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Hor mí y por mi pueblo dice e l l a Des- pués. Is enviaron el titulo por el que Su Alteza Real eí Principe de los Países Bajos le concedía e! derecho de ostentar las armas con el título de Proveedor de Su Alteza Reai 2I Priíncipe de los Países Bajos ¿Quiere explicarme cómo o c u r r i ó esio, Pepita? -Parece ssr que! e preguntaron a la Reina qué regaüo le gustaría recibir de España y ella les pidió una mantelería de Lagartera. De la Obra Nacional de Artesania vinieron ai ¡pueblo y estuvieron vienio algunas labores. Entraron en casa, les gustaron las que yo hacia y me hicieron el encargo. -Pero ¿conocía la Reina de Holand 3 las labores de este pueblo? -Es de supomer que si. o por (o mencs habría oído habiar de ellas. A mi me invitaron a comer a casa del embajador de España en Holanda y allí me comunicaren la noticia. Yo me quedé bastante desconcertada, porque era una cosa de mucha responsabilidad eso ce hacer una labor para una Casa Real. Pero tuve la suerte de encontrar unas chicas buenísimas que pusieran tedo su interés en ello y la mantelería quedo preciosa. Lusgo íui a Holanda a entregársela a ia propia Reina, formando parís de la comisión española que le llevaba el recalo y a la que acompañaba el señor embajador, ¿La recibió personalmente ia Reina? -Si, y nos invitó a tomar el té. Estuvimos allí bástanse tiempo, como unas dos española, de pueblo, una labrantera iagarterana Pepita Alia, fue a Holanda a llevarle a! a Reina un regalo de España. Es. sencillamente también, que sobre la fachada de su casa lucen las armas reales holandesas, porque esta proveedora real se io ha ganado a pulso. Una vez L a prime. ra p u n t a d a de la m a ñ a n a se da sobre la f r e n t e la señal de la Cruz. más lo nuestro, io español, se ha paseado triuntaimenie por el ancho mundo. LAS ARCAS DE LAS ABUELAS Para hacerlas no han ido en busca de creaciones nuevas. Se han limitado a abrir las arcas de sus abuelas y buscar la camisa de ras las cintas y les bordados antiguos, el camisón de novio Nos dice el alcalde de Lagartera que la base de la economía del pueblo está en estas cosas hechas a fuerza de tradición y de cariño. A la mañana pulida de sol sacan las labranteras su silla baja. Hay algo curioso en estas mujeres. Y es que mientras que las mayores no han querido renunciar a sus trajes típicos, las jóvenes no los quieren usar. Sólo en las fiestas, en octubre, en las que se celebran bailes. ofrendas y hasta pujas en la Corredera. para que la Virgen tenga sus bienes propios. Se sientan formando cor f o y se santiguan: -Por cada puntada que hemos dac un alma del purgatorio que hemos sacao Muchas puntadas para sacarse un jema! digno. Pero ellas no io hacen sólo por ganar. sino porque es una tradición que aprendieron de sus abuelas y éstas de las suyas, y aquéllas, a su vez, de las suyas también, Las dabrarsteras cuando e! dia ss ies pierda de tanta puntada, cantarán una rondeña en la que, ellas que tanto saben, aconsejan a las mocitas que no ruerta ai amor, v. que es viajero que va por el mundo y no se detiene Pero ellas si que se han detenido en lo tradicional, en ¡o auténtico, en lo de siempre, en este pueblo en paz. que huele a limonero y que es famoso en todo el mundo. Isabel MONTEJANO MONTERO AUDIENCIA. VESTIDA DE LAGARTERANA- ¿Fue usted vestida de lagarterana? -Sí, desde ¡liego. A nuestra llegada a palacio formó la guardia real. ¡Se pusde imaginar que yo ¡estaba nerviosísima Pero al ver ¡a amabilidad y sencillez con que nos recibieron me quedé tan tranquila. La audiencia fue cordial, y tedos los allí presentes estuvieron encantadores. Yo llevaba la labor colocada en un estuche de raso y en seguüda quiso ia Reina desdoblarla para verla: bien. Era de 24 servicios. Además d ¡e esto yo ie regalé una muñeca Además d ¡e esto yo ie regalé una muñeca con el traje típico, y completo, de Lagartera. Pues bien, la Reina la tuvo todo e! tiempo con ella. Yo no podía entender ¡o qus dscía. corque el idioma, ¡ya ve usted! ¿De donde voy yo a saber idiomas? Pero notaba qus ella se santia muy contenta y hacía muchos elogios de la mantelería que. la verdad sea dicha, había quedado para regalo da reinas! E! Príncipe Bernardo, que habla muy bien el español, se interese por la profesión de mi espeso. Le dije que era labrador. Y ambos, tanto a Reina cerno el Principe, decían que les gustaba mucho todo lo español. ¿Se sintió u s t e d embajadora de Lagartera en Holanda? mesa de tispana. r ae mi pueoio. nauibi cartas tan nermosas del Príncipe y del embajador que siempre guardaré un recuerdo y una satisfacción grandes dentro de mi. Cuando voiví de La H entré en Lagartera por la noche y lo veía todo, no sé desirle, como más bonito todavía. Y esto, repito, nu es un cuento de príncipes. Es. sencillamente, que una mujer Pepita Alia. proveedora de la Casa Real de Holanda.