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m 1 -tttr. r í- ír bíi VT 1 í Vv 0 áfri t 1 L 14 de mayo de 1962 el sol incendia, ba las calles de Atenas, mientras una multitud abigarrada- -calculada en más de medio millón de personas- -vitoreaba con entusiasmo a una bella Princesa griega de veinticuatro años que acudía a la Catedral Católica de San Dionisio Areopagita para contraer matrimonio con un joven teniente del Ejército español, heredero legítimo de los Reyes de España. Cinco cañonazos disparados desde la colina de Lycabetos saludaron el alba de aquella fecha memorable. Desde muchas horas antes las calles de la carrera por donde había de transcurrir el cortejo nupcial se hallaban abarrotadas por gentes que aguantaban a pie firme y sin desfallecimientos: aldeanas con ajadas faldas, los cabellos tersos y recogidos, que se habían echado a la espalda sus diez o veinte kilómetros por ver la boda; hombres recios y morenos, venidos de los suburbios para aclamar a su Princesa; ciudadanos con tra 10 E je dominguero; niños de las escuelas, con los delantales replanchados, ondeando al viento banderitas de España y Grecia... Más de quinientas mil personas, llegadas desde apartadas aldeas, y que por falta de alojamiento o por no perderse la oportunidad de conquistar gratis una buena esquina, durmieron aquella noche en las aceras. Todas las ventanas y balcones del recorrido se encontraban ocupadas por un público entusiasta que pagó, en algunos casos, hasta mil dracmas (alrededor de 1.900 pesetas) para disponer de un lugar cómodo desde el cual observar el desfile del cortejo. La capital de Grecia aparecía alegre y brillantemente engalanada. Todo el itinerario de la carrera estaba cuajado de banderas españolas y griegas, cruzadas y hermanadas como en símbolo de amor. En el puerto de El Pireo el aire se estremecía jubilosamente con las sirenas del Cabo San Vicente el Villa de Madrid y el Reina Federica llegados expresamente desde Es- paña con millares de compatriotas que deseaban asociarse a esta efemérides histórica de nuestra Real Familia. Los oficiales del crucero Canarias -qu ndujo a Atenas al embajador extraor iario de S. E. el Jefe del Estado español, el ministro de Marina, almirante Abárzuza- -formaban para los novios, en la puerta de la Catedral, un resplandeciente arco de espadas. Ciento veinte soldados españoles de Infantería de Marina desfilaron impecablemente por las calles de la capital, y se situaron luego a la entrada del templo como guardia de honor. Atenas, aquel día, hablaba en español... CIENTO TREINTA Y SIETE RETES Y PRINCIPES ASISTIERON A LA BODA DE DON JUAN CARLOS Y DOÑA SOFÍA El cortejo inició su marcha a las nueve y media. Precedidos por una sección mo-