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UN PATRICIO VASCONGADO RA como uno de esos roldes, pocos a, QTK se yerguen en las montañas cíe Vizcaya, su tierra natal... Don José Luis de Oriol y tinguen, que acaba de morir, es un hambre alto, enhiesto, firme, bien arraigado. con. una enorme energía espiritual alimentada por su sentido provfdencialista de la vida. Sólo confiaba, de verdad, en el Todopoderoso, y a El atribuía, siempre, los éxitos que lograba. (Y no le faltaban motivos para fiarse de la Providencia. Su padre fue detenido durante la Comunne, de París, por una patrulla que capitaneaba- -dramática coincidencia- -un español, y cuando éste se disponía a fusilarle, apareció un señor que mostrando al jefe de la tropilla un cuadzadtto verde que llevaba debajo de la corbata, consiguió liberarle en el acto. Nunca sopo quién fue su libertador. Sospechaba que iprm destacado masón. Don José Luis de Oriol y Urigüen había nacido en Bilbao, en el año de 1877, en un Hpgwr profundamente cristiano, y su Fe, firmísima, era la del carbonero, como debe ser la Fe, por muy revestida que esté de ilustración. Era hijo de un hidalgo de Flix. un ingeniero militar, don José María, que había combatido contra la revolución del 68 en Madrid y, más tarde, en las filas de Don Carlos. Fue ayudante del general Elio y, posteriormente, segundo jefe del Estado Mayor de Dozzegaray. Al terminar la guerra marchó a San Juan de Luz, y allí conoció a la que iba a ser su esposa, doña María de los Dolores tTrigüen, hija única de don Luciano de ürigüen, conspicuo liberal- -curioso contraste entre suegro y yerno- -defensor de Bilbao durante el asedio de los carlistas, en la segunda guerra civil. Su vocación era la arquitectura- -terminó sus estudios con el número uno de su promoción- pero las circunstancias le llevaron también por óteos caminos. No tenía mentalidad de rentista y estaba firmemente convencido de que Dios le había confiado el papel de administrador, en beneficio de todos, de los bienes que había puesto en sus manca Fue uno de los más pro minentes empresarios de su época y participó decisivamente en la política contrarrevolucionaria durante la República, y en la preparación y éxito del AhMtmywi en Álava. De su etapa de arquitecto, frenada por sus distintas obligaciones, entre ellas la de atender a su esposa, de salud quebradiza, quedan varios edificios notables, como él conjunto de Universidades y Hospital de Valencia, que él proyectó; el palacio de Arrunce en Neguri, su residencia de Las Arenas, San Joserem la casa de Montalbán, sede de las oficinas de su familia y un proyecto de reforma Interior de Madrid, que fue ásperamente combatido. Sus actividades empresariales están marcadas por dos hitos fiirmawu nfrai? 5 ja Hidroeléctrica Española y el Tafeo. Era hombre que unía la intuición a la iyffor H n, y cuando daba luz verde a una empresa, la impulsaba con una tenacidad consciente, increíble. Sentía profunda admiración y gran E Don José Luis lis Oriol y tlrigúen era como uño de esos robles, pocos ya que se yep guen en las montañas de Vizoaya, su tierral natal. simpatía por uno de los más ilustres y competentes ingenieros que han nacido en España, don Juan de Urrutia, y tan pronto como éste le propuso la constitución de una nueva sociedad hidroeléctrica, no vaciló, animado, además, por la colaboración que para esta empresa le ofrecía su suegro, don Lucas de Urqtnjo. Fue presidente de la Hidroeléctrica Española en dos ocasiones, y rigió también sus finales Etectra Marroquí, Electra Valenciana, Eléctrica de Cartagena y Volta, que impulsó y desarrolló con gran acierto. Y cuando don Alejandro Goicoechea se presentó en su oficina con el proyecto de construcción de un tren articulado ligero, no tardó en decidirse capitanear la empresa. Ardua empresa, porque pronto advirtió que sólo en los Estados Unidos, a pesar de estar en plena guerra, podían desarrollarse eficazmente los proyectas de Goicoechea. Y loego de vencer enormes dificultades- -no la menor, ciertamente, la de conseguir divisas- pudo contemplar cómo arrancaban de Madrid los primeros Talgos con destino a Bilbao, Irán- Barcelona, Valencia y Sevilla; y últimamente el Catalán- Talgo, de Barcelona a Ginebra, lo que significaba que el Talgo hghfa entrado en Europa. Un pintoresco episodio confirma algunos rasgos del carácter de don José Luis. El día en que el prototipo del Talgo de Goicoechea, construido como buenamente se pudo, iba a lanzarse, a toda velocidad, por las pendientes del Guadarrama, como una prueba decisiva de su viabilidad, don José Luis, que acompañado de Goicoechea y fte otros intrépidos viajeros participaba en la aventura, rezó un Padrenuestro y a continuación soltó un taco: T ahora a... y adelan- te, a toda máquina, a ver qué pasa. T no pasó nada porque los cálculos de don Alejandro eran correctos. a política no le atraía, y menos desde que, siendo diputado por Linares, en 1918- -fue a la elección presionado por sus parientes y amigos para apoyar a don Antonio Maura, en circunstancias d r a m á t i cas- pudo ver de cerca cómo se barrenaba y esterilizaba la política de concentración nacional emprendida por don Antonio, a instancias del Bey. Pero cuando se implantó la República no vaciló en unirse a las fuerzas contrarrevolucionarias, ya que estaban en juego la defensa de la Fe tradicional y la Unidad de España. Tuvo dos destacadas intervenciones. Una para deshacer los equívocos que, al cabo de algún tiempo, envenenaban el ambiente en el País Vasco, con el pretexto de la defensa del Estatuto, poniéndose al lado de los fueristas frente a los separatistas que cautamente hpb F querido aprovecharse de la confusión para llevar agua a su molino. Y más tarde, de acuerdo con Alonso Vega, movilizó a las fuerzas tradicionalistas y derechistas de Álava, logrando que, el 18 de julio, el Ejército no quedara desamparado y se viese fervorosamente asistido por la población civil. Colaboró también en otras muchas empresas de rango económico y social, y deja varias benéficas fundaciones. Fue, en resumen, un patricio vascongado que nunca consideró incompatibles el amor a su tierra natal y la caliente devoción a España. Como todos los grandes hombres que ha dado Vizcaya. Ramón