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Antonio Garisa triunfa en ia interpretación de ¡Chao, don Antonio Barracano! la comedia de Eduardo de Filippo que se representa, entre el regocijo y el interés de los espectadores, en el madrileño teatro Alcázar. Un gran éxito de un actor que en esta ocasión ofrece nuevas y variadas dimensiones de su arte. ARECE que a la fuerza nos tiene que hacer reír, pero cuando le tienes delante compruebas que es un ser como los demás, quizá con una visión más optimista de la vida, pero sólo un poco. Antonio Garisa sin peluquín, con gafos oscuras, jersey muy de moda, con el cuello cene y de color burdeos es un hombre cordial, rico en anécdotas, entusiasta de su profesión y serio hasta la médula cuando habla de su trabajo. El, con muchos años de profesión a cuestas y con muchas sonrisas en su haber, sigue en la brecha del teatro cómico. Es algo tan nuestro, tan popular y conocido que ya pasa inadvertido. Parece que su obligación es estrenar año tras año en el Alcázar o en cualquier otro teatro, pues nos hemos acostumbrado a verle en los papeles más distintos y en los momentoíj- daás oportunos. Ha sido un nuevo rico, un hombre de clase media, un sacerdote, un padre de familia numerosa, un millonario, un don Juan, un bohemio, un empleado modesto, un burgués, un enamorado y ahora es, día tras día, un padrino easi mafioso en ¡Chao, don Antonio Barracano! -Yo siempre me he dedicado al teatro. Empecé en el 39, recién terminada la guerra, y ya no lo he dejado. Nunca había pensado dedicarme a esto, pues era simplemente un buen aficionado, eso que ahora se llama amateur pero nada más. En diciembre del 33 estrené mi primera obra que se titulaba Mariquita Terremoto de los Quintero. Yo tenía el papel de un periodista que se llamaba Carrión. No se me olvida este personaje porque fue mi primer papel. Tras este debut, Antonio Garisa ya no abandonaría el teatro. ¿Por qué se inclinó hacia el teatro cómico? -Quizá fue mi mismo físico el que me empujó sin yo darme cuenta. Empecé de uno para hacer papeles de lo que fuera y luego yo creo que mi físico me dio la línea. También pudo ser mi forma de intwpretar y entonces pasé a ser galán cómico. Antonio Garisa en sus primeros años de P profesional en el mundo del teatro trabajó con Pepe Isbert en el Fuencarral. Una vez, actuando allí, le vio Muñoz Román y le llevó al Martín, donde hizo su primera revista titulada Yo soy casado, señorita -Antonio, ¿y qué es eso de uno -Antiguamente se decía de aquel principiante que servía para todo. Ahora ya no existe este puesto. El director decía: Necesito un cartero. Que venga uno cualquiera. Ese era el uno el comodín que aparecía por el escanario, a veces, sin decir una palabra. Eramos los chicos que empezábamos. En cambio ahora cualquier actor hace muchas cosas. No se les encasilla. Se empieza de una forma muy diferente: que si de galancito. que si un papel dramático. Pero el uno ha desaparecido por necesidades económicas, puesto que las compañías cada día son más pequeñas. ¿Usted se considera un actor cómico? -Sí, pero me gusta hacer también el papel humano. Soy un actor cómico con humanidad. Hay que hacer de todo; pero creo que es justo que me digan actor cómico y lo acepto. Ahondando en el pasado de este hombre eternamente joven, en seguida llegamos a una época muy importante en su vida profesional: la revista. -He estado en ella trabajando durante quince años y la conozco bien. Hoy hay muchas menos que antes, también por necesidades económicas, y las que hay marchan bien, tirando a muy bien. Los repartos no son tan copiosos como antes y, sobre todo, se nota mucho la ausencia de autores de revista. A primera vista puede parecer un género inferior, pero creo que es muy difícil hacer revista, puesto que muchas veces con textos regulares tienes que hacer reír. Hay grandes actores de comedia que han trabajado en la revista. Es muy distinta a la comedia, puede tener muchos altibajos, no importa; siempre que haya un sket cómico, fuerte que salve todo el espectáculo; en cambio, la comedia no tiene salvación sin una continuidad. ¿Hay gran diferencia entre un director de comedia y de revista? $i Sobre todo en esas comedias- símbolo, con mensaje, en las que el director aporta mucho, pues tiene que contribuir a que ese mensaje más o menos claro llegue al público. Hoy bastantes obras se salvan por la labor del director; yo diría que casi un sesenta por ciento. En cambio, en la revista el director es más bien un coordinador. El actor de revista trabaja con su forma peculiar de hacerlo. No se puede ni se debe moldearle. Se le deja su propia personalidad, que incluso le puede llevar a improvisaciones o cambios. En el género cómico se mantiene la personalidad del actor, mientras que en el dramático se siguen las órdenes del director. Creo que la influencia de los directores ha sido muy importante para bien del teatro. ¿Interpretó alguna vez un papel totalmente dramático? -No. Afortunadamente para 1 pública. En esta comedia que hago ahora hay momentos serios, pero no exclusivamente dramáticos. Me matarían si interpretara algo puramente dramático. Me gusta la tragicomedia. En esta obra hay momentos en los que casi afloran las lágrimas, pero luego acaba en un estallido de risas. Todo 1 teatro de Eduardo de Filippo se basa en los contrastes. Esta obra la puede hacer un actor dramático que tenga vis cómica, y viceversa. -Antonio: ¿el teatro, el cine o la televisión? -Soy hombre de teatro y me siento más yo en éX Si te hundes o tienes muchos éxitos eres tú mismo, no dependes del fallo de una lámpara. El cine es lo más cómodo. Me entusiasma, y a mi edad más. Y la televisión es la popularidad. Cuando hice una serie de anuncios iba por la calle y la gente me decía el estribillo del anuncio, todos lo recordaban. Si tuviera que elegir, a mis cincuenta y ocho años, sacrificaría el teatro por la comodidad del cine. Esto lo pienso ahora, en fría, pero no sé luego si lo haría. ¿Cómo es Antonio Garisa fuera del escenario? -Normal. Vulgar. Me gusta mucho escuchar a los demás. En las tertulias soy simpático, pero no el que lleva la voz cantante en eso de contar chistes. Mi vida es sencilla: mi teatro, mi peña de toreros y por las noches, una boite Nunca me acuesto antes de las tres de la madrugada. Cuando estoy con los amigos me olvido del cine y de! teatro. Pero la gente cuando me ve en seguida me pide ue cuente un chiste