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TODAVÍA EN LA BRECHA a ¡a vista de su feroz ataque al esmalte de una de sus largas, cuidadas uñas rojas, corra usted al peligro de volverse fatuo y creerla nerviosa, a pesar de que durante dos horas ha estado ella haciendo gala de una enorme serenidad y una calma pegadiza, a pesar de la seguridad de las respuestas de Amparo- -Amparito no, por favor- del control absoluto del escote de su túnica- -enmarcando las pecas justas- del revelador detalle de recibirlo sin la menor sombra de pintura en su rostro. Pero ahí está la uña descascarillada: No, no, no es eso. Como hoy es fiesta, no pudo venir la manicura. Se me rompió esta uña, le puse un parche y en vista de los enganchones decidí arreglármela yo misma. ¿No ha visto por aquí unas tijeras? Las habrán escondido, pero mientras le esperaba a usted, estaba dale que te pego con las uñas. Si, realmente soy tranquila, pero no gente pachona, tengo mis nervios, pero son normales, de gente normal Así que la alegría fatua se diluye, y en cuanto a realizar una entrevista agresiva y descarada, pues tampoco, porque fíjense: Recuerdo todo lo agradable, las muchas satisfacciones; pero no las cosas feas y molestas. Cuando algo no me gusta, lo rechazo totalmente. Echo mi telón de acero y me olvido de ello Preciso será, pues, prescindir de efectismos y transcribir, con leves acotaciones, una conversación mantenida en un Madrid vacío de coches, a la altura de un tercer piso de la calle Flor Baja, cerca de los cines, de los teatros, cerca de un pasado y lejos de un presente. Y si no, ahí está su acento, dulce y amejicanado, aunque con sus ees y sus zetas matizadas, pero existentes: Bueno, porque, pues dieciocho años en Méjico tienen que dejar una huella, ¿no? Allí solamente suavizo las eses y las zetas cuando tiabaio; Jpeto, pues- tampoco- se habla- como en las películas que llegan aquí, de los pelaüitos y todo eso, de la misma forma que los madrileños tampoco hablan diciendo: Pos amos anda ¿verdad? Dieciocho años trabajando en ei teatro, en el cine, en las largas, monstruosas telenoveias, sin cambiar su pasaporte de tapas verdes por el mejicano: No creo que por nacionalizarme mejicana quiera más a Méjico ni deje de ser española. Si se hubiera presentado la necesidad de un cambio de nacionalidad, no sé lo que habría hecho. Pero no ha sido así Y es que ni Amparo lo pudo creer, cuando en 1957 le propusieron ir a Méjico a representar, durante seis semanas, Un cuarto lleno de rosas -M ¡meta era probar fortuna, cambiar de ambiente, sentirme más independiente, comprobar si podía o no yo sola. Entonces esa meta la he conseguido, o sea: he llegado, he tenido éxito y la prueba es que sigo allí. Me ha ido todo muy bien, tengo grandes amigos, una vida feliz; es decir, que he conseguido la meta, claro, aunque con la reserva que tenemos todos los adores, de soñar con hacer algo mejor. Naturalmente, yo no me proponía pasarme toda la vida allí; sino llegar, tener un éxito, gustar y venir muy contenta aquí a contar mi éxito que demostraba que yo también servia. Pero, pues las cosas se fueron enredando. Hay mucha gente aquí que me pregunta: ¿Por qué no ha vmlto usted a España. Se fue RIVELIES Por Manuel María MESEGUER EL PESO DE LOS APELLIDOS Y seftior, pues resulta que nos encontramos en el santuario del teatro español. En el vestíbulo ya se anunciaba, con su mosaico de fotografías, en el que predominaba ei rostro etéreo, romántico, cálido, de María Fernanda Ladrón de Guevara, Q renegando, triste... Y no, no me fui por nada de eso. Me fui porque me contrataron, nada más simple; no odiaba a nadie, ni tenia complejos, ni trauma, ni nada; no los he tenido nunca, gracias a Dios. Lo que pasa es que de repente se encuentra uno con que se van enredando las cosas y si me va bien allí, ¿por qué me tengo que ir a ofro lado? encuentro ahora- -dice Amparo RiveUes- -es que me faltan muchos amigos, que no están aquí ni allá, sino en el Más Allá, y eso ha sido un gran dolor para mí. Bajo estas líneas, la actriz nos muestra un retrato de su madre, doña María Fernanda Ladrón de Guevara, que falleció este año. La mayor diferencia que 28