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Paula- -a la que muchos llaman, refiriéndose a ella, oordialmente Paulita- -no es el nombre de esta mujer, ni Martel su apellido. Se llama- -así consta oficialmente en todos los papeles- -María del Carmen, como aquella capitana de la mar que consolase al poeta; oomo tantas mujeres españolas, olvidadas y seguras, felices en su papel de madres y esposas. tálgica y unas niñas- -hermanas- -en la lejanía. Ambas han logrado alcanzar sus sueños de juventud. Mientras María del Carmen gana en Madrid los laureles del éxito en la comedia española, su hermana Pilar, pintora, expone sus cuadros en las mejores salas de Europa y América. ¿Casualidad? Ninguna. La casualidad no existe si no está respaldada por la lucha y el trabajo... Su primer papel en un teatro madrileño Pero volvamos atrás. Volvamos con María del Carmen, aquella niña que empezó a trabajar en el comercio de su padre, mientras estudiaba. Volvamos con aquella, con esta Paula Martel de nuestra escena. Eran los años difíciles. Sus frecuentes temporadas en Francia la convertían en una especie de heroína, que cruzaba la raya y hablaba francés. Eran los años en que se hacía preciso estudiar a diestro y siniestro, en aras del ideal. De ese ideal llamado teatro. Paula estudia ballet y la carrera de Declamación. Cuando termina, ronda los veinte años. Veinte años ofrendados a la luz suave de un San Sebastián romántico, cuajado de esa simiente, apacible y rebosante, de la sensibilidad. Si para otras mujeres- -tantas y tantas actrices- -el mundo del arte viene acompañado de las espinas más sangrantes, para Paulita Martel- ¡ay, delicias de los que familiarizan hasta los seudónimos! -ha sido una carrera ascendente. Desde aquel Pigmalión en el teatro de Cámara de su ciudad natal, mediados los años cincuenta, hasta su último éxito teatral en Madrid. Son los añps aquellos en que tras La vida es sueño calderoniana y local, es preciso buscar los rumbos madrileños, pese a la oposición de todos. Pese al sabor de belle époque de la playa de la Concha... A finales de 1959 Paula Martel llega a Madrid, donde le presentan al pobre Claudio de la Torre, que era director del teatro María Guerrero. Un mes más tarde aquella muchachita donostiarra interpretaría un papel en La boda de la chica El nombre de Ninette, unido al de Paula Martel Corría el mes de enero de 1960. Desde ese momento hasta hoy la vida teatral de María del Carmen Pérez Ochoa- -para el arte Paula Martel- -ha ido en continua evolución. Y así viene a la luz del recuerdo reciente sus apariciones en Crimen contra reloj El pecado vive arriba al lado de Manuel Dicenta, Julia Gutiérrez Caba, Mercedes Alonso, Juan Menéndez... Tantos... Hay que trabajar sin descanso. Su pri-