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A los ochenta y tres años de edad ha fallecido en Madrid don Antonio Rius Miró. Químico eminente y trabajador infatigable, en su dilatada y fecunda vida profesional ha realizado una labor de gran trascendencia en tres áreas principales: a docencia superior, la industria química y la investigación científica. Aunque no es tarea fácil resumir en el reducido espacio disponible una vida tan densa de realizaciones como la de don Antonio, hemos tratado de hacerlo como modesto homenaje de admiración y respeto a su memoria. Don Antonio Rius Miró nació en Reus, en 1890. Muy joven cursó la carrera de perito industrial en la Escuela de Villanueva y Geltrú y, tras ella, en la Universidad de Barcelona, obtuvo el título de licenciado en Ciencias Químicas. En 1913 ganó la cátedra de Análisis Químico y Electroquímica de la Escuela de Peritos Industriales de fiéjar, desde donde pasó a la de Santander. En ésta ¡ogra montar un modestísimo laboratorio en e) que, aislado y prácticamente sin medios, realiza su tesis doctoral sobre Electrólisis con corriente alterna Don Ángel del Campo, catedrático de Análisis Químico de la Universidad Central, apadrinaría su tesis, que leyó en 1917. El prestigio logrado con su tesis doctoral, realizada en tan difíciles circunstancias, hace que se le onceda una beca de estudios en Suiza y Alemania. Durante dos años amplía sus conocimientos teóricos y experimentales en Química Física, Electroquímica y Química Técnica y publica varios trabajos de investigación con científicos europeos de fama mundial. A su regreso a España se produce una vacante en la Escuela de Peritos Industriales de Zaragoza y, tras nueva oposición, se traslada a esta ciudad en 1922. El joven profesor comienza a recoger los resultados de su gran esfuerzo. El Ministerio de Instrucción Pública, a instancias de la Facultad de Ciencias de Zaragoza, le nombra profesor extraordinario de Electroquímica en aquella Universidad. Los industriales aragoneses. que conocen sus profundos y amplios conocimientos, le interesan en sus problemas. Los alumnos, atraídos por sus modernas enseñanzas, buscan el ser admitidos en su laboratorio y, en ocho años, Rius Miró dirige seis tesis doctorales, cifra muy elevada, particularmente en aquellos tiempos de alumnado muy reducido y en que sólo fa Universidad Central podía conceder el grado de doctor. En 1930 se le presenta la oportunidad de trasladarse a la capital de España. Mediante concurso obtiene la cátedra de Química Industria Orgánica y Análisis Químico de la Escuela de Peritos Industriales de Madrid. Esta circunstancia es aprovechada por don Juan Abelló Pascual, Químico y Farmacéutico por la Universidad de Madrid, que gracias a (os conocimientos de Rius Miró consigue crear una industria farmacéutica nacional. La colaboración de Rius Miró con Abelló, iniciada entonces, duraría cuarenta fructíferos años. Terminada la guerra española se ofrecen a Rius Miró nuevas y brillantes posibilidades de demostrar su extraordinaria valía. La gran obra docente y científica de don Antonio Rius está todavía por realizar. En 1940, a los cincuenta años de edad, ya en plena madurez, obtiene brillantemente por oposición (la cuarta y última de su vida) la cátedra de Química Técnica de la Universidad de Madrid. Llega a esta cátedra con una gran experiencia teórica y práctica y el éxito es rotundo. En muy pocos años moderniza las enseñanzas, introduce en los planes de estudios universitarios la Ingeniería Química y, con la ayuda de otros profesores, singularmente la de don José María Fernández Ladreda, entonces ministro de Obras Públicas, establece el doctorado en Química Industrial en la Universidad de Madrid. En los veinte años en que desempeñó su cátedra universitaria dirigió 22 tesis doctorales de carácter técnico, formó a varios profesores universitarios, publicó numerosos trabajos de investigación y un libro de Ingeniería Química. Pero la cátedra universitaria y fa fábrica de Abelló no llenaban la actividad prodigiosa de Rius Miró. Un querido discípulo suyo, don José María Albareda, era secretario general del Consejo Superior de Investigaciones Científicas CSIC) y Rius Miró se convirtió en un colaborador incondicional suyo. Durante más de treinta años Rius Miró ha prestado servicios muy valiosos al CSIC en ios campos más diversos: consejero, miembro de la Comisión Permanente y del Consejo Ejecutivo, presidente del Patronato Alfonso el Sabio, vicepresidente del CSIC, etcétera. Con ser importantes sus servicios al CS 1 C, su aportación más trascendente es de carácter científico. De 1940 a 1946 Rius Miró fue jefe de la Sección de Química Física del Instituto Alonso Barba del CSIC. El rápido desarrollo de la Sección dirigida por el profesor Rius Miró aconsejó su independencia como nuevo centro, creado en 1946 con el nombre de Instituto de Química Física Rocasolano Como director del nuevo Instituto, con la ayuda de sus colaboradores más inmediatos, singularmente la del profesor Foz, a la sazón vicedi rector del Instituto, planificó su desarrollo multidisciplinario y armónico y adoptó una política de formación intensiva de sus investigadores más destacados en los mejores centros extranjeros. La política seguida convirtió al Instituto de Química Física Roeasolano en uno de ios primeros de que dispone el país a nivel internacional y con un tamaño próximo al que se reconoce como óptimo. En el Instituto Alonso Barba, primero, y en el Rocasolano después, a pesar de sus muchas ocupaciones, Rius Miró tuvo siempre un grupo de doctorandos y, en este período dirigió unas veinticinco tesis doctorales en Electroquímica, especialidad en la que había logrado un merecido prestigio internacional. El profesor Rius Miró ha recibido numerosos premios y distinciones en su dilatada y fecunda vida profesional. En plena juventud obtuvo el premio del Jubileo de la Universidad de Basilea y, en su madurez, el premio Suances a la investigación técnica. Se te concedieron la gran cruz de Alfonso X el Sabio y la de Caballero de la Orden ds Don Enrique el Navegante. Fue académico de las Reales Academias de Ciencias y de Farmacia. Miembro de Honor de la Asociación Nacional de Químicos de España, de la Real Sociedad Española de Física y Química (de la que tiabía sido presidente) y de la Societé de Chimie fndustrielle francesa. Esta sucinta reseña sobre don Antonio resultaría incompleta si ño hiciéramos una breve alusión a otros aspectos más íntimos de su personalidad. Rius Miró fue un sabio, en el sentido literal y auténtico de la palabra, y un hombre eminentemente bueno. Su conocida y acentuada sordera, paliada con artüugios electrónicos, y sus múltiples ocupaciones, que cumplía puntualmente, explican claramente que no le interesaran las tertulias ni los espectáculos públicos. Sus polos de atracción particulares eran la familia, a la que idolatraba, y la fotografía, con la que consiguió verdaderas obras de arte. Su única válvula de escape conocida era fa inseparable pipa, que fumó hasta que OÍOS le llamó a su seno. Hace un par de meses la dirección de la revista española Corrosión y Protección tomó el acuerdo de crear la medalla Antonio Rhis Miró al mérito en la Corrosión y Protección de Metales y entregar la primera de ellas á don Antonio, en el transcurso de los actos de un homenaje nacional a su figura, programado para el día 15 de este mes de junio. Don Antonio Rius Miró se nos ha ido súbitamente, seis días antes de la fecha familiar y entrañable de sus Bodas de Oro y trece días antes del homenaje nacional a su eminente figura. ¡Descanse en paz! Manuel COLOMINA