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LOS PÁJAROS DESAHUCIADOS I HA MUERTO EL HOMBRE DEL PETRÓLEO OS semanas antes de cumplir los ochenta y cinco años sobre la tierra, don Emilio Álava Sautu se ha marchado llevándose s secreto. Nadie sabrá ya de dónde sacaba conocido alavés sus teorías sobre el mundo del p e t r ó l e o Nadie conocerá si la base era la misma de cualquier zahori. Pera es el caso que Álava Sautu, que acaba de fallecer en Vitoria de puro anciano, viendo insatisfechos sus deseos de triunfo sobre las compañías petrolíferas, se hizo famoso a base de su no menos famosa oferta de entregar un millón de pesetas, a titulo subvención perdida, a la compañía que le hiciera caso y realizara prospecciones en el punto donde Álava Sautu aseguraba que había petróleo. A don Emilio Álava, el hombre del petróleo -otros decían el rey este periodista le hizo la sin duda alguna última entrevista. Me respondió a, finales del otoño- desde la veteranía de sus ochenta y cuatro años y sintiéndose ya morir. Porque tenía prisa, más prisa que nunca, por convencer. Unas líneas terminará de centrar al personaje ahora desaparecido: Emilio Álava Sautu fue olímpico (en tiro de pistola) en Helsinki; fue inventor y perfeceionader de casi todo; conquistó las cumbres del monte Gorbea en un viejo coche, el VI- 399 hace medio siglo, y repitió la hazaña hace media docena de años; pero, sobre todo, se distinguió en el tema petrolífero, por ser un gran incomprendido, -Don Emilio- -le pregunté ¿camina el petróleo hacia una crisis total? -L l e g a r á forzosamente- -dün- -tarde o temprano. Se desconocen en absoluto las existencias de petróleo que guarda la Tierra. No podemos hablar de duración o de reservas conocidas, porque lo: técnicos ignoran los métodos que son necesarios para localizar los campos y conocer sil potencia y su superficie No podemos hablar de duración, de si quince o veinte o cuarenta años... En Oriente si parece que los pozos son muy importantes. Pero no son inagotables. -Un día llegará, por 1 Emilio Álava tanto, en que nos quedaremos sin petróleo... -Naturalmente que llegará. Usted sabe que el petróleo se formó hace millones de años, millones de siglos, sor las materias marinas depositadas en los fondos y luego recubiertas por los arrastres de tierras. El ue tiene la Tierra lo estamos consumiendo. Pero se acabará. -Un mundo sin petróleo, don Emilio- -lfi seguí preguntando- ¿cómo sería? -Fallaría toda nuestra vida. Volveríamos a la Edad de Piedra. No habría ningún medio mecánico, ni fábricas, ni nada... y sería preciso volver a las cosas rudimentarias. Esto, claro está no va a llegar ni mañana ni pasado mañana, pero puede venir en un plazo no lejano. 1. a Providencia siempre va dando a la Humanidad las cosas que necesita en cada momento. ¿Y qué podríamos hacer? -Buscar una energía distinta. La Providencia, estoy seguro lo tendrá todo dispuesto para que el mundo no se termine en un día. Se están haciendo muchos estudios para llegar a canaliza! dos fuentes inagotables, que son: el poder calorífico del sol y la descomposición del agua; o sea, cbtener el hidrógeno a un baje precio, con medios económicos. -Tendremos que dejar los coches en los garajes... -Habría una solución: coches eléctricos. Lógicamente reducir muchísimo el consumo de los carburantes. Pero serí: necesario volcarse en las centrales térmicas, en los minerales radiactivos, en el carbón, que no se explota tan bien como s podría en estos momentos. Tampoco le gustaba a don Emilio Álava el famoso motor d agua. Decía de él: -Está muy mal planteado, ya que no es un motor de agua Es un motor de hidrógeno. Todos los motores de explosión conocidos, con ligeras modificaciones, funcionan con cualquier oíase de gas, con un dispositivo adecuado de regulación. Así que esc señor del motor de agua debe demostrar ue él obtiene la. descomposición del agua, es decir, el hidrógeno, en un procedimiento más económico que los conocidos. Para Álava, España contaba con petróleo suficiente bajo su pieL Sin ir más lejos, los campos petrolíferos que existen en la cuenca del Ebro podrían ser para muchos años y para triplicai el consumo del país Le preguntamos muchas veces sobre sus métodos. ¿Radiestesia... Nos decía que, en un principio, todo estuvo basado en eso. Y añadía: Pero los complementos son distintos. -Perdóneme- -le confesaba al periodista en esta última con- n versación- pero... es mi secreto. Un secreto que divulgaré cuando acepten mis condiciones, cuando comprueben que todo cuanto digo es cierto. Entonces no me importará divulgarlo. Ahora sería perjudicial. Y sonreía, con esa sonrisa que ya se ha marchado. Alberto SI AKEZ ALJ ÍV D ÁJAROS mañaneros de Granada que trinabais can la primera noticia del alba. Os han emplazado sin respetar vuestro derecho de tanteo. Os han dejado en el arroyo. Nadie tuvo en cuenta que ya erais moradores de vuestras bellas viviendas de renta antigua desde antes de que se inventasen las comisiones permanentes. Os lian allanado vuestros nidos sin mandato judicial. Os han dejado al ras y ahora tenéis que vasar por la acera del Barro, donde se os considera unos intrusos, o largaros hasta La Alhambra, que para vosotros es una especie de exilio tan acostumbrados como estáis a las delicias del casco urbano, próximos al alero húmedo o al balcón institucional en el que doña Angustias deja cada mañana una escudilla de. pan esponjado en agua. Os han obligado a vivir en el extrarradio y sobre tejados de casas a contrata de tente mientras cobro. Y os han despojado paira siempre de vuestros bienes raíces. Los árboles son bienes inmuebles, pero no resisten a las alcaldadas. Habéis perdido la fe en las cosas eternas. T con razón. Porque ¿quién nos iba a decir que un árbol macizo y centenario podría acabar sus días desangrado, sin otra culpa que la de su belleza, que la de albergaros en su copa, en la grata paciencia vegetal que proporciona la umbría con su bóveda para el paso cotidiano y triunfal de las parejas de enamorados que sueñan con casarse cuando las primeras hojas, yemas aún de impaciencia, brotan en las ramas? Los enamorados tienen por calendario el inicio de la primavera. Todo se fía a la promesa, todo parece una confabulación frutal, milagrosa, imposible. Ellos son, en cierto modo, primavera, y por eso hacen causa común con esa pasión vegetal contenida que ya nunca volverá, a surgir por la gran avenida de los paseantes, la cual estará convertida muy pronto en una especie de andén de estación de tránsito. El hecho de matar a un árbol o a un ser inocente, sin proceso previo, es un acto gravemente delictivo. En Inglaterra se imponen multas por dar muerte a las ratas de manera violenta. Las ratas tienen los derechos de todo ser vivo. Son parte constitutiva de la Naturaleza. Se las puede destruir, pero no humillar. Los árboles, que nacieron con el hombre, fueron sus primeros testigos en la última etapa del cuaternario y sirvieron para grabar el primer signo de amor, han sido decapitados de una manera mezquina, en un ademán de pesadilla. Asumir la defensa de un árbol es un acto irrevocable. Es como si se pusiese en tensión una parte de nuestra propia entidad. Por eso quizá los árboles no tienen prevista una. defensa oficial. Yo quisiera asumir la de los pájaros ante acciones coma esta que ha logrado indignar no sólo a Granada, sino a España entera. Con esta lamentable noticia se estará especulando en ciertos medios de Marruecos, en los que las delimitaciones del reino incluyen la última iplaza árabe incorporada a la unidad española. A todos nos duele que este acto de beocia se haya perpetrado en la ciudad más bella de España en aras de la definitiva mitjficación del automóvil. Entronizar al automóvil en Granada es algo que representa, en primer lugar, un acto de desprecio a la cultura. El hombre que no respeta un árbol es capaz de traicionarse a sí mismo. Y constituye un pecado de lesa ciudadanía tener prisa en Granada. Sobre todo, tener prisa para el desmán y la tala. Cualquier pecado que el hombre cometa contra su paisaje puede ser digno de reprobación, pero no es lo mismo ensuciar la, nave de una fábrica que el atrio de una catedral. Y Granada, más que una ciudad, es un concepto de belleza, una coordinacién de líricas sugestiones. No hay opción para la prisa en Granada, sino para la meditación y el silencio. Y esto es algo que lo habría, comprendido perfectamente un enamorado de la belleza como lo fue don Antonio Gallego Burín. Algunos gorriones desahuciados anidarán sobre el alero del Juzgado de Guardia para clamar por tamaña injusticia. Los pájaros denuncian con las alas cuando sobrevuelan la torpeza humana. Pero algún día llegará en que sepan defender sus derechos denunciando- por escrito. Porque los pájaros, como los poetas, son gente de pluma. José Gerardo MANRIQUE BE LARA P