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y poesía, cada día s voesta de Góngora nocirá sufrir volémicas, pero nó eclipses. Discutido, admirado, insultado, elogiado, por encima de vientos y mareas. Góngora vivirá siempre con la magia de su poesía, con su polifacética personalidad creadora. Homenaje a Gónáara ELOGIO DE GONGORiC Aquel que tiene de escribir la llave, con gracia y agudeza en tanto extremo, que su igual en el orbe no se sabe es don Luis de Góngora, a quien temo agraviar en mis cortas alabanzas, aunque las suba al grado más supremo... Miguel de CERVANTES GLOSA A DON LUIS ttoza la brisa rondadora el río que es grillo de cristal donde espejea el almenado San Miguel y orea, Verde chapín, el fresco soto umbría. Baja la tarde. Hay un escalofrío que atiranta la piel. Don Luis pasea pensativo. En las torres clamorea el bronce oliva del campanerio. Verano en torno. Andalucía lejana. Derrota al corazón una desgana que se hace copla, verso aljofarado, mientras el mozo Carrión, sonoro, pasa tañendo, en choperales de oro, las quejas de un barquero enamorado Juan José CUADROS corva nariz, pálida frente, boca sumida y tan aguda la mirada, hierro para la roca, agua para la ninfa enamorada, de amores resta y desamores suma, inmortal arador fue de su pena y de su verso. Llena de gracia la su pluma, en Córdoba celeste, en donde canta Guadalquivir, la buena nueva un di feliz San Rafael le anunciaría. Y el verbo se hizo carne en su garganta y habitó entre nosotros la Poesía. Carlas MURCIANO INTERPELACIÓN Y RUEGO DE SUS ARTES ¿De qué sirve, tan bello, el adjetivo, los verbos como cobras encantadas, los fulgores, el ruido de las hadas fhechisando tu celo intransitivo? ¿De qué vale pintar sin paliativo la hermosura engañosa, las celadas de diosas, dioses y héroes, las heladas facciones de un ensueño infinitivo? ¿Adonde nos arrastra esta carroza, desbocada, de tu vocabulario? ¿En dónde- -rae pregunto- -un hombre goz á de sólo el mármol? Ay, duro adversario He la mediocridad, siquiera roza a nuestro hervor tu hielo el incendiario. Gonzalo GARCIVAI r CON GÓNGORA Si hasta esta casa, don Luís, tus pasos llegan, cuando atardece, peregrinos y errante y silentes- -los caminos se alargan cuanto duran ios ocasos- si a mis umbrales vienen y en ellos, doloridos, se detienen y tú, cansado, el aldabón resuenas sonando a penas si sonando apenas, la puerta te franoueó. Y entras, casi aromando a soledades, casi llorando soledades. Y hablo: Este que veis aquí, por el venablo duro herido- -mortal- -de su deseos