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blondas presentidas y agilidad sonora para sus dedos, que empiezan a acostumbrarse al piano. Ya desde muy pequeña siente pasión por el baile. En su casa, cuando la radio emitía aquellos sones zumbones de habaneras y rumbas, la pe quena Alicia sentía la necesidad de levantarse de la mesa y ponerse a danzar. Hasta que su padre se lo prohibió. Al menos mientras estuviesen comiendo... Así empezó, con sencillez, sin sonidos más chirriantes que aquellos melosos y candongos, la carrera de esta actriz que surgió, un poco, de la música. En casa de su profesora de piano ensayaban artistas. A la pequeña la animaban. Tenia muy bonita la voz. Muy fino el ritmo. Total, que empezó cantando en una emisora de Alicante con aquellos inevitables repertorios de la Piquer, de Juanita Reina, con aquellos Francisco Alegre o A la lima y al limón Así hasta que debutó en el teatro Principal de la capital alicantina. Fue en un fin de fiesta de una compañía de revistas. El primer actor era Adrián Ortega. Licia Calderón apenas sumaba trece años. El vestido que nunca se terminó Pese a la oposición de su padre, Licia se va a Madrid con su madre. Ert preciso buscar el camino del arte. O, por lo menos, la seguridad de las tablas. Esa seguridad insegura que no se conoce a los catorce años, coando se quiere ser cantante porque sí o cuando se sueña ser actriz por las engañosas historias que presenta el celuloide. Madrid, años cincuenta. Licia Calderón- -que ya habia trocado los apellidos para no confundirse con la actriz Alicia Palacios, que aún no se habia retirado de la escena- -estudia canto con el maestro Quiroga y la viuda de Román, y baile a guitarra con la Quica. Un buen día salió un anuncio en el periódico: La Parrilla del Alcázar precisaba una cantante del más puro folklore español. Y allá se plantaron la madre y la hija, temerosas de que si a Licia no la admitían tendrían que regresar a Alicante, ya que su padre, lógicamente, se había cansado de que estuviesen en Madrid perdiendo el tiempo Pero hubo suerte. La contrataron para interpretar canción española. Y surge la anécdota: el dia de su presentación no le tenían terminado el traje largo de cola. Hubo nervios desatados, temores. Por fin te improvisan uno. Uno que lucia sus hermosas piernas al aire y que por atrás dejaba caer una incitante cabellera de volantes. Fue tal el éxito de la muchacha y de su traje que aquél que iba a sacar en su debut se quedó definitivamente en casa de la modista. A la semana siguiente de su presentación en La Parrilla del Alcázar brilló Su nombre como primera figura de cartel. D E Córdoba, sin ser cordobesa; con infancia alicantina de la que sólo guarda la esbeltez de las palmeras; madrileña, sin ser de Madrid De Córdoba tiene la serenidad desbordada. De Madrid, los ojos tunos. Una mujer que más parece danesa que mediterránea. Una rubia nórdica trasplantada, como emperatriz, a la Roma de Augusto. Con la sonrisa un poco triste y el perfil de moneda antigua. Licia Calderón, dulce el nombre, el apellido literario y sonoro, es esa mujer de triángulo infantil llevada de la Bética a Levante y de Levante a la sequedad infinita de la meseta. Esa mujer que está consiguiendo aupar el vodevil a las cimas que le corresponde, que empieza a destacarse como una prfmerísima actriz de comedia. ¿Como una primerísima actriz de comedia? Posiblemente, dentro de muy poco tiempo Licia Calderón luzca con orgullo el título de reina del vodevil español. Sólo ella lo está dignificando. Solo a ella le corresponde ese cetro. Espumas de castañuelas Pero, en tanto, cuántas ilusiones! qué de Buenos fortalecidos por una juventud briosa y dulce I, ¡qué de esperanzas! Su verdadero nombre es Alicia Palacios Calderón. Nació un 5 de noviembre bajo el signo de Escorpión y con alcendiente Sagitario. Buena mezcla. Una infancia tranquila. De Córdoba su familia, se traslada a Alicante y allí, tan cerca del mar, espumas de castañuelas para sus Con Celia Gámez y El águila de fuego Licia Calderón empieza su carrera artística con buena estrella. ¿Estrella? Estrellato difícil el de aquellos años. Licia lo consiguió. Ya era una estrella con luz propia; desconocida, sí, pero con mucha personalidad. Pero ahí estaba Celia, la única, la grande, buscando como siempre lo mejor para sus revistas, ese género qu 2 ella ha hecho no sólo apto para mujeres, sino de la más elevada categoría 42