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CONVERSACIÓN CON Estoy preparando con Massiel un espectáculo de Antonio Gala que s e estrenará e n el teatro d e la Comedia Haber sido director del teatro Español fue una honrosísima equivocación No se trata d e saber lo que ocurre con censura, sino de adivinar lo que pasaría sin ella Adolfo MaraHach, considerado como no de los mejore de nuestros directore de teatro, hace, en la entrevista que sigse, ana confesión general. Desde sos opiniones sobre la censara, basta ss postura coa k televisión. Desde aquella honrosísima equivocación de dirigir el teatro Español, hasta sos proyectos más inmediatos. En resamen, todo lo que viene a dibajar ei perfil harnano de este profesional de nuestro teatro. ¿Qué está usted preparando actualmente? -Un espectáculo que se estrenará en el Teatro de 4 a Comedia, escrito por Antonio Gala y que va a llamarse (Suerte, Campeón! Me apetece mucho porque es la primera obra que estreno de Antonio, porque el tema me apasiona y porque este proyecto me permite trabajar con Massiel, a quien considero una excelente actriz. ¿Se trata de un espectácub musical? -Sólo en la medida en que tiene ilustraciones musicales Nosotros nos servimos de la música para contar mejor la historia que nos interesa, incluso para situaría en su tiempo a la vez que nos alejamos para observarla criticamente. Es decir, si usted piensa en una comedia musical nada más lejos de nuestro propósito. Por supuesto que Massiel va a cantar. Y todos los actores. Incluso yo- -con gravísimos riesgos personales- pero ya le ha insinuado antes que a m en esta ocasión, me interesa bastante más Massiel como actriz que como cantante. ¿Está usted subvencionado? ¿Cómo dice? -Que si está usted subvencionado. Perdone, creí que no le había entendido bien. No, no estoy subvencionado. ¿Por qué iba a estarlo? Una vez, en el año 69, a una sociedad de la que yo formaba parte se le concedió la Segunda Camparla Nacional de Teatro. Por una serie de razones, que evito exponer para no hacer esta entrevista inacabable, perdí una barbaridad de dinero. Anteriormente, en otra ocasión, con motivo del estreno de Marat- Sade en Barcelona, don Mario Antolín, director entonces del Teatro Nacional de Cámara y Ensayo, me pidió que inaugurase con aquella obra el ciclo correspondiente al año 68. Acepté porque me ilusionaba que se viera mi montaje en Madrid- -el palpito fue acertado porque nunca más pudo verse- me vi forzado a retrasar mi presentación en Barcelona, trasladé a los componentes del grupo Cátaro- ¡muchísimos! -aquí para ensayar y cobré una cantidad que vino a enjugar estos gastos. Nada más. Y nada menos. Porque el estreno de Marat- Sade en el Teatro Español fue, seguramente, la noche más importante de mi vida profesional. -De maneía que no se considera u ted un director protegido -Pues no, no precisamente. Lo cual, por otra parte, es lógico. Yo intento hacer, dentro de los limites obvios de mis posibilidades, un teatro critico. A la Administración, aunque algunas veces lo tolere, no puede gustarle éste tipo de teatro. ¿Cómo va a proteger lo que no le gusta? Hay que aceptar las cosas como son. A cambio de esto, tengo, naturalmente, otro tipo de satisfacciones. -Pero, usted fue director del Teatro Español. -Esa fue una honrosísima equivocación. Medf mal mis fuerzas. Quise ir contra corriente justamente donde no se podía. Mi paso por el Teatro Español fue brevísimo. Al terminar mi primera y única temporada dimití. Por un lado la programación que yo había propuesto no pudo cumplirse, y por otro, el sueldo oficial no llegaba a cubrir mis necesidades privadas. ¿Puede desprenderse de sus declaraciones que rechazaría usted cualquier tipo de ayuda estatal? -No, no puede desprenderse eso. La Dirección General de Espectáculos está, que yo sepa, más para fomentar espectáculos que para impedirlos. De forma que sería inadecuado por mi parte pretender obstruir su labor. Nunca rechazaría una ayuda que me permitiera hacer lo que honestamente creo que debo hacer. Siempre la rechazaría en caso contrario. ¿Y la televisión? -Como quizá usted no ignore, hubo una época en la que trabajé mucho en Televisión Española. Después ocurrieron cosas. Me echaron de una forma que yo consideré injusta, y desde entonces nuestras elaciones se hicieron difíciles. Lo siento. Pero mantengo mi postura, equivocada o no. A mi juicio, la televisión nos pertenece a todos, puesto que entre todos los contribuyentes la sostenemos. En este sentido no debieran hacerse discriminaciones de ninguna clase entre ios que quieren expresarse a través de ella. Claro que esta es una opinión psrsonalísima. Y, por lo tanto, discutible. ¿Cree usted en la censura como excusa? HARSILLACH medias. Es pr ui- que existan algunas actitudes personales de refugio en a! mecanismo censor para justificar lo que no es más que falta de talento. Pero no se puede hacer de un caso particular una regla general. Soy rt r jr q u e está en contra de la censura y n a lo he negado. Creo que la censura ejerce una coacción muy grave sobre lo que entendemos como libre expresión Y esto es así en España y en otros muchos países. Decir que a pesar de la censura se hacen determinados espectáculos e un argumento tan pueril como afirmar que el mundo debería pararse cuando alguien da una orden. No, no. Claro que las cosas siguen a pesar de... Afortunadamente. Pero no es esta la cuestión. No se trata de saber lo que ocurre con censura, sino de adivinar lo que pasaría sin e! la. ¿Y qué hubiera pasado con Flor de Santidad sin censura? -No lo sé. Sería estúpido que yo dijera que Flor de Santidad es una gran peltátMW l o ignoro. Ahora bien, es evidente que sin la intervención de la censura aígo mejor hubiera sido. ¿Es mala? -No debe de serlo tanto cuando ha sido seleccionada para representar a España en el próximo Festival de Moscú. Af menos, eso me han dicho. -Y va usted a ir? -Hombre, claro: el Festival me invita y a mí me interesa mucho ver qué ocurre con la película en campo neutral ¿Escribiría usted alguna vez una obra de teatro? -Me gustaría. Pero, no sé, me parece que me falta talento. Escribí una hace muchos años y, aunque fue dirigida por el más grande de nuestros directores, no tuvo gran éxito. ¿Se considera usted un hombre valiente? -No soy un cobarde. Aunque tampoco supone gran valentía nada de lo que hago. Me limito a ser consecuente cpn mis opiniones y, en última instancia, cuando no me queda más remedio que elegir entre la za y la razón, quedarme con esta última. Jaime LEGAZA