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quiero saber más y le pregunto que si nunca le ha tentado el teatro en calidad de autor. -Siempre me interesó el teatro como espectador y estudioso, pero nunca tuve vocación de hombre de escenario en cualquiera de sus cometidos. De todas formas, de jovencillo hice la adaptación dramática de un cuento popular manchego y ahora es posible que, con miras a una mayor difusión de mi personaje Plinto, adapte o ayude a adaptar una de mis novelas policíacas... Pero siempre me sentí y me siento narrador y profesor de Literatura dramática. Volvemos al tema de la narración y. concretamente, al de las narraciones cortas, que tanto ha cultivado, y con tanta o mayor personalidad que las novelas de Plinto, este Paco García Pavón del diario café en el Gijón, -tertulia de los poetas y a cuyo piso de Augusto Figueroa, casi esquina a Barquillo, he ido a verle una mañana- ¿Crees a los escritores españoles vocacionalmente dotados para la narración breve? -Claro que sí, y mucho. Creo que desde 1939, no obstante tantas dificultades de todo orden, autores de todos conocidos han hecho en España cuentos que marcarán una época sin precedentes desde finales del XIX... Quienes no están vocados para el cuento, según parece, son los lectores españoles. Es una cosa rarísima. Cuando fui editor creé una colección de narraciones, dirigida por Ignacio Aldecoa, un maestro del cuento español de todos los tiempos, creyendo que la culpa de que no se leyesen cuentos la tenían los editores españoles. Los resultadas fueron muy decepcionantes. Creo que la causa de que en España no se lean cuentos es mucho más compleja de lo que suele decirse. Lo cierto es que hasta que un autor no es conocido por otros géneros, no consigue editar y vender sus cuentos... Yo he hecho todo lo que he podido por este género estupendo y de tan brillante tradición española. Mi Antología de cuentistas españoles contemporáneos varias veces reeditada, está de texto en muchas universidades extranjeras. Y próximamente Blanco y Negro que tanta atención prestó al relato breve desde su fundación, iniciará una antología de cuentistas españoles dirigida por mí. -Dime, Paco. ¿Qué pretendiste como escritor con aquel tipo de cuentos incluidos en La guerra, de los dos mil años La guerra de los dos mil años es el libro en el que más ilusión puse en mi vida de escritor... y se ha vendido muy poco. Ahora ha salido la segunda edición Ul cabo de cuatro años. Intenté en él hacer cuentos de ciencia ficción, pero referidos a problemas o vivencias españolas. Por ejemplo, el ¡titulado Palabras prohibidas se refiere a la oposición a la lengua catalana que cundió después de la guerra. La fiesta nacional a los toros. Los judíos a la persecución de éstos por los Beyes Católicos. Otro se titula El tablado flamenco -Dime, por último. ¿Consideras que la novela de tipo más o menos tradicional seguirá más o menos vigente muchos años todavía? -Las fiamas literarias, como las de todo lo humano, cambian muy lentamente, pero siempre están en evolución. La novela de tipo tradicional de un buen autor actual dista enormemente de una novela de tipo tradicional de un escritor del XTX. La retórica, por muy tradicional que sea; los tipos, escenarios, costumbres y conflictos varían. Lo único que en todo caso permanece y permanecerá es el orden más o menos lineal de la narración, y el diálogo directo. El escritor que se quiera comunicar con las grandes masas (y eso, ¡ojo! lo queremos todos) tendrá más éxito si en vez de macerar la mente del lector le facilita la entrada a su mundo... Que en definitiva la verdadera originalidad está en el cosmos particular que el autor recrea; en el ángel, duende o diferencia de cada autor y no en las fórmulas narrativas. Cada escritor auténtico tiene la suya... y ésta muy bien puede estar dentro del Up tradicional Salvo especiaJísimas excepcio de originalidad formal, el escritor capaz de dar una versión suyísima de la vida, diferente, no tiene por qué hacer mecanos gramaticales y rompecabezas con los fragmentos de su relato. Estos ensayos, en general, quedan para los snob o impotentes. Siempre fue así. Lo Importante, y es lo difícil, no es hacer a la manera de sino a la manera... propia. El señor Joyce, el señor Proust o el señor Kafka, ahí están, a lo raro, porque esa era su manera. Rara, pero suya. Y por lo mismo, el señor Dostoievsky, Cervantes, Baroja, ahí están, a lo (tradicional, porque esa era su manera de contar. J. L. G. HI W ¿4 444 éJMlM