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...y poesía, cada día Goya nos llega hoy de la mano de Manuel Ma chado, que nos ofrece una versión muy pulida muy retocada del mundo goyesco En contraste el tono expresionista del dramático apunte de Juap José Cuadros. LA REINA MARÍA LUISA A contemplar la juventud forzada de este cuerpo flexible v aún lisero, la inclinación garbosa del sombrero y el fuego inoxtinenido en la mirada... Aun es gallarda la apostura, aun tiene gentil empaque la real persona de esta arrogante vieja, esta amazona mejor montada de lo que conviene. Y en vano esta cabeza un poco loca pierde el cabello, y súmese esta boca, y de estos ojos el mirar se empaña... Con su uniforme- -rojo y negro- ella siempre será la suspirada y bella María Luisa de Borbón, de Espaúa CARLOS IV Bartolomé Zenarro, arcabucero del rey, esta magnífica escopeta fabricó; y es tan jiña y tan coqueta como listo este perro perdiguero. Riofrío, La Granja, El Pardo, los ardores cinegéticos vieron y amorosos con que pasaron por aquí dichosos los currutacos v las mirliflores. Los ciervos y conejos cortesanos, siempre al alcance de las reales mano acuden a batidas y encerronas. Don Carlos Cuarto los persigue y mata, bonachón y feliz, cual lo retrata el oro viejo de las neluconas, LOS FUSILAMIENTOS DE LA MONCLOA Siempre es de noche, apenas mattrtígaaa. la luz severa de un farol y el suelo tinto de negra, coagulada sangre; la sombra ocupa el resto. Adivinados edificios, peñas espantadas; la luz, de amarillento diente, ilumina, apenas, el anillo donde el horror se erige en violento señorío. Y el hombre, una camisa sucia de tierra, abierto de voz y corazón y de ojos grande para el mejor acierto del vendaval impune y desatado del fuego, gritando libertad a toda costa, apretando los puños y cayendo en hacinada sombra, en honda sombra. en apagada sombra. Cruje el huesa ante el oscuro aldabonazo. crujen los tendones, empalidece el tuétano ante el plomizo trueno. Está cayendo todo el honor, toda la honra, todo el pueble como una torre machacada, como un encinar tumbado por el cierzo. En descampado y noche los matmon como se mata a un perro. Alguien lo vio y lo cuenta mmargo, hasta quedarse sin aliento. Juan José CUADROS LOS FUSILAMIENTOS DE LA MONCT. OA El lo vio... Noche negra, luz de infierno. Hedor de sangre y pólvora, gemidos... Unos brazos abiertos, extendidos en ese gesto de dolor eterno. Una farola en tierra casi alumbra, con un halo amarillo que horripila, de los fusiles la uniforme fila monótona y brutal en la penumbra. Maldiciones, quejidos... Un instante, primero que la voz de mando suene, un fraile muestra el implacable cielo Y en convulso montón agonizante, a medio rematar, por tandas viene la eterna carne de cañón al suelo. Manuel MACHADO