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pierde en la noche de los éxitos. Esos éxitos de los que mañana se acordará un critico viejo, pero que a los ojos de los españoles pasaron desapercibidos. Sabemoi que Roía Morena trabaja en el Casino Municipal de Cannes, en Marsella. Ella prefiere Niza, la dulce Niza llorosa de una belle époque escapada demasiado aprisa. Y en Niza conoció al Rey Faruk. Trabajaba ella en el Folies Club. Yo no sé lo que el Monarca egipcio diría a la pacense cantaora Sé- -porque ella me lo ha contado- -que Rosa Morena dio una bofetada al Rey y que éste la acogió con infinita complacencia. Creo que hasta le puso de nombre la tarantullta Vaya uited a saber! Que se pudo atrever a darle una guantada no me extraña en absoluto, dado su genio. Que Faruk aceptase tus nervios me parece más patológico. Lo cierto- -o no cierto, porque el cronista no estuvo presentees que hubo botellas de champaña e invitaciones al yate privado. Rosa Morena dice que conserva una muñeca que le regaló Faruk por aquellas actuaciones flamencoides en tu yate. Con Judy Garland y Frank Sinatra Trai este éxito en aguas mediterráneas Rosa Morena regresa a Madrid. El teatro que le abre sus puertas es el desaparecido de Price. Cobraba 300 pesetas. En este coliseo de la plaza del Rey cantaba cuando le ofrecieron un contrato para el Canal 7 de la televisión argentina. La gala de la manolería era preciso cambiarla por el aire malevo de la milonga. El chotis, por el tango. Y en medio, el pasodoble como una exaltación perenne de la música genulnamente española. Rosa Morena se pasa dos años y medio en Buenos Aires. De allí va a Chile. Y de la América hispana a Nueva York. (Agobiante y en orberbecido Nueva York, en cuyos teatros había que entregar junto al programa de mano una traducción de los episódicos romances de nuestras canciones bravas! ¿Cómo sonarían en inglés Amante de abril y mayo o el romance de Almudena? Cuesta creerlo. Lo cierto es que allí estaba defendiendo nuestras canciones aquel ex nardo extremeño que contrastaba extraordinariamente con Judy Garland, Frank Sinatra o Dean Martin... -Yo estaba como loca- -exclama Rosa Morena al recordarlo. -No me extraña- -ha respondido simplemente el periodista. No falta quien opine que el artista norteamericano da la mano, ayuda. Esto también lo afirma Rosa Morena. En cambio, aquí hacemos los ídolos y en seguida los queremos tumbar. Rosa Morena, una vez más, haoiendo gala de su oaráoter. Un oaráoter a la defensiva, temeroso. Abajo, un gracioso geato de Rosa, que toma anticipadamente las uvas de la suerte. llorando de impotencia. De tantas niñas que creyeron ser prodigios y lloraron con amargura n los desvanes ilusionados de sus casas pueblerinas. gún momento los sacrificios pasados, lai uñas rotas en la escalada, los arañazos. De ahí el carácter de esta muchacha. Un carácter a la defensiva, temeroso. Pero que en ningún momento expresa debilidad. Es una fiera enjaulada que defiende lo suyo, porque le ha costado conseguirlo. Una mujer de la mina y del dolor que canta y ríe, pero a la que la ascensión a la fama ha exigido muchos sudores. Sí. Muchos sudores y muchos sacrificios. Por eso, cuando Rosa Morena se ve en Madrid acepta como loca, de puro entusiasmo y pura esperanza, el interpretar una serie de programas en el Parque Móvil, de la calle de Cea Bermúdez, junto a José Luis Péker. Y allí, como ocurre casi siempre, surgen los descubridores. Ya no eran los vecinos de la capital provinciana, ni la tita aquella que la llevó por vez primera a la emisora de radio. Eran unos representantes franceses a la búsqueda de cantaoras españolas. Cantaoras a gogó con un mucho de niñas in y un bastante de raza. 1 Ay, de raza! Y ya la estela de Rosa Morena se nos Una mujer de la mina y del dolor Poco tiempo después de llegar Rosa Morena a Madrid, los niños prodigios estaban de capa caída... Había llegado la hora de empezar a ser mujer. ¿Mujer? Bueno, mujer con responsabilidad, con reaños, ya era desde los c i n c o años, desde que gemía, esperanzada, por los micrófonos de una radio de provincia unas canciones que difícilmente podía entender. Las biografías suelen ser casi todas iguales. Estas de actrices o de cantantes se parecen todas. Algunas son un tanto lacrimógenas, rayando en el folletín de radio. La de Rosa Morena es una biografía de ambición, de querer llegar, de ser. Pero también de no olvidar en nin 66 Ese cante de las minas, que no canta Tras eite triunfo por la América lejana, Rosa Morena vuelve a España. Pero aquí nadie la conoce. Menos mal que la contrató una productora de cine y la hizo intérprete de Flor salvaje y El secreto de las esmeraldas El productor, que era colombiano y conocía su éxito por la otra orilla, creía en el triunfo y e arriesgó, no creemos que con mucha fortuna, a la p r i m e r a coproducción hispanocolombiana. Menos mal que en aquellos meses Rosa Morena empezó a grabar sus primeras canciones en España. Desde entonces hasta ahora su nombre ha ido en escalada. El maestro Millán, cuando ella actuaba en el Parque Móvil, tuvo el acierto de ponerle Rosa Morena.