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i sos. Estábamos de acuerdo. Mas ¿con quién contar para su realización? No queríamos traer modistas ni modistos profesionales. Mis hijas no se mostraban aptas. Que hacer? Tras algunos torturadores días, inesperadamente se presentó la solución... Hasta aquí, el doctor Ara en su libro documento. Continúa más adelante contando toda aquella peripecia que da el nombre a su capítulo Vestir al desnudo Pero el periodista ha querido ir a beber directamente a la fuente. Y asi, ha empujado la puerta de la boutique de la calle de Serrano que lleva el nombre de Thana Palud de Goicoechea, y que tiene en su mano el resto del relato. Viniéndonos a demostrar, en lo que podríamos llamar la segunda parte de esta historia, que no hay novela más grande que la vida misma. E l recuerdo de Eva Perón todavía alienta con fervor en la Argentina. La multitud desfila con antorchas frente a la sede sindical, en un acto de homenaje. -Nosotros vivíamos en la Argentina cuando empezaron los acontecimientos políticos. El doctor Ara era agregado cultural en nuestra Embajada. Era un gran amigo en todos los aspectos, muy servicial y sabio. Su conversación cautivaba y su familia era, es. encantadora. Ana Mari, por ejemplo, hija del doctor, está en Madrid y me une con ella todavía una gran amistad. Yo recuerdo perfectamente que entonces, estando nosotros de vacaciones en Alta Gracia, en Córdoba, donde el doctor embalsamó el cadáver de Falla, nos invitó a su estudio museo, donde vimos su cabeza y trabajos de embalsamamientos, que nos interesaron mucho. Así hasta aquella noche en que cenábamos en el Hotel Alvear. Allí, el doctor Ara nos participó su preocupación respecto al hecho de que el cadáver de Eva estaba solamente tapado por banderas argentinas, y como el país estaba algo revuelto, temía que algún fanático hiciera algún desastre Yo recuerdo perfectamente que le dije inmediatamente: -Doctor no se preocupe. Mi profesión es crear y confeccionar vestidos. Sí usted lo desea, yo puedo hacer ese vestido que tanto le preocupa Ni que decir tiene que mi mando y el doctor se opusieron, ya que todo eso era peligroso en aquellos momentos; pero como yo amaba mucho a aquel país y presentía que nada podía ocurrir, volví a pedírselo insistentemente El 20 de septiembre fui a la C. G. T. y observé a Eva desde todos los ángulos Parecía que estaba dormida, y su belleza realmente me inspiró, y mi imaginación creo inmediatamente la túnica que cubriría su cuerpo para que amigos y enemigos la viesen dignamente vestida Yo repetía al doctor: Doctor, es asombroso, parece una estatua. ¿Tiene usted lápiz y papel? Así que allí mismo tomé las medidas y, además, hice el diseño. Sali fascinada y me fui a unos grandes almacenes que hay en la Plaza Nueve de Julio, donde compré siete metros de viyela blanca. Nosotros, por otro lado, habíamos dejado el apartamento donde vivíamos y provisionalmente ros habíamos instalado en el Hotel Queen, donde, por cierto, yo tenía muy pocos medios para cortar y coser Dejo que Thana vaya contándome todo a su aire, a su forma, a su estilo. Tiene unos hermosos ojos, muy vivos, y noto que hay en ella una emoción auténtica al ir descubriendo lo que a veces habla, pero muy privadamente. A ratos suena un teléfono y en ocasiones entra alguna de las chicas del taller para preguntarle algo sobre el día o la hora en que habrá de venir la señora de tal o de cuál a probarse Thana me está abriendo el libro de par en par, de su gran relato: -Como mesa para dibujar y cortar el vestido utilicé la cama y para coserlo solamente mis manos FEO SÍ, puedo decirle ahora que fue el traje que con más amor y al mismo tiempo con más dificultad hice en mi vida Pensaba, mientras tanto, ¡cuántos grandes modistas crearon e hicieron para ella vestido que lució por et mundo y yo le estaba hacien 19 Mi imaginación creó inmediatamente la túnica para su cuerpo es así como hablo con Thana, haciendo un hueco entre esta prueba y aquet vestido, en la habitación de los espejos y las medidas. Thana es alta, muy elegante, simpática, abierta. La historia de lo que ocurrió después, de su propia voz, tiene para nosotros, no cabe duda, el testimonio directo de un testigo; más, de una protagonista de primera mano. Este es, de seguido, a veces roto el ritmo de la narración con las preguntas del reportero, que, fiel a su oficio, quiere saber. Y 0