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AZORIN EN ARGAMASILLA DE ALBA JESÚS HERMIDA ACABA DE PUBLICAR SU PRIMER LIBRO L A botica ha podido experimentar tales cuates cambios y mejoras; pero la rebotica está igual que en 1905. sólo que sin tertulias... Los años transcurridos han hecho que las costumbres sean muy otras, incluso en los pueblos. Es ya difícil, a nivel general, que en los nidos de antaño haya pájaros hogaño... Tampoco en esta farmacia de Argamasilla de Alba hallamos a don Carlos Gómez, que pasó a mejor vida, como sus asiduos- -los académicos de la Argamasilla de comienzos del siglo- -don Cándido, don Juan, don Alfonso, don Francisco, don Luis... Regéntala ahora don Rafael Cuevas, que, si tan cervantista y conversador como él, explaya su amena chachara fuera del establecimiento: en el casino, en la terraza de un bar cabe el Guadiana- -que discurre a la vera y divide en dos o tres porciones el casco urbano- en el campo labrantío, en el coto de caza. Nada es idéntico o semejante, pues todo ha cambiado como el tiempo mismo. Supervivencia única es la propia rebotica, que es así, inmóvil, estática, devotamente p e r manente, un sutil homenaje a los contertulios de 1905 y a su visitante d e excepción, J o s é Martínez Ruiz, Azorín. ¡Ah! Pero Azorín tendrá pronto, además del testimonio maravilloso de una rebotica inalterable que huella su presencia, un b u s t o ofrendado a su memoria. Lo ha plasmado el artista de casa, Cayetano Hilario, que los días Azorín corrientes los dedica a dirigir obras de albañilería e invierte los festivos en su apasionado hobby más bien sueño: crear esculturas en bafro, que reviste de cemento blanco, noble a sus manos como el más legítimo granito. Cayetano se ha valido de un dominical de A B C en que venían muchas fotografías y dibujos del desaparecido escritor para dar con el modelo. Bastóle con esto. Barajando, eligió aquella imagen que estimaba más asequible para su interpretación. El artista se ha inspirado en una hija suya para conseguir el rostro del monumento a Dulcinea; en un hidalgo vivo y otro muerto para su Don Quijote; en un socarrón labriego para su Sancho Panza; en un vecino intelectualote para su Bachiller Carrasco... mas para esculpir al raonovense no era este el caso. No cabía acomodar un supuesto o una invención, sino buscar su auténtica vera efigie para que así surgiera de la masa. Azorín nos parece simbolizado con admirable fidelidad, como producto de un verdadero escultor. Y de esta manera se aposentará en la arbolada, plazoleta que circunda la botica que lo recibiera cuando sólo contaba treinta y dos años y era, como siempre fue, una narrador amable y suasorio y un orfebre minucioso de la palabra. Gerardo Serano, el alcalde, pregunta por el trabajo; las concejales Pilar Amat y Encanuta Serrano se cercioran in situ de la marcha de la conmovedora Operación Azorín los poetas Pascual Beño y Vicente Cano se dan una vueltecita pafa ver cómo ha resuelto Cayetano el rictus sumido de J. M. R. el erudito Juan Alfonso Padilla sitúa en su justo punto la edad que representa el maestro... Y luego, cuando el busto, sobre alto pedestal, señoree y acentúe el literario enclave, todos serán a amarle más y a revivir sus glorías. Porque Azorín dijo, finalmente, ganado a medias por el convencimiento y la emoción: Yo creo a pie juntillas que Don Alonso Quijano el Bueno era de este ilustre pueblo manchego. Y esto no lo olvida el pueblo que por antonomasia quiso llamarse y se llama ia cervantina villa Miguel GARCÍA DE MORA J ESÚS Hermida, corresponsal de Televisión Española en Nueva York, narrador de todos tos lanzamientos que en Cabo Kennedy han sido, tía estado en Madrid de vacaciones. ¿Vacaciones de trabajo o vacaciones auténticas? -A lo mejor me asomo a la pantalla de Prado del Rey, aunque creo que no lo haré. Este es él primer descanso en serio desde hace cinco años. -Y el libro reportaje titulado Apolo, un bozal a las estrellas del que eres autor, ¿no te quita tiempo, sueño o algo? ¡Hombre! Una firmita sí que echo, que a veces me la piden, creo que no hay por qué d e s a i r a r a ta gente. ¿Tardaste mucho en escribirlo? -Yo, para esto de escribir no es que tenga una voluntad férrea, pero una vez puesto e impuesto me aguanto, me sufro y me demarro hasta que alcanzo el último folio. No tardé mucho en escribir Apolo, un bozal a las estrellas porque había vivido tos viajes espaciales (desde tierra, sa entiende) durante cinco años al pie del cohete. -Por tu condición de corresponsal en Televisión Española en Nueva York conocerás al dedillo el Centro de Investigaciones de la N. A. S. A. ¿no? -Sospecho que si, puedo decírtelo c o n palabras p r e s t adas. Hablando de la basílica del espacio dijo en A B C José María Massíp que la Jesús Hermida nueva Prensa estaba allí, que para ésos estaba allí, nervioso como un caballo de carreras antes de la salida, despeinado, en camiseta y sandalias, nuestro Hermida ¿Y cuántas fueron las estancias? -Bastantes, desde los tiempos primeros del Apolo VIII ¿Hasta el último? -Sí, hasta el último. ¿Sin aburrirte? -Sí, sin aburrirme. Creo que poner nuestro propio aburrimiento final en las manos de la televisión es una excusa de nosotros mismos. Sin la televisión hubiéramos imaginado poemas a la Luna y tos habríamos escrito. Con ia televisión la hemos tenrdo y apagamos el televisor. -Tú narraste la llegada de Armstrong a la Luna, ¿cómo fue? -La primera pisada del hombre sobre 4 a Luna fue más bien un tanteo y no se produjo como un allí voy Armstrong se detuvo primero en la plataforma cóncava, especie de platillo de balanza, zapato del módulo lunar sobre las que eJ vehículo se asienta en el suelo polvoriento del satélite. Y desde ella, como desde una barquilla, Armstrong puso un pie en la Luna. -Dejando la Luna a un lado, a qué ¡lugar de la Tierra se dirige ahora Jesús Hermrda. Pronto volveré a Nueva York, tierra de todos, pero no mi tierra, que es ésta que pisamos y sudamos y en la que, bien que de tarde en tarde, nos holgamos. Existe la nostalgia. Yo ihe visto llorar a muchos a 1 llegar el barco a Algeciras; yo también, nada más arribar a España, he consolado mi estómago con un simple y patriótico bocadillo de jamón serrano. ¿Proyectos? -Siempre se tienen muchos, pero para qué vamos a anclar ahora con concreciones. Yo todos los años me hago un examen de conciencia o algo semejante y acabo concluyendo que lo importante es jorobar lo menos posible y estar conforme con uno mismo y vivir, eso sí, vivir al segundo, cosa que no puede molestar a nadie; en todo caso al reloj, ese monstruo que va al bulto y acaba cogiéndonos como a toreros desprevenidos. Hermida, que se nos ha ido, ha dejado en Madrid, como siempre, a un numeroso grupo de amigos y un libro: Apolo, un bozal a las estrellas Es una forma de quedarse. Manuel MARTIN FERRAND