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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA M A D R I D FUNDADO Ett 1905 POR DOW TORCVATO LUCA DE TENA S T A M O S en España a n t e una feliz tendencia reciente, que parece va a conducir a la instalación y apertura de nuestros Museos diocesanos. Si se convierte en realidades, beneficiará en primer lugar a la autoridad moral de la jerarquía eclesiástica, y, por descontado, a la conservación del patrimonio artístico de nuestro pueblo, siempre en peligro, y más aún en los años últimos. España es, por lo átenos, uno de los dos o tres países de Occidente con más ricos tesoros de arte y de historia. Este dato objetivo tiene un incalculable valor espiritual, pero también otro walor grandísimamente considerable en términos de rendimiento material y económico. En efecto, aunque el turismo esté sometido a vaivenes, porque la inseguridad es condición radical de la existencia humana, la vida social en la civilización tecnológica ha adquirido- -y definitivamente- -como uno de sus grandes, logros positivos la facilidad de viajar. La sempiterna curiosidad de los hombres por conocer tierras lejanas gentes distintas, países remotos, islas intactas, tendrá cada día horizontes más amplios, mayor rapidez, más facilidades. Sólo disminuirá el número de los rincones no hollados. Y de los paraísos por descubrir. El gran turismo internacional y el turismo interior de los países que alcanzan un aceptable nivel de vida, seguirán creciendo, pues no son ya un fenómeno arroílador de emergencia, sino una invariante del porvenir. Ante esas realidades de hoy y de mañana se perfilan en España con rasgos propios dos tipos de atracción: el uno más masivo, más selecto el otro. El turismo de sol y el turismo de arte. El segundo es evidentemente de más calidad desde la perspectiva: de los valores c u l t u r a l e s pero además ni siquiera es d e m a s i a do inferior- -rectamente organizado y encauzado- -desde el punto de vista de los posibles rendimientos económicos. Aunque, sin duda, sea esto difícil de medir- -y mucho más a base de meras impresiones estimativas- aunque en ia realidad ambos se entremezclen y confundan, ¿no es lícito suponer que el turismo de sol, considerado aisladamente, tiene una rentabilidad escasa, que por añadidura disminuye cada día según progresan ias técnicas de organización y de inversiones de las grandes empresas, nacionales y extranjeras? Aquí tiene su lugar propio al hilo de estas reflexiones el tema español de los Museos diocesanos. Por vergonzoso que sea el que todavía no podamos afirmarlo con seguridad- -no está aún terminado el inventario del patrimonio artístico de España- -es justo pensar que más de la mitad de él son obras de arte propiedad hoy de la Iglesia. La magnífica Ley del Patrimonio Aitísti- ABC co Nacional, de 1933, reiteró, en términos apremiantes la urgencia de realizar un satisfactorio catálogo de esas riquezas artísticas del pueblo español. No fue posible hacerlo, ni iniciadlo siquiera. Los obstáculos tradicionales se alzaron implacables, cabalgando sobre unos recelos que ciertamente en aquellas fechas no carecían del todo de explicación. Después de la guerra española, el Estado ha volcado la generosidad que es bien notoria para ia restauración de templos y palacios episcopales, de catedrales y monasterios, de muchas piezas cimeras de arte mueble en poder de la autoridad eclesiástica: cuadros, marfiles, imágenes, rejas, orfebrería. Desgraciadamente, con posterioridad y aun de manera simultánea, 1 patrimonio histórico- artístico español en poder de ias iglesias ha sufrido en muchas diócesis durante años pérdidas importantísimas. Por su número, por su calidad y, sobre todo, por su valor simbólico. Muchas parroquias, conventos y ermitas han sido víctimas de esa dilapidación ignorante, que no sólo iba- -y, -aunque menos, sigue yendo- -contra la virtud cristiana del patriotismo, sino que constituye un ridículo mal negocio, a más de entrañar un abuso de poder por parte de quienes a cambio de cantidades irrisorias malversaban de modo fraudulento aquellos bienes pertenecientes al pueblo de Dios, con el agravante de que ios vendedores estaban especialmente obligados a ser ejemplo de comportamiento moral. Lo que ello ha significado en orden a la pérdida de numerosas e importantes obras de arte mueble, es paralelo a la destrucción de monumentos o de conjuntos y ambientes histórico- artísticos, como consecuencia de la especulación del suelo urbano. Por fortuna, parece ¡abrirse camino la necesidad de impedir tal sangría de obras de arte, menores, y mayores, padecida por los templos de numerosas diócesis espa- R E D A CC I 0 N, ADMINISTRACIÓN Y T A L LE RES: SERRANO, 61- MADRID E 1 MUSEOS DIOCESANOS EN ESPAÑA Un masaje por fricción que suaviza y elimina ei vello. ñ o l a s Se concreta dicha tendencia en la progresiva i n s t a l a ción de Museos diocesanos y catedralicios, a la cual colaboran con frecuencia económica y técnicamente los servicios especializados del Estado español. Tras el de Sigüenza y otros, fue inaugurado hace pocos meses el Museo diocesano de Patencia, que responde a una ejemplar convicción del actual obispo de aquella diócesis castellana, pues en ella no ha hecho sino repetir la conducta ya observada en su anterior gestión como obispo auxiliar de Toledo. Asimismo están en proceso de instalación- -la enumeración no es exhaustiva- -los Museos- de este carácter en la Catedral Primada de Toledo, en Sevilla, en Las Palmas de Gran Canaria, en Cuenca, en Cádiz, en Granada, etc. Por su. importancia objetiva- -y sobre todo, repito, por su valor simbólico- -tiene este hecho en la vida cultural de España un especial valor, que merece ser puesto de relieve. Tales decisiones pastorales no son, en efecto, ocurrencias nacidas de la psicología personal, sino un servicio certero y oportuno, que viene imperado por las necesidades espirituales de los fieles, por e! valor eficaz de la liturgia y por el legítimo y natural empleo de los tesoros de ¡arte que los españoles hemos creado durante siglos para el cristiano esplendor del culto al Dios verdadero. En definitiva, por el respeto lúcido a las tradiciones morales de nuestro pueblo y aún a lo que ha ordenado siempre el magisterio de la Iglesia y lógicamente han reiterado los documentos del último Concilio Ecuménico. Con ello, los prelados de esas y otras diócesis españolas, al tiempo que miran a sus demás graves tareas, atienden también esta otra de respetar y conservar ia parcela del patrimonio histórico- artístico de España que la propia historia de nuestro país les ha confiado en depósito, para su custodia y su empleo. Yerran quienes, en estos tiempos de confusión, creen que la guía espiritual del pueblo de Dios es incompatible con ello. Es evidentemente falso- -y fruto de una carencia de visión sobrenatural- -pensar y decir que los deberes pastorales se concretan exclusivamente en lanzarse a equívocas aventuras sociológicas, para las cuales los sacerdotes carecen con frecuencia de la inexcusable competencia humana, y desde luego siempre de misión divina y de gracia de estado. En los momentos actuales, cuando a niveles de afta responsabilidad se mantienen contactos- -que han trascendido a la Prensé. -sobre ios problemas concordatarios, este ejemplo de algunos obispos españoles, en colaboración con los servicios técnicos y la ayuda financiera del Estado, adquiere dimensiones culturales de ejemplaridad. Florentino PEREZ- EMBID