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PAVESE, VIDA Y M E T ¡A Q U Í URE UANDO César Pavese penetra en el Albergo Boma, en Turín, un sábado de agosto, después de salir de su domicilio particular, para pasar unos días en el campo, según dice a sus amigos, de los que se despide, lleva fuertemente atornillada a la mente la idea del suicidio, que durante años le fue fie compañera. El hombre solo estruja en su corazón el recuerdo. Algunas horas más tarde escribía sobre una de las primeras páginas de Diálogos con Leuco la obra ambiciosa y querida: Perdono a todos y a todos pido perdón. Y añadía lacónicamente, adelantándose al justo y metcdico ¿por qué? ¿Está bien? No hagáis demasiados comentarios. Fue su último gesto. La musca que tantas veces a lo largo de su vida reclamó para finalizar con las palabras de alivio, con los quitapesares de las confesiones bajo las estrellas, bajo la luna, cuando se recuerdan los días de soledad y tristeza y se efectúa un total de los desengaños. Pavese toma sus primeros contactos con la idea del fin al acabar su libro de poemas Trabajar, cansa que supone un fracaso de crítica en la Italia de Mussolini. La causa que alimenta el obsesionante pensamiento que, a hurtadillas, avanza por su mente es el frustrado amor por la donna della voce rauca pasión de sus años universitarios que unos días antes de su lib e r a c i ó n de Erancaleone, donde estuvo confinado por actividades políticas, contrae matrimonio c o n otro hombre. El cruel desenlace le La esperanza le cierra los ojos, obliga a frecuennuevamente se siente solo. tar la soledad y Le aflige ei recuerdo de sus por aquellas horas amigos muertos en la guerrilla ni convive con su de la ciudad y en los montes... familia. Espero detener a una mujer y hablarle y decidirla a que viva con uno. Si no, uno habla solo. En los años de bachillerato aún conserva ilusiones, se enamora de una bailarina de un café- cantante, con la que concierta una cita. La espera es inútil, desde las seis de la tarde a medianoche, bajo la lluvia y la humedad. Tres meses tardará en reanudar sus estudios aquejado de una pleuresía. Concentra sus esfuerzos en la actividad literaria hasta que los horrores de la guerra le hacen buscar refugio en el pequeño pueblo de Serralunga, donde sufre una crisis religiosa que durará un año. Asiste en el santuario de Crea a los oficios religiosos y se entrega a la lectura de la Biblia. La idea del suicidio se alarga por su futuro. Al finalizar la guerra vuelve a Turín. La esperanza le cierra los ojos; nuevamente se siente solo. Todas las cosas están aisladas frente a mis sentidos. Aquí, en lo ocuro, solo, ir. i cuerpo está tranquilo y se siente señor. Le aflige el recuerdo de sus amigos muertos en la guerrilla de la ciudad y en los montes, en los que habitan las colinas. Compone su último libro: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos MOSCÚ C Yo compadezco a ese empedernido Matusalén, pero no por haber pasado a mejor vida, sino por haber vivido tanto tiempo. (En la imagen, Chirali Muslimov, que acaba de fallecer a los ciento sesenta y ocho años de edad. EGÚN la agencia Tass, el más famoso campesino de tcdos los campesinos de la República Soviética de Azerbaidján, Chirali Muslimov, ha muerto a los ciento sesenta y ocho años a consecuencia de una enfermedad incurable Enfermedad, según mi punto de vista, de la que suele mcrir todo el mundo, pues de haber sido curable la enfermedad, Chirali Muslimov estaría dando la lata todavía a sus semejantes. Mas lo extraño de este superan ciano no es que haya muerto de esa enfermedad, sino que, según la agencia Tass, Chirali Muslimov ha muerto en su cama de Barzavcu, ciudad del Cáucaso, en donde había vivido durante toda su vicia ¿Ciento sesenta y ocho años en una cama de Barzavou? ¡Así ya se puede vivir tanto tiempo! Pero lo más difícil todavía es que el difunto anciano había asistido días antes de su finamiento al centesimo matrimonio de un miembro de su descendencia que comprende doscientas veinte personas Y aquí no tengo más remedio que preguntar a la agencia Tass: ¿Cómo pudo asistir sin abandonar su cama de Barzavcu a ese centesimo casamiento? ¿Qué clase de miembro de su descendencia es ese que se casa por centésima vez? Y ¿a quién comprenden esas doscientas veinte personas a que se refiere la noticia? Según mi parecer, pueden comprender al finado Ohirali Muslimov o al centesimo miembro de su descendencia, pero a quien de ninguna manera podrán comprender es a la agencia Tass. Yo compadezco a ese empedernido Matusalén, pero no poi haber pasado a mejor vida, sino por haber vivido tanto tiempo. Un centenario, mientras no se descubra alguna panacea que 3o revitalice y le ponga en condiciones de poderse abrochar por su cuenta, no será más que una carga para los que le rodean, y si. cerno e n este caso, los que le rodean no son ya más que parientes lejanísimos, su situación es mucho más desagradable. En algunas tribus de Cceanía existe la costumbre de someter a los ancianos a una prueba definitiva: se les hace subir a una palmera, se agita la palmera cen violencia, y si el anciano resiste sin caerse, se le tolera seguir viviendo. Si, por el contrario, no resiste, ya pueden ustedss figurarse cómo queda el anciano. Naturalmente no quiere decir esto que yo esté de acuerdo con estas tribus oceánicas, entre ctras razones porque no estoy muy seguro de resistir yo mismo la prueba de lo de la palmera. TONO S Llega el final, un 27 de agosto- de 1850. Antes se pregunta: ¿Vale la pena estar solo para quedarse siempre más solo? Y decide escribir en su diario: Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más. Carlos SCALA