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ABC. S Á B A D O 19 DE MAYÓ PE 1973. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 71. TENEBROSO SIMBOLISMO DE CARLOS MENSA Por Miguel FERNANDEZ- BRASO E XISTEN obras de artistas plásticos que no admiten término medió, fácil acomodación en nuestros niveles de preferencias, sosegado acatamiento a unas parcelas de la creación pictórica y un cierto desinterés a otras zanas de intencionalidad artística. No, son obras que se apoderan de nosotros y nos captan abiertamente o, por el contrario, nos repelen y nos producen una larga y densa repulsión. Algo así creo que sucede con la obra de Carlos Mensa. El enfrentamiento con sus cuadros nos puede capturar, emocionar, abrir un panorama de sugerencias. O, también, nos puede erizar la sensibilidad y producirnos un fastidio incontrolable. Es una obra fuerte y directa la de este joven y gran pintor catalán- -nació en Barcelona, en 1936- -y no admite esa placidea tintada en indiferencia que algunos profieren para la obra de arte. Particularmente creo que la intensidad felina que aparece vistiéndose de hombre contemporáneo, la criatura envejecida en su niñez que está situada junto a un vientre que conserva la cicatriz producida por el parto de ese ser deforme en su envoltura física, la atadura y flagelación moral de un desnudo de mujer, la representación de una masa de gentes siniestras con su ídolo erótico en alto, la mano que parece abrir un mundo tecnificado y helador... Mario Vargas Llosa, en su penetrante introducción del catálogo, escribe: La más espontánea libertad coexiste en sus cuadros con la más rigurosa premeditación y una fantasía excitada por mitos modernos se expresa en formas que conviene llamar clásicas. Es una pintura que testimonia sin tregua ni temor sobre una problemática actual, que dispara imágenes sarcásticas de grran ferocidad contra blancos perfectamente identifícables para una conciencia histórica y social, y, al mismo tiempo, agresivamente individualista, porque exhibe, sin el menor pudor, las secretas obsesiones del artista, las visiones y hechizos que fraguan sus instintos y deseos más íntimos. El lenguaje universal y abstracto de los sueños se materializa en sus telas en personajes y situaciones que se impregnan de una realidad inmediata y verificable, incluso local, y, a la inversa, los temas sustraídos a la experiencia más cotidiana y compartida tornan, en función de esos pinceles siempre minuciosos y audaces, a impersonalizarse, a instalarse en el reino general de la exclusiva sensación, de lo puramente plástico. Contradicción, osadía, desgarro y rigor son las raíces profundas de la pintura humanista de Mensa, las claves de su originalidad. Yo llegué bastante tarde a la pintura. Por le menos a la dedicación llegué hacia los veinticinco años. En realidad, no, se me había pasado antes por la cabeza dedicarme a pintar. Me encontraba, además, sin bagaje técnico. No he tenido maestro, no he pasado por ninguna escuela de arte, he sido un autodidacta desde mis comienzos... Hacia el año 1960 ó 61 empecé a pintar informalismo, que era lo que había por entonces en el ambiente. Hice un tiempo una pintura de tipo gestual, de brochazo grande. Pasé una época de preocupación por la materia. Luego la figuración empezó a apreciarse más y pasé a un expresionismo- grotesco con una intención crítica. Toda mi obra actual es una consecuencia de todo esto, de todo este lento proceso. Hoy no tengo esa fe inicial en el cuadro panfletario. Ahora ño creo que el mundo pueda arreglarse, o contribuir a que se arregle, desde el cuadro. Si continúo reflejando, sin embargo, una cierta atmós- fera de violencia que siento en mi y en los demás, que aparece en todo lo que expresa las vivencias del hombre. Es una violencia, por otra parte, que trasciende los límites locales. Sí, mi obra última creo que anda por esos caminos de lo violencia, del quehacer de Carlos Mensa- -queda patente en esta Exposición en Iolas- Velasco- -es desusado. lia tensión, la degradación de tópicos que pueblan nuestro ámbito social, el simbolismo extraño que imprime a sus lienzos, son factores claves para que uno quede prendido en la red misteriosa de su arte. A este conjunto de intencionalidades y propuestas hay que unir algo realmente elemental, pero que pocas veces se cumple fielmente: la impecable realización de sus cuadros. La habilidad de su composición le permite nutrir sus obras de fantasmas de la realidad y de sueños perseguidores precisamente en los momentos más lúcidos. Mensa procura casi siempre situaciones de impacto, a veces extremas y arriesgadas: Ja opresión de un rostro con un asfixiante corsé, los puñales ue amenazan el impasible y ceñudo busto gongorino, la cara ENCARGADO Di OBRA PRECISA CONSTRUCTORA DE PRIMER ORDEN Experiencia, dotes de mando y organización, sueldo a convenir. Trabajo en Madrid Escribir a mano, indicando datos personales, referencias y trabajos realizados, al Apartado de Correos número 6.121 de Madrid (16.025) del absurdo, de 2o grotesco... Por lo menos por ahí me gustaría que anduviese. l La obra de madurez de Mensa- -la madurez interior ya sabemos que no siempre sé corresponde con la edad- -ha partido de anas bases de crítica punzante, de crítica hostigada por el atosigamiento de ia vida del hombre de hoy, por la angustia provocada ante el sometimiento de anos sistemas clausurantes. Todo, además, reaBzado con una marcada penetración sicoloV gica y ¡sociológica. Esta obra de Carlos Mensa está próxima a la crónica de nueg-