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PALABRAS. Hace quince años (el 29 de marzo de 1959) reproducíamos en las páginas de ABC este emotivo y magistral artículo de León Felipe, aparecido en una revista de ia Universidad Nacional de Méjico. Lo traemos de nuevo a estas columnas ahora que se le acaba de rendir un homenaje en aquel país entrañable al gran poeta español. G ON estas palabras quiero arrepeniiírrne y desdecirme, Angela Figuera Aymerich... De cosas que uno ha dicho, de versos que uno ha escrito. Porque fui el que dijo al hermano voraz y vengativo cuando aquel día nosotros, ios españoles del éxodo y del Manto, salimos ai viento y al mar, arrojados de la casa paterna por el último postigo del huerto... Yo fui el que dijo: Hermano... tuya es la hacienda... la Casa, el caballo y la pistola... Mia es ¡a voz antigua de la tierra. Tú te quedas con todo y me dejas desnudo y errante por el mundo... Mas yo te dejo mudo... ¡mudo! V ¿cómo vas a recoger e! trigo y a alimentar ei fuego si yo me llevo la canción? Fue éste un triste reparto caprichoso que yo entonces, doüortdo, ¡para consoterme. Aíiora estoy avergonzado. Yo no me llevé ia canción. Nosotros no oes i levamos ía canción. Tal vez era áo úriioq re no nos podíamos llevar: 3 a canción, Jarcanicico de- la Herirá, ía ear. cicn que irtaioe dte la tierra? -la canción kiaiíenaibte de la tiewa. Y nosotros, tos españoles del éxoífo y de! vfemto... ¡Ya no Heñíamos tierra! Vosotros os qusdasle con todo: con la tierra y la c ncicn, Nueistro debió nata sido el Batano, e! sa mo diet desierto, que vive sin tierra, bajo e! llanto, y que ski garfios ni raíces se pceltende, se agaíira, anfielante de te luz y id el viento. Yo rtEÉbíé también un día del saflmo. El sairiio es mfo dije. B salmo es una joya que Jes íimos en ¡prenda ios poetas a los sacerdotes... y ¡shera lio llevo, m (o llevo de! tempto, me ío ¡levo en mi garganta rota y desesperadla... Y dije tamííién: B s mo fugitivo y vagabuindo es el lenguaje deí españoi de! éxodo y deií llanto... PaJiabt as, palabras nada más. Yo no me llevé e l salmo tampoco- no nos lleviamos el salmo. Ai 1 na! (todo se hizo grito vano, Jámenlo hinefisdo, Wasíemia sin sentido, patetofas de un itíiota llenas de estrépito y de furia, u e se perdieron como burbujas die niel en el vacío... Y nos quedamos luego todos nwM o Los muidos fuimos nosotros. ¡Los destarrados y los mudos! De este lado nadie dijo ia palabra justa y vibrante. Hay que confesarlo: de t a n t a sangre a cuestas, de tanto caminar, d s tanto líanto y de tanta injusticia... nx brotó efl poeta. Y ahoira estamos aquí, deí otro Jat (o dfef mar, nosotros, los españoles d i éxodo y de- viento, asombrados y atóratos oyéndoos a. vosotros cantar: con esperamza, con ira, sin miedo. Esa voz... esas voces... Dámaso, Otero, Ceíaya, Hierro, Crémer, Arsgala Rgueria Áymsrich... les que os quedasteis en te casa paterna, en la vteja tete ía ¡d vuestros son e ¡salmo y la canción.