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Homenaje cada día Se puede rendir homenaje a un poeta y se puede rendir homenaje a un río. Nuestro autor de hoy- -Manuel Pacheco- -abra el abanico de sus versos a Machado y al Guadiana, dos dimensiones poéticas de profundidad. de Manuel Pacheco PARA RECORDAR A DON ANTONIO MACHADO Castilla o Tierra- España como tu verso limpio y sin banderas. Tu patria no es un palo donde un trapo brilla el crimen de sucias bayonetas. Tu patria fue la tierra de I03 hombres que dejaron sus vidas en las dura faenas y lucharon desnudos cómo el árbol impasible en la luz de la tormenta. Tuviste íe en el hombre que naciendo desnudo dejó sobre la vida la arena de sus huellas y te dolió la patria de sudor y de hambre y tu verso fue humilde lo mismo que una piedra, Y naciste desnudo de una madre y se llenó de España tu tristeza y lejos de tu patria te murieron desnudo y desnudo te hundieron bajo tierra. Me desnudo de MI en tu escenario que decora la lumbre de las tardes, la fábula de plata de la luna y las frías pupilas de los manantiales. Me desnudo de MI y escribo sobre el aguar el mensaje de un sueño para el hombre. A GUADIANA, ESPEJO DONDE SE MIRA BADAJOZ n Y estoy libre y olvido la ciudad, tengo un poco de yerba para tender mi alma y el río solitario para flotar mi cuerpo, y después de escuchar Iá voz del agua caigo sobre la yerba y miro ál sol quemando mis pupilas con el rocío que en mis pestañas la saliva del río se ha dejado. Por eso os pido completa soledad para seguir leyendo en el río el sueño azul del agua; y lo demás lo dejáremos como un poco de humo, como un jardín gritando primaveras, como tímidas alondras o solo una mano, porque si no le dejamos un cristal nunca llegarán a comprendernos y los barcos de papel tendrán nostalgias y morirán los reyes de los niños y las cuartillas encendidas para crear mapfs de sueños pudrirán de goteras la luz del corazón. Por eso os digo que es importante cantar un rio. Y ahora vamos á pensar eñ una carta cualquiera, en una carta de agua, de arena, de escamas, en una sola y iónica carta escrita sobre un pez; y si pensamos en ella, si soñamos un poco en la corriente flotará nuestra infancia en el alba del río. Y nada más, la tarde está quemada y sostengo en mis manos Las Páginas del Agua. Manuel PACHECO Mira mis manos, conocen tu rebaño de algas espinosas y escuchan el rumor de tus nenúfares, y acarician el ala de tus grandes caderas y tienen a las cinco de la tarde una espiga de sol entre los dedos. Mira mi cuerpo, lo tengo deshojado de mentiras, sólo un calzón pequeño contra el seso para poder andar por tus orillas que no saben moral- y huelen como axilas de mujer en peligro. Mira mis ojos, los tengo descubiertos para mirar ta intacta desnudez, para cantar la nana que le crece a tus pechos morenos, para dejarlos sueltos por la yerba como corderos de aire á tu redil de hielo. Mira mi alma, eso que llaman alma y esiaua como un giouo cuando la muerte viene con su alfiler travieso; mira mi alma de cuartilla insomne para cantar los ojos del ahogado y tus sucios leopardos contra el anca del pueblo, para cantar tus muslos tan suaves y tus largos cabellos ligeros como peces.