es más, aseguraba que el agua gorda le va mejor que la fina, y que el secreto está en el punto de cocción de los trompis y de la clase de verduras para compañarles Según su opinión, sólo dos admiten de buena gana: los cardillos y el repollo. Todas las demás los estropean. Y de estas dos, la mejor son los cardillos que se crían silvestres por los fines de la primavera y principios del verano en la Casa de Campo; La Modesta iba ella misma a recolectarlos. Se levantaba al romper el alba. Tomaba el p r i m e r tranvía, el 3, en los altos de la calle de Serrano, y lo dejaba en Sol, donde se encontraba con los últimos trasnochadores, a los que compadecía... Qué desgracios, irse a la cama ahora, cuando el sol llama en la Puerta de Alcalá para que se la abran de par en par y se cuele hasta los últimos rincones, en lugar de tirar para la Casa de Campo, cuajadita de cardillos llenos de gotas de rocío y de unas florecillas, que no sé cómo se llaman, pero que se meten por los ojos, como lo de una persona que nos hace tilín en el ánimo y en el corazón. Ya ve usted, los Cardillos no valían nada y, sin embargo, eraM inestimables para el cocido. La Modesta hace ya años que no ve un trompis ni a u n en el escaparate de un ultramarinos... ¿Ultramarinos? ¿Qué es eso. ¡Ah, vamos, ahora caigo! Ahora no sé llaman ultramarinos a secas, o supermercado, palabra fea, si las hay, pero rimbombante y pretenciosa como tantas cosas de ahora, sobre todo en las clases populares. ¡Me da una rabia presenciar la increíble caída en la más honda y horrenda cursilería que han sufrido las en otro tiempo, hasta hace muy pocos años, admirables clases populares madrileñas! Verlas suspirar por un coche que no les trae más que gastos insoportables para su presupuesto y disgustos de toda condición. Verlos comer insípidos mariscos de frigorífico, que valen a millón y no saben a nada. ¿Y él cocí? ¿Qué ha sido del cocí? ¿Porque no se come si los garbanzos están a la altura, poco más o menos, que las angulas? ¡Ah! pero las angulas como alimento son una cursilería y los trompis ya no se llevan porque diferencia va de informar. Ayer comí angulas de Aguinagá a proclamar. M e n u d o coci de trompis de Fuentesaúco me zampé ayer. La gente del pueblo fueron elegantes porque eran sencillas y hoy son cursilones porque se han hecho afectados. -Antonio DIAZ- OAÑABATE. MENT 1 DERQ DE Lfl UILLÑ Este año- -perdona Santos Yubero mi retraso- -porque con él me llegó tu ingeniosa fotografía. Esa inocentada madrileña, en la que has sorprendido al valiente Cascprro con su pesado fusil (de la guerra de Cuba) y su lata de petróleo (no del que produce petrodólares) subido nada menos que al carro de mármol cárdeno de Montes Claros, de la diosa Cibeles, tirado por los dos leones ibéricos. Lleva Eloy la encendida mecha en la mano, dispuesto acedar candela que dicen los cubanos, al fortín lleno de insurrectos. Pero esta vez lo has puesto a dialogar en verso (qué callada te tenías, cordial Yubero, esa tu afición poética) con la mitológica, diosa de la Tierra, esposa de Saturno y madre de tan importantes hijos como Júpiter, Nep- r tumo y Plutón. La diosa que con su escultura hiciera Michel madrileña en 1781, hoy popular slogan turístico de la Villa y Corte. De la que dijo Ramón Gómez de la Serna, con su guasa, que tiene algo de Isabel la Católica de vuelta de las Américas Con ese título tan actual de Felicidades y petróleo encabezas el diálogo en verso, que Cascorro empieza dirigiéndose a Cibeles: -Te traigo petróleo, chata- -dijo a Cibeles Eloy. ¿Vienes a darme la lata en un día coimo el de hoy? -No te me enfades, preciosa, que te traigo carburante para tu coche de diosa, que debe hacerse rodante, Pues como sigas estática- tragándote los humazos en esta plaza fantástica, sufrirás serios bromazos No se incluye la réplica de la diosa a Cascorro, sobre la necesidad de una atmósfera más respirable para este Madrid (1975) este Madrid de la sequía, sencillamente, porque no queda columna. Perdona. Yubero, periodista gráfico y poeta. Estamos de acuerdo en que los problemas de la circulación en Madrid son cada día más agobiantes. Aún sin visitar Vlena, Munich y Salaburgo. estamos de acuerdo con don José María González Pérez en que una gran parte de tales problemas vienen determinados por la Incivilidad, tanto por parte de los automovilistas como de los. peatones. Todos, en vez de estar atentos a cumplir las normas, procuran quebrantarlas ten pronto como ven la posibilidad de una pasajera inmunidad. Ahora que eso del gran almacén de Princesa, de formar barrera en la calle obligando a detener la circulación para que salgan con mayor comodidad los del aparcamiento, no se puede tolerar. A ver si se enteran los agentes del tráfico y vigilan aquella zona para evitar tales hechos. Una dama que vive por las inmediaciones de la iglesia del Buen Suceso se queja de que vayan a derribarla por el mismo procedimiento de la voladura controlada, como la del mercado de. Olavide. Cree mi comunicante, doña Ed lmira Olmedo, que, dado el tráfico de aquella calle y lo minado que allí está el subsuelo, tal procedimiento resultaría muy peligroso- Ella cree que lo de la calle de Pata- fox fue una secuela de la famosa voladura controlada. fe iji don cárlos LIQUIDA Serrano, 92 Según ane dice Un madrileño cualquiera continúan las talas de árboles en el Retiro, sin que los responsables o autores de las órdenes se tomen ni la molestia de dar las explicaciones más elementales sobre las razones de su proceder. También se queja de ue los alcorques vacíos del paseo de Rosales continúan en el mismo estado de. abandono y sin plantones para reponer los desaparecidos, -CABEZAS.