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MADRID, 1 D E MARTES AGOSTO T O L U C A DE TENA DEPOSITO L E G A L M- 13- 1958- 80 PAGS. DE 1973 NUM. 21.023 SEIS PESETAS NO HA HABIDO SUPERVIVIENTES EN EL EN ESTE NUMERO ACCIDENTE AEREO DE LA CORUÑA Política exterior ESPAÑA Y MALTA FIRMAN UN ACUERDO DE COOPERACIÓN (Pág. 21) Fallecieron los ochenta y cinco ocupantes del avíen y m obrero que trabajaba en las proximidades EL ACCIDENTE SOBREVINO CUANDO EL APARATO, SOBREVOLANDO EL MONTE LA BÁRREIRA, EN MONTROVE, A ESCASOS KILÓMETROS DEL AEROPUERTO DE ALVEDRO, SE DISPONÍA A ATERRIZAR Abecé Económico POLÉMICA S O B R E LAS EMPRESAS MULTINACIONALES (Págs. 39 y 40 i Oriente Medio PATRULLEROS ISRAEUES ALCANZAN CON SUS DISPAROS A UN BUQUE EGIPCIO (Pág. 16) cuantos minutos antes hicieran necesaria esa prevención. La enfermera mencionada atendió, con los demás vecinos, al único superviviente: un señor de unos cuarenta años- -me explica- con evidentes síntomas de múltiples fracturas y que en estado inconsciente movía la cabeza. El paraje es apacible y de suave y multicolor belleza. Cerca se encuentra la ría del Pasaje. El avión destruyó dos casas del pazo, deshabitadas a lo que parece. La finca- -el pazo- -está dividida por una calle de tierra, en cuesta un tanto pronunciada. La primera de esas casas quedó muy afectada al pasar sobre ella, ya casi rozando el suelo, el Caravelle. La segunda, al otro de la calle, Junto a una tapia de regular altura, sufrió todo el impacto áe la caída y prácticamente ha quedado deshecha en su totalidad. Dicen que había una capilla allí. El pazo estaba siendo objeto de reformas. Frontero a él se extiende una gran finca: la dt Marquesi. NUMEROSO PUBLICO EN EL LUG R DEL SUCESO Numeroso público intentó desde el mediodía hasta bien avanzada la tarde- -cuando aún humeaban los restos del avión- -acercarse al lugar del siniestro. Lo impidieron las fuerzas del orden. Abajo, en la hondonada que forma el pazo, una máquina paleadora retiraba los escombros de la casa destruida, mezclados con los restos del fuselaje. Todos los cadáveces aparecían entre dichos escombros. Los bomberos enchufaban sus mangas hacia las trágicas fogatas que aún seguían alentando a varias horas del suceso, y los soldados de la Cruz Roja cumplían la triste y difícil tarea de rescatar los cuerpos multilados. envolverlos en sábanas y trasladarlos era camillas a las ambulancias para su conducción a La Coruña. Guardias civiles y otras fuerzas y representantes de la autoridad colaboraban con ellos eficazmente. Un paco má allá, en lo que pufliéramas llamar ei patio del Pazo, a escasos pasos de un hórreo y de ana pequeña estatua de San Antonio, con VM Niño Jesús en brazos, se veía la cabina del avión, Be ella fueras sacados los cadáveres de los Según una enfermera, testigo presencial del accidente, e! Caravelle se precipitó a tierra sin un ala y envuelto en llamas La Coruña 13. (De nuestro enviado especial, por teléfono. Acabo de regresar a la ciudad desde el lugar de accidente de aviación. Son las cinco y media de la tarde y siguen extrayendo cadáveres en el pazo del Río, que es la finca de la localidad de Montrove donde cayó el Caravelle. En realidad, restos carbonizados; sólo doce ocupantes del reactor eran perfectamente ideníificables. Entre ellos figuraban los tripulantes y las azafatas. Murieron traumatizados, sin apenas quemaduras, como en un accidente de carretera. El Caravelle, procedente de Madrid, se hallaba a menos de cuatro kilómetros del aeropuerto de Alvedro, que así se llama por su demarcación municipal el de La Coruña. He hablado con vecinos que presenciaron la catástrofe. Las versiones son, en algunos aspectos, contradictorias y hasta cierto punto, extrañas. Han aludido, por ejemplo, a gritos de terror de los pasajeros al precipitarse el aparato a tierra. No hay en esos informes unanimidad. Sin embargo, todos coinciden en estas cosas fundamentales para un posible conocimiento de las causas exactas de lo ocurrido: primero, la niebla era muy espesa y desde Montrove no se veía el aeropuerto; segundo, el reactor hizo dos o tres pasadas sobre esos campos perdiendo cada vez más altura y con signos evidentes de no poder aterrizar en las pistas de su destino; tercero, tropezó con unos árboles próximos al pazo denominado del Río; cuarto, ya, en el aire, iba envuelto en llamas. TESTIMONIO DE UNA ENFERMERA Hay, además, un testimonio no menos interesante: el de una enfermera de la residencia sanitaria Juan Canalejo, de la Seguridad Social, que hace poco inauguró el Generalísimo en La Coruña. Es la señorita ángeles Calvo Rodríguez, a quien casualmente conocí cuando me dirigía al escenario de la catástrofe. Está de vacaciones y se encontraba a media mañana- -no puede precisar la hora- -en un chalé próximo al pazo. Oyó un fuerte ruido en el aire, un estrepitoso ruido de motores, y al salir sobresaltada de la casa, vio caer sin un ala al avión. Caía- -dice- -muy ladeado y entre llamas. Corrió presurosa con otros vecinos a socorrer a las víctimas y en Cull r do AEROPUERTO Q Al WEínDíV operación de salvamento se dislocó el dedo pulgar de la mano izquierda, que ahora lleva vendada. Me ha dicho también esta señorita que aquellas tentativas de salvamento fueron dificultosas por los cinturones de seguridad que llevaban puestos los viajeros. Dato también importante, pues, aparte de la proximidad del aeropuerto que impone tales medidas, bien podría ya existir problemas técnicos o atmosféricos que unos OMEGA AGENCIA OFICIAL Princesa, 10 Coya, 5 (O, Carlos III) OMEGA CRONÓGRAFO, AUTOMÁTICO